Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 1989/08/21 00:00

Y AHORA, MARTE

Al celebrar los 20 años de la conquista de la Luna, Bush anuncia la próxima gran aventura.

Y AHORA, MARTE


Para los Estados Unidos el haber sido los primeros en pisar el suelo lunar en 1969, no sólo significó el más extraordinario adelanto científico de la historia, sino también una clara victoria sobre la Unión Soviética. La motivación ideológica detrás del magistral proyecto era la de ganarle al comunismo. Veinte años después, a pesar de que los tiempos han cambiado y la tesorería ya no es lo que era, el presidente Bush ha anunciado que para el siglo XXI los Estados Unidos llegarán a Marte.

Durante la conmemoración del vigésimo aniversario de la odisea lunar, el presidente Bush anunció el proyecto para establecer una base lunar permanente desde donde se lanzaría una nave tripulada a Marte. No es la primera vez que se habla sobre este proyecto. Ya en 1986, el presidente Reagan había anunciado que todo estaba "ya listo" para una misión a Marte. Pero es bien sabido que las dificultades para un proyecto de semejantes proporciones son enormes y que existen dudas sobre su realización, especialmente después del desastre del Challenger en 1986. Sin embargo desde el fatídico incidente, la NASA y la administración Reagan aunaron esfuerzos para volver a poner a Estados Unidos en el lugar preponderante de la carrera espacial.

La tecnología existe ya, pero lo que tiene más preocupados a los observadores es la financiación del proyecto. Estados Unidos está atravesando por el mayor déficit fiscal en muchos años y es muy probable que el proyecto sea fuertemente debatido en el Congreso norteamericano.

El presidente Bush no mencionó en su discurso el costo del esfuerzo, pero se estima que sería de US$30 mil millones en su primera fase. Según la revista Time, el costo total podría llegar a ser de US$150 mil millones. El presidente Bush ya ordenó el establecimiento de una comisión para la evaluación de costos y plazos, bajo la dirección del vicepresidente Dan Quayle.

Desde tiempo atrás los soviéticos habían hablado ya de enviar una misión a Marte desde la Tierra, haciendo escala en Phobos, un minisatélite que gira en la órbita de Marte a seis mil kilómetros de distancia. Con el establecimiento de la base lunar "Libertad", la NASA metería un verdadero gol tecnológico ya que se reducirían sustancialmente las dificultades para la expedición a Marte, pues la fuerza de gravedad a vencer sería mucho menor desde la Luna que desde la Tierra. En cualquier caso, se ha calculado que la duración del viaje a Marte sería de por lo menos tres años.

El interés de construir una base lunar permanente es muy grande pues, además de los experimentos de vida extraterrestre, los astronautas desarrollarían programas para explotar minerales lunares y exportarlos al planeta Tierra. En la fase inicial, la base lunar serviría para preparar la expedición a Marte ya que los astronautas se entrenarían para una prolongada estadía extraterrestre. Es muy probable que el vehículo marciano se construya también en pleno espacio, ya que las pruebas de vuelo espacial se harían con mayor facilidad. La construcción de la base lunar requeriría también un sistema de transporte entre la Tierra y la Luna para llevar los materiales necesarios. Existe ya un proyecto para condicionar el transbordador espacial en una especie de shuttle de carga. Otra nave sería necesaria para el transporte de pasajeros y existe también ya un proyecto para su construcción, que tendría un nombre bastante evocador: el "Expreso de Oriente". Este vehículo espacial sería más pequeño y despegaría y aterrizaría como un avion normal.

Actualmente, el presupuesto de la NASA es de US$ 11 mil millones pero, de dársele luz verde al proyecto, las apropiaciones aumentarían necesariamente. No faltarán los opositores a un desembolso tan grande por parte de los contribuyentes norteamericanos. Sin embargo, a largo plazo, los beneficios podrían ser tan extraordinarios, no sólo desde el punto de vista tecnológico, sino de prestigio internacional, que seguramente el presidente Bush lograría el apoyo del Congreso y, más importante aún, del norteamericano medio.

La administración Bush parece estar empeñada en revivir el programa espacial y volver a marcar un hito en la historia de la humanidad. Queda por ver si en esta oportunidad los Estados Unidos estarán dispuestos a compartir honores con otras naciones, en especial con la Unión Soviética, o si otra vez se llevarán los laureles solos. Pero con las dificultades económicas de hoy todo indica que la cooperación será el nombre del juego.--

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