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| 7/7/2012 12:00:00 AM

África ruge con su crecimiento económico

África ya no son solo hambrunas, guerras civiles y corrupción. El continente está creciendo como nunca antes y tiene una oportunidad única para sacar a millones de la pobreza endémica.

La ciudad más cara del mundo para extranjeros no es Tokio, ni Nueva York, ni Moscú, ni Zúrich, ni Singapur, ni Dubái. Por increíble que parezca, según la consultora Mercer, es Luanda, la capital de Angola, un país de África occidental desgarrado por una larga guerra civil entre 1975 y 2002. Desde entonces, el crecimiento económico ha sido brutal. Entre 2004 y 2008, el PIB aumentó 17 por ciento por año, alimentado por infinitas reservas de petróleo. El dinero corre a raudales. Crecen hoteles de lujo, se construyen autopistas de seis carriles, estadios ultramodernos, se venden autos Porsche y yates Ferretti de 5 millones de dólares. Pero en el país el hambre abunda, la mortalidad infantil está entre las más altas y la corrupción es generalizada.

La paradoja de Luanda es la imagen de la nueva África. Un continente que ya no solo es el de los niños muriéndose de hambre, de los dictadorzuelos corruptos y de las interminables guerras étnicas, sino también un espacio de prosperidad que está creciendo como nunca antes. El desafío es enorme: sacar a cientos de millones de la pobreza. Hay con qué. Falta ver si lo logran. Pero desde hacía décadas no se respiraba tanto optimismo.

Las cifras son impresionantes. El Banco Mundial asegura que este año el PIB del continente va a incrementarse 4,5 por ciento. De los diez países que más han crecido en la última década, seis son africanos. El retorno de las inversiones es más alto que en cualquier otra región. El continente tiene ahora una clase media más grande que India, un PIB igual al de Rusia y, según el Banco Africano de Desarrollo, para 2030 el consumo interno va a alcanzar 2,2 billones de dólares. Para el Banco Mundial, "África podría estar al borde de un despegue económico, como China o India hace unas décadas".

Y todos predicen que la bonanza seguirá. En los próximos 40 años, África va a pasar de 1.000 a 2.000 millones de habitantes, volviéndose uno de los mayores mercados del mundo con una fuerza de trabajo superior a China. El continente tiene tierra fértil, un enorme potencial energético y minero y, por su historia colonial, también habla en inglés, francés, portugués, español y árabe.

Derek Catsam, especializado en Historia Moderna Africana en la Universidad de Texas, le dijo a SEMANA que "las cifras son buenas, pero estamos hablando de un continente enorme. Algunos van a seguir con un crecimiento impresionante, mientras otros pueden flaquear. Creo que aún no vamos a ver un león africano imitando a los tigres asiáticos, pero África tiene muchos recursos y 1.000 millones de personas. Es una excelente combinación para crecer".

La fiebre africana tiene nombre propio: sus riquezas naturales. El continente alberga 10 por ciento de las reservas petroleras, 20 por ciento del oro, 80 por ciento del coltán y 90 por ciento del platino. En la última década, los precios de todas las materias primas explotaron. Pero eso solo explica un tercio del crecimiento, según la consultora McKinsey. La infraestructura, la comunicación, el comercio y la construcción también están jalonando la economía.

El renacimiento africano ha ido a la par con una pizca de democracia y varias reformas estructurales. Los gobiernos han logrado combatir la inflación y se privatizaron los grandes monopolios estatales. África también se urbanizó. En 1980, solo 28 por ciento de los africanos vivía en ciudades, ahora 40 por ciento las habitan. La educación está penetrando en nuevos terrenos y hay una revolución en la comunicación. Nunca se invirtió en un sistema masivo de redes telefónicas. En Nigeria, un país de 100 millones de personas, solo había 100.000 líneas. Con la llegada de la telefonía celular barata, ya hay 600 millones de usuarios. Más que en Estados Unidos o Europa. Aunque la penetración de internet es aún muy baja, el ritmo de su crecimiento es veloz.

