Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 2009/04/02 00:00

Alfonsín deja importante legado y asignaturas pendientes

Alfonsín deja importante legado y asignaturas pendientes

BUENOS AIRES (AP) — Cuando en julio de 1989 Raúl Alfonsín entregó el poder anticipadamente acuciado por una brutal crisis económica, la condena popular a su gestión era casi unánime. Veinte años después, es también mayoritaria la indulgencia ante sus errores y su ponderación como padre de la joven democracia argentina.

El contrapunto entre su salida del poder y de la vida es reflejo de la ambigüedad que marcó su gestión (1983-1989): la de un estadista de talla que promovió el juicio a las juntas militares de la dictadura y luego capituló ante los intentos golpistas, con dos leyes de amnistía. Que aseguraba que con la democracia "se come, se cura y se educa" pero no pudo, o no supo, encauzar un proyecto económico que transformara a la argentina en una sociedad igualitaria.

Fue él mismo quien mejor resumió sus aciertos y errores cuando en su última aparición pública en octubre calificó a la democracia argentina de "real y tangible" pero "coja e incompleta".

"Si los contamos, todavía encontraremos seguramente más presidentes de facto que presidentes elegidos por el pueblo. Esto es lo que notablemente ha cambiado a partir de 1983: no hubo ni habrá aquí más presidentes de facto", celebró Alfonsín luego de que se descubriera un busto en su honor en la casa de gobierno.

Pero también remarcó los objetivos que no pudo completar durante su mandato: "Democracia es vigencia de la libertad y los derechos pero también existencia de igualdad de oportunidades y distribución equitativa de la riqueza, los beneficios y las cargas sociales. Tenemos libertad pero nos falta la igualdad".

El 12 de diciembre de 1983, dos días después de asumir la presidencia, Alfonsín anuló por decreto una ley de amnistía de la dictadura. Al día siguiente, ordenó también por decreto el procesamiento de las cúpulas guerrilleras y los comandantes de las tres juntas militares del régimen de facto.

Creó a tal efecto la Comisión Nacional sobre Desaparición de Personas, que recibió las denuncias sobre los crímenes cometidos por el terrorismo de Estado y compendió en el informe "Nunca Más".

En 1985, un tribunal civil condenó a los dictadores tras un juicio histórico considerado el "Nüremberg argentino".

Pero la democracia aún era débil y el malestar entre las fuerzas armadas creciente, lo que dio paso a tres rebeliones militares que lo forzaron a promover la sanción de dos leyes exculpatorias que fijaron la extinción de las acciones penales contra militares y eximieron de culpa a los oficiales de menor rango.

Según Rosendo Fraga, analista político y director del Centro de Estudios Unión para la Nueva Mayoría, esa "posición ambigua comenzó a minar su credibilidad".

"Me parece que el legado más importante de Alfonsín ha sido el enjuiciamiento de los crímenes del terrorismo de Estado... Luego no estuvo a la altura de las propias fuerzas que el había desatado y finalmente terminó impulsado las leyes de impunidad", comentó Horacio Verbitsky, periodista y analista político, en una entrevista con AP.

El brillante orador hijo de un inmigrante gallego tuvo otro frente de batalla, el económico.

Para 1985 ya había desplazado a un ministro de Economía y la inflación anual superaba el 600%. Propuso entonces una "economía de guerra" y el Plan Austral, de efímero éxito. Lo siguió el Plan Primavera, que corrió la misma suerte, mientras la central obrera peronista CGT convocaba 13 huelgas generales y perdía la mayoría en el Congreso en las elecciones de mitad de término.

La combinación de recesión, hiperinflación --más del 3.000% en 1989-- aumento del desempleo y la pobreza, desató una ola de saqueos a supermercados que minó su poder y lo obligó a entregar en julio el mando al peronista Carlos Menem, que había sido electo en los comicios presidenciales de mayo.

Fue crítico acérrimo de Menem, pero en 1993 --cuando ocupaba la presidencia del radicalismo-- selló con el riojano el llamado Pacto de Olivos por el cual la Unión Cívica Radical dio su apoyo a la reforma de la constitución que impulsaba su sucesor. Lo hizo, dijo, para salvaguardar la calidad institucional.

Tras la asamblea constituyente de 1994 Menem obtuvo la reelección que anhelaba y Alfonsín se ganó el repudio de muchos de sus correligionarios.

"Tuvo buenas intenciones, buena fe y buenas intuiciones de dónde estaba el problema, aunque después no haya llevado las cuestiones a fondo", dijo Verbitsky.

Además de considerarlo "padre de la democracia", muchos de los miles de seguidores que lo despidieron durante el velatorio en el Congreso de la Nación destacaron su condición de "político honesto", un elogio que lo distingue en una era en la que la moral de la clase dirigente está fuertemente cuestionada.

Recordaron que murió en la misma casa en que vivió, que no se enriqueció tras su paso por la función pública y que hasta su muerte podía pasearse por la calle sin recibir los vituperios de los que suelen ser destinatarios sus sucesores.

"¿Cual será el Alfonsín que la historia recordará? Con sus aciertos y errores... como un político activo, que tuvo a su cargo la apertura de la etapa más prolongada de democracia con voto popular de la Argentina y que dedicó su vida a pensar e intentar hacer la República", resumió Fraga.

¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.