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| 12/23/2016 1:13:00 AM

La caída de Alepo, o la victoria de la "fuerza bruta"

Pese al triunfo del régimen sirio, la reconquista de la ciudad no marca el fin de la guerra pero sí un punto de inflexión mayor tras cinco años de conflicto.

La caída de Alepo, este jueves, marca la victoria de la "fuerza bruta" y la emergencia de alianzas entre regímenes autoritarios frente a los países occidentales que optaron por permanecer al margen, dando la espalda a las reivindicaciones democráticas de millones de personas.

Combatientes "liquidados" y zonas "limpiadas", las palabras empleadas por el régimen de Damasco y su aliado ruso, resumen la estrategia que emplearon para reconquistar la excapital económica de Siria, que cayó provocando miles de víctimas, desplazamientos masivos y destrucciones sin precedentes.

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La caída de Alepo no marca el fin de la guerra en Siria pero sí un punto de inflexión mayor tras casi seis años de conflicto.

Garantiza, al menos a mediano plazo, la permanencia en el poder del presidente sirio Bashar al Asad y consagra una nueva alianza de vencedores, Rusia, Irán y Turquía, frente a países occidentales y potencias regionales relegadas al rango de simples espectadores.

"La primera lección es que la fuerza paga y la abstención tiene un costo", señala Bruno Tertrais, director adjunto de la Fundación de Investigación Estratégica.

"La implicación masiva de Rusia e Irán, que significó un giro mayor en esta guerra en el verano de 2015" es la fuerza y "la no intervención estadounidense en 2013" es la abstención, detalla.

En 2013, el presidente estadounidense Barack Obama renunció a bombardear Siria tras acusaciones contra el régimen de Al Asad de haber utilizado armas químicas en un suburbio de Damasco. "A partir de ahí, todo estaba dicho", estima una fuente diplomática francesa.

Fue también en 2013 cuando los combatientes del movimiento chiita libanés Hezbolá, apoyados por Teherán, entraron en el conflicto para apoyar al régimen sirio. La implicación militar de Irán y de milicias chiitas extranjeras aumentó progresivamente los años siguientes.

En ese entonces, los países occidentales -liderados por Estados Unidos-, las monarquías del Golfo y Turquía, exigían que Al Asad dejara el poder y apoyaban a los rebeldes sirios.

Intervención rusa, el ‘salvavidas‘ de Asad

Pero dos años después, frente a un régimen sirio debilitado, Moscú intervino masivamente en el país para salvar a su aliado y aplastar a la oposición, calificada de "terrorista".

"Con la intervención rusa, todo terminó, supimos que no podríamos hacer nada más", señala la fuente diplomática francesa.

"Sin embargo, el fracaso de la revolución siria no era inevitable", advierte Tertrais, quien rechaza el término de "impotencia" de los países que apoyaban a la rebelión. "Hay una falta de voluntad", afirma.

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El conflicto sirio comenzó en marzo de 2011 con una revuelta pacífica y popular en la que se exigía "una Siria sin tiranía". Pero este movimiento desapareció en pocos meses, con la represión feroz del régimen, la militarización de la rebelión y la intervención de potencias extranjeras.

Las aspiraciones democráticas de los sirios pasaron a un segundo plano para los países occidentales, inquietos por la emergencia de la organización yihadista Estado Islámico (EI).

"Siria se resume en la confrontación entre dos barbaries", el régimen sirio y el EI, explicó hace poco a la AFP el editor y presidente de la asociación Suria Huria Faruk Mardam-Bey.

"La gente piensa que es mejor escoger la barbarie con corbata, que habla inglés, y cuya mujer no lleva velo", concluyó.

Y esta manera de interpretar la situación no cambiará pronto. "La retórica de campaña del presidente electo de Estados Unidos, Donald Trump, hace pensar que considerará el apoyo a la democracia como un lujo", señaló el investigador Elliott Abrams en un artículo del Council on Foreign relations (CFR).

Por el momento, Moscú, Teherán, Damasco y Ankara, que se reconcilió hace muy poco con Rusia, son los grandes vencedores de este conflicto, señaló un diplomático europeo.

Pero los intereses de estos países no son los mismos, subrayan varios expertos.

Entre Asad, que pretende reconquistar todo el país, Rusia que se conformaría con una "Siria útil", Turquía preocupada sobre todo por proteger su frontera norte e Irán que busca reforzar su posición en la escena internacional, los intereses podrían chocar rápidamente.

*Con información de EFE Y AFP

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