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| 12/11/2010 12:00:00 AM

Adiós al circo

Los días del caricaturesco Silvio Berlusconi como primer ministro podrían estar contados.

Durante años, Silvio Berlusconi ha sido, de lejos, el gobernante más pintoresco en las cumbres del G8, que reúne a los países más industrializados del planeta. Pero gracias a las turbulencias de la política italiana, los líderes del primer mundo podrían salvarse de los chistes de ese incómodo invitado, en sus futuras citas. Il Cavaliere, de 74 años, afrontará el 14 de diciembre una moción de censura en el Parlamento, que lo podría jubilar de una vez por todas.

El encargado de asestarle el golpe de gracia a Berlusconi es su ex aliado Gianfranco Fini. La coalición oficialista se escindió en julio, cuando Berlusconi, aparentemente cansado de las críticas permanentes de Fini por su comportamiento, lo expulsó. El líder se fue del gobierno con sus diputados fieles y acabó así con las mayorías del gobierno, que por lo tanto cojea desde entonces. Futuro y Libertad, el flamante partido de Fini, promete convertirse en la nueva derecha italiana y será determinante el martes, cuando Berlusconi enfrente el voto de confianza que puede acabar con su tercer gobierno.

De ese modo, se acerca el final del magnate mediático que se las arregló para dominar la política italiana mientras se autoproclamaba el mejor primer ministro de la historia. En realidad, su mala hora se arrastra desde hace algún tiempo. El año pasado se destaparon sus bacanales con prostitutas y cocaína, su esposa demandó un millonario divorcio, lo acusaron de tener vínculos con la mafia y, para rematar, cuando se acercaban las navidades, un loco le rompió la boca con una réplica de la catedral de Milán.

En 2010 no le ha ido mucho mejor. Su otrora indiscutible popularidad ya es inferior al 40 por ciento, mientras una atmósfera de decadencia se apodera del país. Hace unas semanas se derrumbó la histórica Casa de los Gladiadores en Pompeya, toda una vergüenza en un país repleto de tesoros históricos que debe mantener. La recurrente crisis de las basuras en Nápoles es impresentable en un país desarrollado, mientras no avanzan los trabajos para reconstruir la región de L'Aquila, devastada por un terremoto. Las protestas se han multiplicado.

A esos episodios se sumó el más reciente de los escándalos de Berlusconi, cuando presionó a la Policía para liberar a una joven marroquí apodada 'Ruby Robacorazones', quien asistió a las fiestas del Primer Ministro siendo todavía menor de edad y de las que contó que se practicaba un rito sexual denominado 'bunga-bunga'. El padre de la joven, acosado por la prensa, soltó una frase que muchos recogieron como si fuera un diagnóstico general de la Italia berlusconiana: "Está enferma de televisión". La respuesta del Primer Ministro al escándalo, por su parte, fue otra de sus perlas de incorrección política: "Es mejor que me gusten las chicas bellas que ser gay", en referencia a Nichi Vendola, el gobernador de la región de Apulia, una figura política ascendente y homosexual declarado, que se perfila como una opción de poder impensable hasta hace poco.

"Una parte de Italia se avergüenza de él y otra parte todavía lo ama. Es difícil ser indiferente a Berlusconi", dijo a SEMANA Alessandro Aresu, cofundador del blog político Lo Spazio della Politica. "Tendemos a gastar demasiado tiempo hablando sobre los escándalos sexuales y el extraño comportamiento de Berlusconi y nos olvidamos de hablar de otras cosas, como el costo de la corrupción y la década perdida de la economía italiana".

Por si hiciera falta, las filtraciones de WikiLeaks sobre la diplomacia estadounidense aseguran que las fiestas salvajes han minado su salud y lo retratan como un líder física y políticamente débil. A Washington le preocupan sus negocios con la Rusia de Vladimir Putin. Para defenderse, Berlusconi usó su habitual fórmula de jurar por sus hijos (y esta vez también por sus nietos) que "nunca he ganado un dólar y siempre he trabajado por los intereses de mi país". De paso, se definió como una estrella de la política internacional y aseguró que todos los líderes quieren tomarse una foto con él porque lo valoran como un magnate y no solo como un político. Pero también abrió por primera vez la puerta a su retirada.

En ese ambiente de crisis, sus días al frente de Italia parecen contados. Como afirma Aresu, "hay una Italia después de Berlusconi, y ya está aquí, pero desafortunadamente Berlusconi está ocupando todo el escenario y no podemos ver nada más".
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