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| 5/3/1993 12:00:00 AM

Adieu, Socialismo

Con el nombramiento del conservador Edouard Balladur como primer ministro se inicia una dificil "cohabitación" en Francia

EL DOMlNGO 28 DE MARZO EL SOCIALISMO francés vivió su peor pesadilla. La segunda vuelta de las elecciones parlamentarias confirmó la derrota más aplastante de su historia, la misma que permitirá a los conservadores disfrutar de la mayoría más grande que se ha visto en el Parlamento francés desde 1815. Con el 84.4 por ciento de los asientos de la Asamblea Nacional, la oposición obtuvo el derecho a que el presidente socialista François Mitterrand escogiera al primer ministro entre sus filas, lo cual planteó una nueva "cohabitación", es decir, la presencia en el gobierno de las dos grandes tendencias antagónicas de la política francesa.
Lo que sorprendió en el nombramiento de Edouard Balladur como primer ministro no fué el nombre del escogido, sino la rapidez con que se le designó. A diferencia de la anterior "cohabitación" en 1986, cuando Mitterrand -en su primer período- duró varias semanas antes de nombrar a su archirrival Jacques Chirac, esta vez el presidente salió en televisión al día siguiente de las elecciones para anunciar su escogencia. En un breve discurso, Mitterrand le solicitó a Balladur formar el nuevo gabinete "tan pronto como sea posible" mientras dijo que la política exterior (incluso lo referente a la Comunidad Europea) se debería mantener en el curso actual.
La razón no solamente era evitar que la demora produjera una ola especulativa contra el franco. Esta vez Mitterrand no tenía dudas ya que Chirac, líder de la "Reunión por la República", sugirió el nombre de Balladur pues no está interesado en el puesto: su mira está centrada en las elecciones presidenciales de 1995. Chirac deberá enfrentarse entonces con su actual aliado el ex presidente Valery Giscard D'Estaing, quien con su "Unión por la Democracia Francesa" ocupa el segundo lugar en la coalición triunfadora. Con esas perspectivas Chirac no quiere desgastarse otra vez en el manejo cotidiano del gobierno, sobre todo en épocas de vacas flacas. Y además debe tener muy presente el desastre que significó para él la cohabitación, porque Mitterrand, el maestro de la política, usó sus poderes de forma tal que en las elecciones presidenciales de 1988 le derrotó sin contemplaciones.
En cambio Balladur parece ideal.
Nacido en 1929 en Turquía y nacionalizado francés, el nuevo primer ministro no sólo es el político con mayor aceptación popular para el puesto según las encuestas. Considerado uno de los principales ideólogos de derecha, Balladur fue uno de los inventores del concepto mismo de cohabitación, mediante un controvertido artículo que publicó en 1984, cuando aún resultaba descabellado un tipo de gobierno de esa naturaleza. Como ministro de finanzas del período 1986-1988, Balladur no sólo no frenó la política monetarista que los socialistas habían iniciado en 1985, sino que se convirtió en uno de los cerebros de su agudización. Dentro de la misma línea, el ministro puso en práctica una polémica disminución de impuestos que en últimas consiguió disminuir el déficit público en ocho mil millones de dólares.
Ese perfíl parece suavizar el camino que le queda a Mitterrand hasta la finalización de su período en 1995, pues si la anterior cohabitación sirve de precedente, Balladur no antagonizaría demasido con las políticas sociales aplicadas por el presidente cuando era el dueño total del gobierno.
Pero al mismo tiempo, su presencia plantea la extraña paradoja propia de la cohabitación. Mitterrand sabe que el voto contra los socialistas no fue para abrazar a los conservadores sino en contra del establecimiento político en general. De ahí que si un gobierno compuesto por un gabinete conservador no logra mejorar la economía antes de 1995, el beneficiario sería el casi seguro candidato socialista Michel Rocard.
Mitterrand se niega a convertirse en un presidente meramente protocolario y eso no solo implica que trate de utilizar al máximo los limitados poderes que le quedan en las circunstancias sino que intente explotar las discrepancias que existen entre los grupos conservadores.
Para complicarles las cosas, esas discrepancias se presentan en los temas que la Constitución encomienda al presidente, que se refieren al manejo de la defensa y las relaciones exteriores. El área de mayor conflicto podría presentarse en el campo de las relaciones comerciales con Estados Unidos y la Comunidad Europea, un tema delicado desde el punto de vista de los pescadores y los agricultores, que protestan en París por la baja del precio de sus productos.
En esas condiciones, aún con la atitud conciliatoria de Balladur, los líderes conservadores podían tratar de explotar las ambiguedades de la Constitución para relevar a Mitterrand de todos sus poderes. En la "cohabitación" anterior Chirac solía insistir en estar presente en todas las ocasiones internacionales y ahora ha dicho que un presidente con tan poco respaldo popular no tiene derecho a representar a Francia. Todo ello hace que a pesar de la presencia del ecuánime Balladur, esta cohabitación puede resultar mucho más dura que la anterior.
Con el agravante de que la oposición, ahora en el gobierno, no tiene uno sino varios líderes. Balladur podría tener más dolores de cabeza con sus compañeros de coalición que con el propio presidente Mitterrand.
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