Miércoles, 22 de febrero de 2017

| 1987/05/18 00:00

¿ADIOS A LAS ARMAS?

Visita del secretario de Estado George Shultz a Moscú abre posibilidad de negociaciones sobre desarme

¿ADIOS A LAS ARMAS?

Cuando de diplomacia se trata todo es posible. Y más si los protagonistas son precisamentelos líderes de las dos grandes potencias mundiales tratando cada uno de pasar a la posteridad como el artífice de lo que para muchos hasta hace poco constituía prácticamente un imposible: un acuerdo sobre desarme, tantas veces propuesto, tantas veces negociado, pero siempre frustrado.
Es por ello que el "esto no puede ser solo un paseo" que obtuvo el presidente Ronald Reagan de boca del líder soviético Mijail Gorbachev como respuesta a su invitación a Washington a hablar sobre desarme no resulta sorprendente y sí quizás la frase más reveladora del resultado de los tres días de visita del Secretario de Estado George Shultz a Moscú.
En el lenguaje de la diplomacia que se acostumbra entre las dos potencias, la respuesta de Gorbachev en el fondo constituyó una forma estratégica de decir "no", queriendo decir "sí". En otras palabras, fue una forma de poner una especie de ultimátum a una propuesta que, después de dos reuniones cumbres en Ginebra y Reikjavik y de años enteros de conversaciones al más alto nivel, ha llegado a un punto de no retorno: o se llega finalmente a algo, o se abandona, sin posibilidades de reanudación en un futuro inmediato. Riesgo que, despues de las concesiones mutuas entre Estados Unidos y la Unión Soviética sobre la materia y de los numerosos intentos de los países europeos de llegar entre ellos mismos a un acuerdo, ninguno parece dispuesto a correr.
Aunque al cierre de esta edición no se conocían aún los resultados concretos de la visita del Secretario de Estado norteamericano a la Unión Soviética, los hechos que la precedieron permitían entrever que, a pesar del ambiente de recriminaciones mutuas por espionaje que antecedieron la visita de Shultz, y del tono frío de la respuesta de Gorbachev a la invitación de Reagan, nunca antes el clima para las conversaciones sobre desarme había sido tan cálido.
Después del reconocido fracaso de la cumbre de Reikjavik, tanto Estados Unidos como la Unión Soviética hicieron importantes modificaciones en sus propuestas y ante todo en su actitud, que por primera vez han llevado a pensar que antes de finalizar esta década es posible que las dos potencias hayan reducido considerablemente su armamento, particularmente los misiles de alcance medio en Europa. El paso inicial lo dio el propio Gorbachev cuando en febrero pasado afirmó que estaba dispuesto a negociar separadamente la eliminación de estos misiles que tienen entre mil y 5 mil kilómetros de alcance.
Uno de los grandes escollos de Reikjavik había sido precisamente la insistencia de los soviéticos en no considerar ningún tipo de negociación que no estuviera ligada directamente al compromiso de los norteamericanos de detener el desarrollo de su Iniciativa de Defensa Estratégica (IDE), más conocida como "Guerra de las estrellas", a la cual Reagan se había negado reiteradamente a renunciar.
LA OPCION CERO
La iniciativa soviética tomó por sorpresa a Washington a pesar de que la propuesta de eliminar los misiles de alcance medio de territorio europeo no es nueva. Desde 1981, los países miembros de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) habían planteado, por iniciativa de Alemania, la "Opción Cero": Que la Unión Soviética retirara sus 270 misiles SS-20 emplazados en el Viejo Continente, a cambio del retiro de los 108 Pershing II y 464 Crucero de la OTAN en la misma área.
Pero entonces, la eventualidad de que la URSS aceptara era considerada como muy remota. Sinembargo, la llegada de Gorbachev al poder, cambió la perspectiva. Empeñado en grandes reformas económicas y sociales y ante todo en cultivar su imagen política a nivel internacional, el líder soviético decidió acceder a la propuesta de la OTAN y con ello, prácticamente la colocó contra la pared.
Si bien al presidente Reagan la propuesta le vino como anillo al dedo, para poder desviar la atención de la opinión pública del Irangate al tema del desarme, no sucedió lo mismo con los países europeos que se sienten amenazados por la superioridad numérica de los soviéticos en armamento convencional y temen que, retirados los misiles de alcance medio, Europa quede prácticamente a merced de la URSS y sus misiles de corto alcance, dotados de una gran precisión y capacidad destructiva.
Después de una intensa ronda de conversaciones en que Margaret Thatcher se tomó la vocería y visitó Moscú después de haber sostenido encuentros con el presidente francés Francois Miterrand y el canciller alemán Helmut Kohl, los europeos finalmente decidieron dar su visto bueno a la iniciativa de Gorbachev. No obstante, alrededor de las negociaciones existen dos tendencias claras. La primera, encarnada por el presidente Mitterrand y el ministro de Relaciones Exteriores alemán Hans-Dietrich Genscher, que acepta de buena gana la propuesta soviética de deslindar la "Opción Cero" de las demás negociaciones; y la segunda, encabezada por la Thatcher y el primer ministro francés Jacques Chirac, que considera que cualquier acuerdo al que se llegue debe ser de tipo global y procurar un equilibrio bélico que contemple todo tipo de armamento.
A pesar de que la resistencia europea al acuerdo es considerable, las declaraciones de Gorbachev en Praga, poco antes de la llegada de Shultz a Moscú, dejaron prácticamente sin piso a los opositores de las negociaciones. Gorbachev manifestó estar dispuesto incluso a dialogar sobre el desmonte de los misiles de alcance corto que tanto preocupan a los europeos; posición que le reiteró al Secretario de Estado personalmente.
Ante la actitud de la Unión Soviética es claro que son pocos los peros que aún le podrán poner europeos y norteamericanos a la consecución de un acuerdo. No obstante, seguramente los negociadores de uno y otro lado tendrán aún que hacer esfuerzos importantes no sólo para eliminar las diferencias, sino ante todo para vencer la desconfianza mutua que reina en las negociaciones, agravada por las recientes acusaciones de espionaje en las respectivas embajadas.
Otros puntos importantes de usual divergencia entre las potencias como la efectividad de una verificación sobre el cumplimiento de los acuerdos, la restricción de pruebas nucleares, los misiles intercontinentales, los problemas regionales y los derechos humanos se incluyeron también en la agenda. Sinembargo, el eje total de las conversaciones giró alrededor del desmantelamiento de los misiles, cuya silueta hoy más que nunca parece factible hacer desaparecer de Europa. Todo depende en últimas del resultado de la cumbre a que Reagan invitó a Gorbachev en Washington que ciertamente, de realizarse, tiene que llegar a ser mucho más que "un paseo". La supervivencia política de un Gorbachev que ha prometido cambios drásticos en medio de una atmósfera de escepticismo generalizado, y la de un Reagan al que no son muchas las oportunidades que le quedan para hacer historia antes de que se termine su período en 1988, así lo exige y en cierto modo logra generalizarla.

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