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| 1/11/2014 12:00:00 AM

El regreso de Al Qaeda

Tan solo dos años después de que Estados Unidos retirara sus tropas de Irak, un grupo ligado a Al Qaeda se apodera de dos de las ciudades más importantes del país.

“Al fin va a pasar. Después de meses en que Faluya  se ganó el título de capital de la insurgencia iraquí y de semanas de preparación de las tropas estadounidenses al combate urbano, la batalla de Faluya  está a punto de empezar”. El diario, escrito en noviembre de 2004 por el periodista Greg Palkot de Fox News, anunciaba la pelea a muerte que durante seis semanas dieron 13.500 soldados estadounidenses, británicos e iraquíes contra 3.000 militantes islamistas. La lucha por Faluya, que le costó la vida a 95 estadounidenses y dejó 560 heridos, fue la más dura de la guerra de Irak y se volvió un símbolo para el Ejército gringo.

Si hasta hace poco algunos todavía pensaban que ese sacrificio había valido la pena y que con el retiro de las tropas de Washington, hace apenas dos años, Irak conocería un futuro más sereno, en las primeras horas del pasado 4 de enero esa ilusión se esfumó. Ese día centenares de combatientes islamistas se tomaron Faluya y algunos barrios de Ramadi, la capital de la región de Al Anbar. Aprovechando una ola de descontento en esta provincia sunita contra el gobierno chiíta de Nurik Al-Maliki, el grupo yihadista Estado Islámico de Irak y el Levante (Isis, por su acrónimo en inglés) logró conquistar una importante porción de territorio a menos de 40 kilómetros de Bagdad, donde se aprestaron a proclamar el estado islámico e imponer la sharia.

Isis fue fundado en plena guerra de Irak y se volvió el representante de Al Qaeda en el país. Llegó a controlar varias provincias y lanzó cientos de ataques suicidas contra los ocupantes estadounidense, las mezquitas chiítas y las fuerzas gubernamentales. Debilitado por las tropas de la coalición, Isis renació gracias a la guerra de Siria, que queda a 200 kilómetros de Faluya. El conflicto para derrocar la dictadura de Bashar al Assad se volvió el nuevo epicentro del yihadismo mundial y atrae a miles de musulmanes radicales de Europa, Chechenia, los países del Golfo o del Magreb. Isis es ahora uno de los principales grupos rebeldes de Siria con cerca de 12.000 combatientes y sueña con establecer un califato que reúna a Irak, Siria y el Líbano. Su fortaleza muestra que, a pesar de todos los esfuerzos de Estados Unidos y sus aliados árabes, el virus de Al Qaeda sigue siendo poderoso.

Al cierre de esta edición, el Ejército iraquí había cercado Faluya y Ramadi y prometió una contraofensiva letal para recuperar el territorio, mientras miles de civiles abandonaban la región. Una repetición de la batalla de Faluya  de 2004, sin los marines. El secretario de Estado John Kerry prometió “hacer todo lo que sea posible para ayudarlos” y anunció el envío de misiles y drones al gobierno de Al Maliki, aunque dejó claro que “esta es su pelea”.

El incidente de Faluya es muy grave y se suma a niveles muy preocupantes de violencia. En el último año más de 7.800 civiles han sido asesinados, algo que el país no vivía desde los peores momentos de la ocupación estadounidense. Casi todos los días hay atentados en mezquitas, calles o mercados y hay un descontento generalizado de la minoría sunita. Los crecientes síntomas de guerra civil que exhibe Irak una década después de la invasión estadounidense son un deprimente argumento contra la idea de “propagar la democracia” a punta de fusil. Y el renovado vigor de corrientes ligadas a Al Qaeda que se creían extintas es una inquietante confirmación de las fallas de las políticas de las administraciones de Bush y Obama para contener la radicalización de sectores islámicos.
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