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| 3/19/2011 12:00:00 AM

¿Ahora sí caerá?

La guerra civil tomó un nuevo rumbo con el bloqueo aéreo decretado por el Consejo de Seguridad. Gadafi, acorralado, ordenó un cese al fuego que pronto incumplió. El ataque de la comunidad internacional es inminente.

Cuando el mundo creía que Muamar Gadafi se estaba afianzando en el poder y que tarde o temprano recuperaría todo el territorio libio, la comunidad internacional decidió tomar cartas en el asunto y le dio un nuevo rumbo a los hechos. El jueves en la noche el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas aprobó la resolución que permite imponer una zona de exclusión aérea sobre ese país, lo que cambió por completo el escenario.

Antes de que la comunidad internacional tomara la decisión de intervenir, los hombres de Gadafi cercaban esa ciudad, bastión de los rebeldes. El dictador había dado un ultimátum para que se rindieran y entregaran las armas antes de que el Ejército emprendiera el ataque final. Los líderes de la revuelta habían advertido que si no recibían apoyo extranjero sería imposible evitar un "baño de sangre".

La ONU finalmente escuchó el grito de auxilio y aprobó la esperada resolución para evitar los bombardeos sobre la población civil. La postura, que autoriza a los Estados miembros a "tomar todas las medidas necesarias", fue liderada por Estados Unidos, Francia y Reino Unido y contó con diez votos a favor en el Consejo de Seguridad. Cinco países se abstuvieron: Rusia, China, Alemania, India y Brasil, y los dos primeros, miembros permanentes con derecho a veto, no lo ejercieron.

Tras conocerse la decisión, cientos de personas salieron a las calles de Bengasi a celebrar. El líder de los rebeldes expresó su agradecimiento a la comunidad internacional y pidió que la zona de exclusión aérea fuera solo para los territorios bajo el control del dictador. El viceministro de Relaciones Exteriores, por su parte, lamentó la resolución de la ONU y aseguró que se estaba poniendo en riesgo la seguridad de su país.

El coronel prometió que la vida de quienes atacaran a Libia se convertiría en un infierno. Pero horas más tarde, al verse acorralado, ordenó suspender las operaciones militares con el fin de "proteger a los civiles". Incluso llegó a proponer, a través del responsable de la política exterior, un diálogo con "quienes estén interesados en la unidad territorial de Libia". Sin embargo, poco después ordenó a sus tropas seguir avanzando.

Al cierre de esta edición, las potencias occidentales se preparaban para intervenir y se anunciaba una reunión en París para ultimar los detalles. "Seguiremos trabajando con nuestros socios en la comunidad internacional para presionar a Gadafi a que se marche y para apoyar las aspiraciones legítimas del pueblo libio", declaró Hillary Clinton, secretaria de Estado norteamericana.

El primer ministro británico, David Cameron, anunció el envío de aviones de combate a las bases próximas a Libia, mientras países como Francia y España también notificaron su apoyo militar. Italia rechazó la posibilidad de mandar aviones, pero accedió a prestar sus bases militares al sur del país para que fueran utilizadas por los aliados, con lo que rompió el Tratado de Amistad con Trípoli firmado en 2008. Estados Unidos, por su parte, ya tenía supremacía militar en el Mediterráneo. Además de los preparativos militares para la intervención, la comunidad internacional seguía evaluando otras medidas para garantizar la seguridad de la población civil y evitar la caída de Bengasi, pues la ONU no estaba dispuesta a dejarse engañar por el dictador. Parecería que a Gadafi, ahora sí, le llegó su hora.

Pero también la decisión de la comunidad internacional podría haber llegado muy tarde para los miles de libios que perdieron la vida a manos de los aviones de Gadafi en estas dos semanas de guerra civil.
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