Domingo, 11 de diciembre de 2016

| 1993/06/07 00:00

ALERTA ROJA

La intervención extranjera en los Balcanes siempre ha sido un desastre.

ALERTA ROJA

LA NEGATIVA DE LOS BOSNIOS-SERBIOS a aceptar el plan de paz de la ONU tomó a muchos por sorpresa ante el nivel de la presión internacional sobre el "parlamento" de la "República Serbia de Bosnia" El "presidente", Radovan Karadzic firmó el domingo anterior casi obligado por el premier griego Konstantin Mitsostakis. Karadzic dijo entonces que el problema sería convencer a sus "parlamentarios", y así sucedió. El problema es que el plan dividiría a Bosnia en 10 regiones semiautónomas que no corresponden a la situación militar muy favorable a los bosnios-serbios.
Ante la negativa y el escalamiento de la guerra, el presidente Bill Clinton promueve una acción decisiva bajo bandera de la ONU. Las opciones son la creación de una fuerza de intervención, la conversión en bloqueo de las sanciones contra Yugoslavia, el levantamiento del embargo de armas pesadas que soportan los bosnios musulmanes y el bombardeo de posiciones de artillería serbias.
Pero en el Viejo Continente se conocen los peligros de la intervención extranjera en los Balcanes. De hecho, la guerra actual en Bosnia fue desencadenada sin quererlo por Alemania, país que se apresuró a reconocer la independencias a comienzos de 1992, de Croacia y Eslovenia. Los serbios usaron ese pretexto para atacar a Croacia y a Bosnia, porque la última vez que la primera fue independiente, durante la Segunda Guerra Mundial, los fascistas croatas, junto con algunos bosnios, masacraron a miles de serbios.
Los habitantes de ex-Yugoslavia son todos eslavos del sur y los odios que los separan nacieron por la intervención extranjera. Los serbios se creen víctimas desde la legendaria batalla de Kosovo que perdieron con los otomanos en 1389 y que les puso a vivir cuatro siglos bajo dominación turca. Para finales del siglo pasado los eslovenios croatas eran católicos, convertidos bajo la influencia austríaca, los bosnios eran musulmanes y como sus amigos rusos, los serbios eran ortodoxos. Estos solo adquirieron su independencia en 1878, ratificada bajo la presidencia de Bismarck en el Congreso de Berlín. En esa misma reunión las potencias europeas entregaron Bosnia a Austria-Hungría, lo que estimuló el nacionalismo serbio. Kosovo y Macedonia, que los serbios consideran suyos, quedaron todavía bajo dominación turca. Los austríacos relocalizaron poblaciones serbias en los límites de Croacia, como defensa contra los turcos. Allí la carnicería sería impresionante en 1991.
En 1888, la intervención rusa añadió el ingrediente del "pan-eslavismo" y en 1914, el asesinato en Sarajevo del archiduque austríaco Francisco Fernando, en el aniversario de la batalla de Kosovo, desencadenó la Primera Guerra Mundial. Fue al finalizar esta que emergió la primera Yugoslavia, organizada como reino. Tras 10 años de caos, el rey Alejandro logró poner orden hasta que fue asesinado en 1934. El reino duraría hasta la invasión nazi que desmembró el país. Luego de una guerra civil, Tito reorganizó el estado multiétnico, con los nacionalismos ocultos bajo el comunismo.
Por eso los europeos tienen conciencia de los riesgos que se corren. Bastaría con que una bomba de la ONU matara por equivocación a un niño para que los Cascos Azules se convirtieran en un enemigo de todos. Allí campean también húngaros, albaneses, griegos, búlgaros cuyos países de origen pretenderían defenderlos. Un caldo de cultivo para hostilidades y reticencias que se creían superados y que siguen alimentando la inestabilidad de una región capaz de afectar la paz de toda Europa.
EL EJEMPLO CAMBOYANO
LA MUERTE LA SEMANA PASADA en Camboya del agente colombiano de policía Venancio Caycedo, es un ejemplo de los riesgos que se corren en las operaciones internacionales de pacificación. Camboya, un país desangrado por la violencia política desde 1975 , es el escenario del mayor esfuerzo pacificador de la historia de la Organización de Naciones Unidas.
e que se firmó la paz entre el gobierno de Phnom Penh y las tres facciones rivales en París en octubre de 1991, la ONU asumió las tareas administrativas del gobierno, incluidos los ministerios de Defensa, Relaciones Exteriores, Finanzas y Comunicaciones. Para tal efecto, el máximo foro mundial organizó un contingente de 22 mil personas que desde entonces se convirtieron en la columna vertebral de la reorganización del país.
Pero los temores sobre el incumplimiento del acuerdo por parte del Khmer Rojo, se confirmaron cuando llegó el momento de la entrega de las armas. El grupo guerrillero, que gobernó el país a partir de 1975, cuando llevó a cabo una reorganización violenta de la sociedad que costó más de un millón de muertos, se negó a hacerlo con el alegato de que aín no se ha retirado enteramente el ejercito vietnamita que le derrocó en 1978.
El deterioro de la posición del Khmer Rojo llegó a su culminación en abril, cuando abandonaron sus oficinas en la capital y se dedicaron abiertamente a masacrar a poblaciones enteras de inmigrantes vietnamitas y a atacar a los miembros de la ONU, con la mira puesta en evitar la realización de las elecciones de este mes. La Organización insiste en el cumplimiento de su mandato, pero las posibilidades de que la guerra civil retome su virulencia son cada dias más grandes.
Cuarenta y uno de los empleados de la ONU encargados de la organización electoral han renunciado en las últimas semanas, como consecuencia de haber sido enviadas a zonas controladas por el Khmer Rojo. Se trata ds una campaña de intimidación bien orquestada, que podría dar al traste cor un programa que ha sido visto como piloto de la nueva política de la ONU y que por lo tanto podría ser indicativa de su real eficacia.

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