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| 10/6/2012 12:00:00 AM

Al contraataque

El debate del miércoles en Denver significó un respiro para Mitt Romney, ante un Obama que pareció tomado por sorpresa. La pregunta es si le alcanzará para remontar lo perdido.

Hasta el miércoles 3 de octubre, y a falta de un mes para las elecciones presidenciales en Estados Unidos, Mitt Romney parecía desdibujado. Las encuestas en estados como Ohio, determinantes para lograr los 270 delegados al Colegio Electoral que se requieren para llegar a la Casa Blanca, lo ponían cinco puntos por debajo de Barack Obama. Fuera de eso había desperdiciado dos momentos claves en la recta final de la campaña: la selección de su compañero de fórmula, pues Paul Ryan no le dio el impulso deseado, y en el discurso de la convención republicana, en Tampa, su alocución no sedujo. Sin embargo, ese miércoles 3, cuando todo pintaba mal para él, Romney aprovechó otro momento decisivo, el del primer debate presidencial, y relanzó sus aspiraciones electorales.

Todo ocurrió en 90 minutos en un auditorio de la Universidad de Denver. Esa noche, ante el experimentado moderador Jim Lehrer, Romney se llevó a Obama literalmente por delante: según una encuesta de la CNN, el 67 por ciento del público consideró ganador al republicano, mientras que solo el 25 por ciento se inclinó por el presidente. Y es que con una seguridad desconocida y dando muestras de haberse preparado a conciencia, Romney fue arrollador. "Fue el Romney que sus amigos han descrito por meses pero que la gente común ha visto rara vez", escribió la página web Politico. Y exhibió incluso sentido del humor. Ya en la primera respuesta, luego de que Obama felicitara desde el podio a su esposa por su vigésimo aniversario de bodas, Romney congratuló a la pareja y agregó: "Es difícil haber escogido un sitio menos romántico que este. Aquí, conmigo…". Obama lució desconcertado, dubitativo y a la defensiva. "Es que necesita teleprompter hasta para pedir el almuerzo", bromeó el viernes en The Washington Post el columnista George Will. Miraba permanentemente las notas que tomaba y no se decidió a atacar a Romney ni siquiera a raíz del video escandaloso en el que el republicano declaró en una reunión política el pasado mes de mayo en la Florida que el 47 por ciento de los estadounidenses son parásitos que viven del Estado. Quizás pensaba que su contrincante iba a cometer un error, pero le salió el tiro por la culata. "Si lo comparamos con el mundo del fútbol, le pasó lo que a un club grande que juega de local ante un equipo chico; salta sobrado a la cancha y, cuando se da cuenta, va perdiendo dos a cero a los 20 minutos", le dijo a SEMANA Héctor Schamis, profesor de Gobierno de la Universidad de Georgetown. El lío es que todo eso le ocurrió ante 67 millones de televidentes en un evento político que por 90 minutos produjo 10,3 millones de mensajes por Twitter. Como escribió Politico, "lo único no debatible de la noche del debate es que Obama tambaleó".

Pero, por muy mal librado que haya salido, Obama contraatacó 24 horas después a un Romney fortalecido. El del miércoles por la noche "no puede haber sido el verdadero Mitt Romney, porque el verdadero ha ido por todo el país pregonando unos recortes de impuestos de cinco billones de dólares para los más ricos, y el hombre que estuvo anoche en el debate dijo no saber nada de eso", dijo Obama. ¿Le funcionará esta retórica? Aún es pronto para saberlo. Pero la verdad es que la noticia del viernes, según la cual el desempleo bajó del 8,1 por ciento al 7,8 por ciento, y los debates presidenciales que faltan, uno el 16 de octubre en la Universidad de Hofstra en Nueva York y otro el 22 en la Universidad de Lynn en Florida, influirán en lo que decida un país muy dividido políticamente cuando acuda a votar el próximo 6 de noviembre.
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