Domingo, 11 de diciembre de 2016

| 2004/09/24 00:00

Agrietada

La construcción de la unión alemana posguerra fría parece tambalear en medio del descontento social.

Las manifestaciones de protesta por los recortes sociales del gobierno del canciller Gerhard Schröder son comunes en las ciudades de Alemania del Este. Los ciudadanos de lo que fue la República Democrática Alemana sienten que están pagando el pato de la reunificación.

Los partidos de extrema derecha y los neocomunistas, que con discursos populistas atraen a los descontentos, cosecharon un gran éxito en las elecciones regionales celebradas la semana pasada en Sajonia y Brandenburgo (antigua RDA). Ese auge de los extremistas se produce en medio de una atmósfera de descontento social que hace temer una nueva división de Alemania entre el Este y el Oeste, precisamente cuando acaba de nacer un nuevo partido que incluso pugna por volver a levantar el Muro de Berlín. ¿La razón? Los recortes en subsidios y seguridad social impulsados por el gobierno del canciller Gerhard Schröder, que han generado una gran marejada de protestas, principalmente concentradas en el Este del país.

Quince años después de la caída del muro, en la antigua RDA el descontento crece por el desempleo y la marginación, y en el Oeste (la vieja RFA) se apagan los sentimientos de solidaridad 'con los hermanos pobres'. El desempleo en el Este llega al 20 por ciento, casi el doble de la 'Alemania rica', donde los ciudadanos consideran excesivos los 96.000 millones de dólares que el gobierno invierte anualmente en el Este.

"El sentimiento generalizado es de insatisfacción y rabia por el incumplimiento de todas las promesas que se hicieron con la reunificación; unos y otros, los del Este y los del Oeste, se sienten engañados y estafados, y es que para muchos cayó el muro de concreto, pero surgió un muro discriminatorio mucho más alto, que ha minado los bolsillos y las esperanzas de ambos lados", explicó a SEMANA el analista Claus Offe del Instituto de Sociología Política de Berlín.

El renacimiento de 'las manifestaciones de los lunes' (Montagdemos) ha puesto sal en las heridas. Se trata de las mismas protestas multitudinarias que causaron el derrumbamiento del Muro de Berlín, pero esta vez contra el gobierno de Schröder, que ha sido atacado con huevos en distintos actos políticos en ciudades del Este. Leipzig y Dresde son, como antaño, el epicentro de esta ola de agitación popular, aunque los mítines también se realizan en urbes del Oeste como Hamburgo y Colonia.

Las protestas se iniciaron contra la determinación estatal de equiparar los subsidios de los desempleados de larga duración con el monto de la ayuda social que reciben los más marginados, pero pronto se convirtieron en un rechazo de fondo al sistema por quienes se sienten perdedores con la reunificación de Alemania. Las últimas encuestas de la Oficina Federal de Estadística son reveladoras sobre el inconformismo general. Uno de cada cinco alemanes quisiera levantar de nuevo el Muro de Berlín y el 76 por ciento de los germano-orientales preferirían volver al pasado porque piensan que "el socialismo fue una buena idea sólo que mal aplicada".

En Renania del Norte-Westfalia, al calor de esta ola de protestas nació El Partido, una agrupación que cuenta con mucha simpatía en el Este y cuyo programa es la división de Alemania y la reconstrucción del Muro de Berlín. Ante esta situación, los grandes partidos, el socialdemócrata PDS de Schröder y el cristianodemócrata CDU, hablan de una "sangría de votos" y llaman a la calma a la población, a la que tratan de convencer de los beneficios a largo plazo que tienen estas reformas laborales y de la seguridad social.

"Lo que muchos no quieren comprender es que estas reformas son urgentes para asegurar el futuro de Alemania, dado que tenemos una mano de obra demasiado cara y las empresas se están fugando fuera de la UE, hacia Europa del Este y Asia, y muchos olvidan que hemos invertido 1,21 billones de dólares en la modernización de la antigua RDA, con los impuestos de Alemania occidental pero también con dineros provenientes de los contribuyentes del Este", dijo a SEMANA Paul Spahn, economista de la Universidad de Frankfurt.

Para los analistas consultados por SEMANA, el riesgo de una nueva división de Alemania se halla en el oportunismo de los pequeños partidos de extrema derecha y neocomunistas, y Sajonia y Brandeburgo pueden dar fe de ello. Ese riesgo sólo puede ser vencido con el respaldo de todos los sectores del país al proyecto común de una Alemania unificada. Según Offe, "en estos 15 años, todos hemos aportado para construir esta nueva nación, y no debemos cansarnos de exaltar la solidaridad del Oeste, pero también los enormes sacrificios del Este para adaptarse a este cambio en el cual las dos partes ganamos con la unión".

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