Sábado, 3 de diciembre de 2016

| 2015/10/03 22:00

Las múltiples caras de Angela Merkel

La canciller alemana pasó de ser la ‘dama de hierro’ de Europa a Mamá Ángela. Su generosidad respecto al drama de los refugiados despierta odios y amores.

En Grecia, por su dura postura económica, la muestran como Hitler. El semanario alemán ‘Der Spiegel’, la representó como la madre Teresa de Calcuta por su bondad con los refugiados. Foto: A.F.P.

Todos recuerdan el episodio de hace meses cuando la canciller alemana, Angela Merkel, hizo llorar a una niña palestina al decirle que no la podía recibir en su país. Las lágrimas de la pequeña, que no esperaba esa fría respuesta, subrayaron lo forzado del abrazo que la mujer le dio para intentar remediar la situación.

Poco después, en septiembre, todo cambió. Merkel anunció que Alemania aceptaría a 800.000 asilados este año, tras el drama de los refugiados que siguen llegando al Viejo Continente provenientes de la guerra en Siria. Después de este cambio de política, la canciller ha hablado de “los ideales europeos compartidos” y ha dicho que todo el continente tiene que comprometerse. Se espera que Alemania reciba 500.000 del total, una cifra que preocupa a la ultraderecha. “Como país sano y fuerte, tenemos la fortaleza para hacer lo que sea necesario”, declaró.

Y esta nueva actitud ha dado mucho de qué hablar, pues la canciller parece otra. Es el opuesto del primer ministro húngaro, Viktor Orbán, que cerró su país para impedir entrar a los extranjeros. Ahora se le ve recibiendo a los refugiados en persona y se toma selfis con ellos. Es más, el semanario Der Spiegel le dedicó su portada con una imagen suya como la madre Teresa, bajo el título “Madre Angela. Las políticas de Merkel dividen a Europa”. El artículo se basa en el mensaje que ha comunicado a su pueblo, “Podemos hacerlo”, y cuenta que, a diferencia del apoyo que tiene en su país, la Unión Europea no piensa lo mismo.

Pero todo tiene una razón de ser y Merkel tiene sus motivos. Según las proyecciones de la Comisión Europea, se calcula que para 2060 la cantidad de alemanes se reducirá en 10 millones: de 81,3 millones en 2013 a 70,8 millones. “El país podría beneficiarse de un influjo de jóvenes. La comunidad empresarial necesita trabajadores y la economía del país depende de la inmigración”, le dijo a SEMANA Elisabeth Roehrlich, experta en política exterior de la Universidad de Viena.

En Alemania, la canciller está lejos de ser la déspota hitleriana que la prensa de Grecia dibuja por las sanciones económicas que le impuso al gobierno del primer ministro, Alexis Tsipras. En su país, para muchos ella significa confianza, familiaridad y conservadurismo. “Tiene la capacidad de ser popular sin populismo, de liderar sin despertar los viejos fantasmas de la dictadura”, le contó a esta revista Christian Ostermann, director del programa de Políticas Públicas e Historia del observatorio Wilson Center. Merkel no debate, pero promete una estabilidad que ha sabido garantizar.

Pero sus detractores crecen a medida que los refugiados llegan.El clima social se deteriora y la popularidad de la canciller ha caído al nivel más bajo del último año. El sondeo Politbarometer, de la cadena de televisión ZDF, reveló que la canciller obtuvo un puntaje de 1,9 sobre 5. Más preocupante aún, el sondeo muestra que la política de asilo de Merkel solo tiene el apoyo del 50 por ciento, y un 43 por ciento se muestra crítico a su gestión. El lunes, el movimiento xenófobo Pegida se anotó un gol al reunir 8.500 personas para protestar contra la supuesta “islamización de Occidente”.

A esta caída se suma una inédita revuelta en su partido, la Unión Demócrata Cristiana. El ministro del Interior, Thomas de Mazière (su más leal aliado), responsabilizó a Merkel por el caos provocado al abrir las fronteras a los refugiados atrapados en Budapest. “La población espera que el partido ponga fin a la llegada. Tendremos problemas para ganar las próximas elecciones”, dijo en una reunión el diputado Roderich Kiesewetter. Merkel le respondió con una frase desconcertante: “No me importa si soy culpable. Los refugiados ya están aquí”.

La canciller sabe que sus pasos no pueden afectar a su población, que empieza a mostrar descontento. Su cambio repentino frente a los refugiados genera dudas. Pero Merkel se defiende y en una conferencia de prensa dijo: “Si vamos a tener que empezar a disculparnos por haber ofrecido una cara amable en una situación de emergencia, este ya no es mi país”.

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