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| 4/23/2001 12:00:00 AM

Al borde del abismo

Macedonia, la más pacífica de las repúblicas ex yugoslavas, podría ser el siguiente capítulo del drama de los Balcanes.

Hace tres años el incendio se apagó en Kosovo cuando las tropas yugoslavas, obligadas por las bombas de la Otan, dejaron de masacrar a los albaneses étnicos. Hoy la llama de la guerra étnica se enciende de nuevo en la vecina Macedonia, pero en esta oportunidad las víctimas de ayer son los responsables de hoy. En efecto, la chispa corrió esta vez por cuenta de guerrilleros de origen albanés, que desde enero vienen atacando a las autoridades de origen eslavo con el apoyo ostensible de sus congéneres del otro lado de la frontera de Kosovo.

Los grupos insurgentes son dos: uno es el Ejército de Liberación de Presevo, Medvedja y Bujanovac, (Ucpmb), surgido a comienzos del año pasado y designado así por las municipalidades del sur de Serbia habitado por albaneses. El otro, el Ejército de Liberación Nacional (UCK), es más reciente y es el heredero directo de otros grupos desaparecidos.

Los rebeldes sostienen que buscan mayores derechos para su etnia y la autonomía para sus provincias occidentales, así como defender a su comunidad de los abusos de los eslavos. Pero el gobierno, y muchos observadores independientes, temen que el objetivo de su campaña a largo plazo sea la integración de la Gran Albania, que abarcaría por lo menos a Kosovo, la parte de Macedonia que llaman Ilirida y el pequeño valle de Presevo, en el sur de Serbia, todas ellas regiones habitadas mayoritariamente por albaneses étnicos.

De nuevo se trata de violencia de carácter racial y cultural. El pequeño país, cuyo nombre oficial es Antigua República Yugoslava de Macedonia (ver recuadro), tiene un poco más de dos millones de habitantes, de los cuales 67 por ciento son eslavo-macedonios de religión cristiana ortodoxa, 23 por ciento albaneses étnicos de religión musulmana, 4 por ciento de turcos, 2 por ciento de gitanos, 2 por ciento de serbios y otros que alcanzan 3 por ciento. No es una casualidad que la ensalada de frutas sea llamada ‘macedonia’ en Europa.

Ese crisol de razas y culturas había sido el país de mostrar en los Balcanes. A pesar de su multietnicidad Macedonia se independizó de Yugoslavia sin disparar un solo tiro y en su gobierno, democráticamente elegido, se integraron las fuerzas políticas de origen albanés. Pero lo visto en las últimas semanas ha evidenciado que ese panorama ideal esconde una realidad mucho más compleja.

Existe la percepción de que detrás de los rebeldes está el desmantelado Ejército de Liberación de Kosovo, de vinculaciones mafiosas conocidas, cuyos líderes estarían tratando de recuperar la relevancia perdida junto con las rutas del contrabando. Pero los macedonio-albaneses tienen reivindicaciones legítimas. Ellos no tomaron parte en el referéndum de 1991, que declaró la separación, porque objetaban que el texto de la pregunta permitía una “asociación soberana” con Yugoslavia en el futuro. Y la Constitución adoptada inmediatamente sin el concurso del único partido albanés del momento tampoco ayudó a cimentar la unión, pues su introducción define al país como un estado de “macedonios étnicos y otros ciudadanos”. Los albaneses tampoco han podido aceptar que el único idioma oficial sea el macedonio (un híbrido entre serbio y búlgaro), que la educación superior sea sólo en ese idioma y que el alfabeto cirílico sea obligatorio. Y sostienen que los eslavo-macedonios discriminan a sus paisanos de origen albanés y les atribuyen una participación exagerada en el delito nacional, el contrabando.

Lo cierto es que la población albanesa étnica se debate entre seguir intentando mejorar su estatus dentro de Macedonia por las buenas o apoyar a los rebeldes para conseguirlo a las malas. El gobierno de Skopje sabe que su reacción militar podría polarizar a muchos albaneses moderados y llevarlos a las armas. Y un conflicto fuera de control podría conducir a que la aspiración de la Gran Albania saliera a la luz. De ahí a la generalización del conflicto en los Balcanes no habría sino un paso y por eso clama por una intervención directa de la Otan, tal vez con las mismas fuerzas presentes en Kosovo, antes de que sea demasiado tarde.
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