John Page, execonomista en jefe para África del Banco Mundial y ahora investigador en la Institución Brookings de Washington, le dijo a SEMANA que "África ha mostrado unos números impresionantes, por una combinación de mejores políticas económicas y el aumento de los precios de materias primas. Podemos ser cautelosamente optimistas. Optimistas porque hay nuevos descubrimientos mineros. Cautelosos porque un crecimiento basado solo en materias primas es frágil".

Todo esto está multiplicando las inversiones extranjeras, que pasaron de 9.000 millones de dólares en 2000 a 62.000 millones en 2008. Al frente de esta nueva frontera del capitalismo está China, que lleva años apostándole a África. Los chinos construyen la infraestructura y a cambio explotan los recursos naturales. Otras potencias emergentes como Brasil, Turquía, India o los países del Golfo quieren su trozo. Catsam explica: "Este es un muy buen momento, por primera vez los africanos escogen sus socios. En la época colonial eso era imposible. Y en la Guerra Fría las opciones eran bipolares".

¿Será eso suficiente para sacar las masas africanas de la pobreza? A pesar del crecimiento desenfrenado, la mayoría de africanos vive con menos de dos dólares diarios, el hambre es una enfermedad que aún ataca a un tercio de la población, el campo sigue siendo medieval y las desigualdades van para arriba. El apetito de la burocracia es indomable: para montar un negocio en Senegal hay que seguir 43 procedimientos. Y la democracia sigue siendo para muchos una ilusión.

Thandisizwe Mgudlwa, corresponsal sudafricano de la página AfricanBrains, le dijo a SEMANA: "Tenemos inestabilidad política, guerras, violencia, falta de transparencia, enfermedades, pobreza y hambre. Pero la educación y formación nos van a dar los cambios que queremos. El camino de África es buscar paz, unidad y hermandad. Van a pasar grandes cosas".

El crecimiento está a la altura del reto. La historia de África está llena de promesas rotas, en las que sus increíbles recursos solo han servido para enriquecer déspotas y grandes multinacionales. De los africanos depende que esta bonanza no termine cebando a unos cuantos multimillonarios. La multiplicación de centros comerciales, de concesionarios de autos de lujo y de rascacielos no es automáticamente sinónimo de progreso. La autocracia, la corrupción y la codicia no van a desaparecer de un día para otro. Pero lo más importante es confiar en África y en los africanos. Ellos saben mejor que nadie qué quieren, cómo lo quieren y cuándo lo quieren.
 
Luanda, la excesiva 
 
Angola es tierra de paradojas. Su presidente, José Eduardo dos Santos, un dinosaurio marxista en el poder desde 1979, quiere que Luanda sea el 'nuevo Dubái'. Luanda, impulsada por una avalancha de petroleras, inmobiliarias, bancos y megaempresas extranjeras, es la ciudad más cara del mundo para extranjeros. Pero es pobre. Solo 9 por ciento de los 5 millones de luandeses tienen agua corriente y 70 por ciento viven en la miseria. Para ellos el crecimiento es un espejismo.

Emmanuel Neisa, periodista colombiano que trabaja en Angola en una revista especializada en el sector petrolífero, le dijo a SEMANA que “el costo de la vida es absurdo. Luanda se atrasó en infraestructura durante la guerra y hay un déficit de vivienda. El resultado es que los expatriados pagan entre 5 y 15.000 dólares al mes de arriendo. Lo mismo pasa con la comida. A pesar de tener una de las tierras más productivas de África, la guerra dejó el campo minado y desierto. Hoy Angola importa la mayoría de lo que consume. El supermercado es una experiencia surrealista, con media patilla de 45 dólares, un kilo de tomates de 12 dólares, una lechuga de 6 dólares. La mayoría del país vive en la pobreza absoluta, pero plata sí hay: Ilha, el barrio de los restaurantes y discotecas, se llena de Porsches en la noche y la bahía de Luanda se parece más a Dubái que a una ciudad africana”.

La mayoría de los beneficios alimentan a algunos multimillonarios y a los dirigentes del Movimiento Popular de Liberación de Angola (MPLA), de Dos Santos . En agosto hay nuevas elecciones. Pero, como dijo Neisa, “el resultado ya lo saben todos: el MPLA va a seguir. El avance en el país después de la paz en 2002 es enorme. Pero aquí no hay milagro. Queda mucho por hacer y las desigualdades son bochornosas”.
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