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| 4/20/2014 12:00:00 AM

La escala obligatoria de los ricos y famosos que viajaban a Europa

El aeropuerto de Shannon, en Irlanda, fue durante años el anfitrión de personajes como Kennedy, Castro o Monroe.

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BBC
En la escarpada costa oeste de Irlanda, las paredes del Aeropuerto de Shannon cuentan la historia de la aviación transatlántica. Pero no con aburridores detalles sino con imágenes: sus muros ostentan fotografías de los personajes famosos que pasaron por allí.

El aeropuerto de Shannon no era sólo la entrada a Irlanda sino también un punto de abastecimiento de combustible y una puerta a Europa.

Presidentes estadounidenses, estrellas de cine, escritores y políticos pasaron por allí, cenaron en el distinguido restaurante Linderbergh y compartieron sus historias de viaje bajo las coloridas luces de su jardín.

Era una época en que la gente se vestía de forma elegante para volar. Y no sólo para volar. Muchos venían de lejos simplemente para formar parte de este grupo glamoroso.

Hoy, las instalaciones de este aeropuerto ya no se ven como antaño y los vuelos transatlánticos han dejado de ser una novedad o una actividad exclusiva de ricos y famosos.
Pero el recuerdo de esta época de esplendor está presente y las historias reviven a cada rato.

Irlanda, no Inglaterra

Todo comenzó en junio de 1919. John Alcock y Arthur Whitten partieron en un bombardero británico (Vickers Vimy) de la I Guerra Mundial desde Gander, una localidad en Newfoundland, Canadá, para aterrizar a los tumbos en un gran campo verde, más precisamente, un lodazal.
Azorados residentes locales, entre los que se encontraba Patrick Boulton, de paseo con su perro, le dieron la bienvenida a estos pioneros de la aviación: "Bienvenidos. ¿De dónde vienen y a dónde van?". Luego se dieron la mano y los felicitaron, mientras los pilotos iban cayendo en la cuenta de que el lugar al que habían llegado no era Inglaterra sino Irlanda.

El apretón de manos contribuyó a forjar una relación de casi un siglo entre Shannon y América del Norte. Con el inicio de los vuelos comerciales en 1937 con el Servicio de Vuelo Transatlántico, los hidroaviones comenzaron a hacer el cruce pero sin aterrizar Shannon, sino en el estuario de Foynes, en el condado de Limerick.

Y allí también se hizo historia, con la invención del café irlandés. Es un relato colorido que les encanta contar.

Cuando un empresario local llamado Joe Sheridan vio que los pasajeros que venían del otro lado del océano llegaban con frío, les ofrecía café, y para levantarles un poco el espíritu, al café le añadía whisky irlandés y una espesa capa de crema.
La bebida fue un éxito inmediato.

Kennedy, Castro y James Bond

Cuando se construyó el aeropuerto de Shannon, las tiendas libres de impuestos originarias de allí -otra invención notable- fueron un éxito gracias, en parte, a los pasajeros que regresaban al otro lado del Atlántico cargados con botellas de whisky irlandés para preparar su propio café irlandés en su país de origen.

La II Guerra Mundial trajo consigo una nueva clase de pasajeros. Entre los más distinguidos personajes que degustaron el café irlandés en el bar Sheridan del nuevo Aeropuerto de Shannon se incluyen cada uno de los presidentes estadounidenses desde John F Kennedy y el líder cubano Fidel Castro.

Michael Fitzgerald, quien fue barman en el Sheridan por 35 años recuerda haber atendido a Fidel. "Un día lo dejamos pasar detrás de la barra y prepararse su propio café irlandés", dice.
Incluso en la ficción James Bond -que debe esperar allí un vuelo a Nueva York- cree que el aeropuerto es lujoso. Hoy día, él podría estar en Estados Unidos sin abandonar el aeropuerto, pasando por la aduana estadounidense en Shannon.

Cerca de allí, en Ballygirreen, se encuentra el Centro de Comunicaciones del Atlántico Norte, de donde se manejan las comunicaciones. Es un lugar muy activo, donde las tareas se llevan a cabo con calma y eficiencia. El centro controla las comunicaciones de unos 400.000 vuelos en el espacio aéreo de Shannon y Prestwick, que se extiende hasta el medio del Atlántico, cubriendo una superficie de tres millones de kilómetros cuadrados.

Cientos de historias

El centro alberga cientos de historias, desde los dramáticos eventos del 11 de septiembre de 2001, hasta pasajeros revoltosos que quieren desviar el vuelo y romances entre mujeres locales y hombres que vinieron a construir la historia de la aviación en Irlanda y terminaron quedándose.

El aeropuerto de Shannon es un archivo histórico de una época dorada de la aviación.

Entre los locales que hoy día trabajan en el aeropuerto hay quienes fueron testigo de la llegada de los aviones cuando niños. Liz Mangan se emocionaba al ver a las azafatas elegantes y un día se convirtió en una de ellas. A lo largo de su carrera con Aer Lingus cruzó el Atlántico en incontables ocasiones, pero todavía se estremece cuando viste el uniforme.
"Hay algo muy especial en viajar por la noche", dice. "Y estás tan arriba, cerca de las estrellas. Es increíble, son las cuatro de la mañana y todo está en silencio. Les preparas una taza de té y se abren y te empiezan a contar algunas historias muy interesantes sobre ellos mismos. Es fascinante".

En Ballygreen, los turnos cambian con el flujo de vuelos. Hay una familiaridad reconfortante. Con el paso del tiempo, los controladores aéreos desarrollan una relación especial con los pilotos a través de los códigos que rastrean en las pantallas. Envían a los pilotos al otro lado del Atlántico, o los guían de regreso. Y más allá de Irlanda, hay un grupo de aficionados que se sintoniza a ellos a través de sus computadoras. Pero la tecnología también está cambiando, con las comunicaciones aéreas haciendo la transición a Datalink, una forma de mensajería de texto.

Ian MacGregor, un piloto de British Airways, cuyo padre voló los hidroaviones sobre el Atlántico, recuerda que este último navegaba los cielos con un sextante. “Mi padre estaba sentado en un avión avistando las estrellas por las cuales encontrar el rumbo”, dice MacGregor. “Ahora tenemos tres sistemas de posicionamiento global que detectan y determinan nuestra posición con dos metros de exactitud”.

Pero aquel cruce bajo las estrellas continúa igual, así como las estrellas continúa igual, así como los confiables guías en Ballygreen, cuyas voces suenan en la oscuridad.
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