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| 7/24/1989 12:00:00 AM

ADIOS, VARGAS LLOSA

La renuncia del escritor a la candidatura podría marcar el fin de su carrera política.

Cuando el escritor peruano Mario Vargas Llosa irrumpió con bombo y platillos en la escena política peruana, muchos vieron en su figura elegante y carismática el mesías que la derecha había esperado durante tanto tiempo. Hoy, luego de haber renunciado a la candidatura presidencial del bloque de esa tendencia, ha afirmado que entró a ese campo "sucio" debido a un imperioso gesto cívico ante la situación peruana y a una obligación moral. Pero para muchos
la verdad es que Vargas Llosa abandonó sus devaneos políticos porque en ese campo, como en ningún otro, la experiencia no se improvisa.

El panorama que recibió a Vargas Llosa no podía ser más favorable. El desarticulado bloque derechista tenía como principal expresión al partido Acción Popular, que aunque habia llevado dos veces a la presidencia a su líder Fernando Belaúnde Terry, en las elecciones anteriores sólo había conseguido un magro 6% de la votación.
Por eso, la llegada de Vargas Llosa renovó las esperanzas de ese sector de recuperar el poder para el quinquenio 1990-95. El Movimiento Libertad, del escritor, fue recibiendo paulatinamente la adhesión de conservadores independientes, centristas, empresarios, industriales y banqueros y en general el respaldo de unas clases que, como la media y la alta, buscaban desesperadamente un adalid que defendiera sus intereses. Cuando llegó el apoyo de Belaúnde Terry y del fundador del otro partido derechista peruano, Luis Bedoya Reyes, el fenómeno político de Vargas Llosa tuvo completa su plataforma de lanzamiento .

Sin embargo, los avatares políticos de esos dos viejos zorros terminaron siendo el germen de la destrucción de la candidatura Vargas Llosa. El Frente Democrático (Fredemo), que se constituyó con el Movimiento Libertad, Acción Popular y otros sectores, no sobrevivió los desacuerdos sobre las candidaturas para las elecciones municipales de noviembre próximo.

Los desacuerdos entre los viejos zorros políticos que le rodeaban, terminaron por convencer a Vargas Llosa de que su poder real dentro de su organización política era poco menos que inexistente. Vargas Llosa intentó, en una rueda de prensa, zanjar salomónicamente una disputa electoral en el seno de su coalición, con la fórmula de que el candidato a la alcaldia de Lima sería de AP y el del Callao de PPC (el partido de Bedoya). Pero cuando este lo desmintió, el escritor pareció recibir el golpe de gracia que lo llevó a renunciar.

Sin embargo, detrás de bambalinas se señala a un personaje clave en la discordia. Se trata de un arquitecto metido en política con un discurso populista que lo llevó a ser alcalde de Lima en una ocasión. Eduardo Orrego Villacorta era la ficha fija de AP para el sillón municipal limeño y la cuota de poder de su partido en la fórmula presidencial como candidato a la primera vicepresidencia. La presencia de Orrego Villacorta en esas posiciones claves fue determinante para que en los demás sectores de la coalición se levantaran ampollas muy dificiles de curar, y cuyo manejo requería, como es lógico, gran maestría en el tejemaneje político.

Escasos 18 años de vida oficial alcanzó a tener el Fredemo. La semana pasada el matutino centro izquierdista La República afirmó que muchos observadores consideraban que la posición de Vargas Llosa en ese frente era la de "un rey sin corona", por el poco poder que tenía en sus decisiones.
Ese análisis fue confirmado por voceros del PPC, con el comentario de que Vargas Llosa, "si bien es el hilo que une las telas", no por esto "puede ordenarlas, tiene que consultar con estas y no decidir por su lado". Otros, aún más gráficos, dijeron que Vargas Llosa no puso el término "irrevocable" en su carta de renuncia, "porque quiere regresar al aeropuerto en olor a multitud".

La impresión de que Vargas Llosa pereció en el foso de los leones de la política, se refuerza por la tesis--que hace carrera en Lima-de que Belaúnde Terry, dos veces presidente en condiciones calificadas de "desastrosas", hizo su pomposa declinación en favor del escritor en la asamblea de su partido, contando con el desenlace de la semana pasada. Según parece, para el viejo ex presidente era claro que el "fenómeno" Vargas Llosa era flor de un día y que en medio de la discusión su nombre podría volver a barajarse.

En este panorama, el futuro del escritor es una incógnita. En abril pasado decia a una periodista francesa que estaba almacenando y viviendo material para una próxima novela.
"Me dedico a la política como a un servicio nacional transitorio. Después volveré a la literatura. La politica es una zambullida en el vértigo". Un vértigo que evidentemente le causó fuertes resbalones en su ahora efímera vida politica, como aquel en que incurrió cuando afirmó: "Reivindico con orgullo la parte europea que hay en mi. Quiero que Perú sea un país europeo...". Sólo comparable al desliz de pedir que las elecciones tuvieran vigilancia extranjera, el comentario europeizante desató los más agrios comentarios, como el del diario La República, cuando escribió en un editorial: "Y ¿qué haremos con los 3.393.000 peruanos que habitan la sierra, no sólo en condiciones de extrema pobreza, sino de extrema identidad andina? ".-
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