Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 1995/03/20 00:00

AL GARETE

Dos virajes inesperados del presidente mexicano frente al EZLN siembran dudas sobre la claridad e independencia de su política.

AL GARETE

EL PRESIDENCIALISMO DE 65 años en México se debilita. Está enfermo por la imagen de un gobierno que cambia de opinión en menos de lo que canta un gallo. Primero fue la crisis económica que se desató con una devaluación que, de un día para otro, pasó de la ampliación de una banda de flotación a la liberalización del valor según la demanda del mercado. Ahora se atiza el fuego del conflicto guerrillero en el sur del país con una declaratoria velada de fuerza, con órdenes de aprehensión y tratamiento delincuencial a los líderes rebeldes, para retractarse en otro ruego al diálogo.
Al frette de ese gobierno está Ernesto Zedillo y ya no quedan muchos mexicanos que le crean como gobernante. En los cafés, en las páginas editoriales y en las tertulias se sostiene que no sabe para dónde va y que la razón de su ignorancia obedece a que actúa movido por hilos ajenos.
La versión de que las instituciones financieras internacionales sentenciaron al líder de los zapatistas, Marcos, se hace cada vez más fuerte. Se dice que ha sido la contrapartida a los casi 51.000 millones de dólares gestionados por Bill Clinton, en la demanda de que los asuntos políticos no creen factores de incertidumbre financiera que afecte la recuperación de los dineros.
El endurecimiento de la política de Zedillo trajo, en contra de las predicciones de los asesores presidenciales, más problemas. "Yo soy Marcos, que me arresten", es el grito de los manifestantes que de manera burlona y amenazante han desfilado por las calles de Ciudad de México.
Al modificar la línea dura, Zedillo proyecta una imagen de inseguridad y cada vez parece ser más difícil que logre posicionarse como un dirigente capaz. Los viejos mexicanos dicen que desde 'el destape' se vio en Zedillo su debilidad: la ausencia de una experiencia política.
Y esa cualidad, la habilidad política y de negociación, parece ser precisamente la que demanda la situación de México. Es por eso que a 80 días de gobierno Zedillo va cuesta abajo en popularidad nacional. Algunos observadores dicen que Zedillo, al cambiar su actitud, se muestra como un político vacilante. "Un camaleón que cambia sus ideas a cada rato ", asegura un priísta que prefiere ser anónimo.
Asimismo un polémico editorialista, Carlos Ramírez, dijo a SEMANA que "el conflicto no se solucionó sino que solamente se retrotrajo al 9 de enero de 1994. Lo peor de todo será que por el fallido saldo de la solución militar Zedillo estará obligado a renegociarla paz en Chiapas nada menos que con Marcos. ¿Tanto para eso? ".
En los mercados financieros la noticia tuvo repercusiones más negativas que positivas. La mayoría de los inversionistas extranjeros consideran que la rebelión en Chiapas hizo imposible alcanzar la estabilidad política. El gobierno perdió su credibilidad. La Bolsa de México cayó al último lugar en los ranking de las bolsas del mundo. El dólar rebasó definitivamente la frontera de los cinco nuevos pesos y se asegura que no bajará de 5.5 nuevos pesos.
La caída bursátil fue vista por algunos congresistas norteamericanos como una posibilidad real de que el paquete de ayuda de 20.000 millones de dólares a México pudiera ser cancelado. No obstante, Zedillo lucha por alcanzar la credibilidad ante los ojos de su poderoso vecino del Norte. Por ello el jueves anterior el ministro de Hacienda, Guillermo Ortiz, viajó a Washington, donde informó que el gobierno recuperó el control del territorio mexicano y de la situación en Chiapas.
Tampoco los empresarios están contentos. Señalan que sus perspectivas son críticas: disminución en la oferta de capitales, ahorro interno muy bajo y altas tasas de interés, debilitamiento de la estructura productiva por una apertura comercial desmedida y alto nivel de desempleo y bajo ingreso que afectan la demanda interna. La salida que exige el sector industrial es la definición clara de un plan económico diseñado "para los mexicanos de carne y hueso"
Pára empeorar las cosas, el consorcio mexicano Sidek, que pertenece a los hermanos Martínez Guitrón -clasificados por Forbes como unos de los 24 multimillonarios mexicanos- y que tienen acciones en la industria del acero, la banca y el turismo, anunció que no es capaz de pagar sus obligaciones a corto plazo. Esa decisión asustó a los inversionistas extranjeros y predice que otras firmas podrán hacer lo mismo.
La estrategia gubernamental insiste en controlar la situación y recuperar la inversión extranjera. Pero, de acuerdo con algunos analistas mexicanos, es un error y es mejor decidirse por el crecimiento económico con una inflación controlada.
¿Daría ese giro de 180 grados la política económica de los últimos nueve años en México? No se sabe. Aquí -dicen los mexicanos de a pie- no pasa nada y todo pasa. Hacia dónde ir, decídalo o no Zedillo, será su responsabilidad. Si el presidente quiere tener su propia responsabilidad y un régimen democrático "inevitablemente habrá un conflicto con la vieja guardia del partido gobernante, los llamados dinosaurios", predice el escritor Carlos Fuentes.

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