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| 8/19/2006 12:00:00 AM

Alta tensión

Mientras las partes proclaman su victoria, la frágil tregua alcanzada en Oriente Medio a través de la ONU está bajo amenaza de romperse en cualquier momento.

El optimismo con el que fue recibido en un principio el cese de hostilidades en el Líbano dio paso al nerviosismo. Muchos de los puntos firmados en la Resolución 1701 de la ONU están lejos de ser puestos en práctica y la retórica subida de tono de varios dirigentes hace temer que en cualquier momento se vuelva a desencadenar el fuego. Hay quienes creen que lo peor está por venir.

La ministra de Relaciones Exteriores de Israel, Tzipi Livni, dijo que "la guerra no ha terminado". Según el comandante del Ejército hebreo, Dan Halutz, algunas de sus tropas seguirán en el sur de Líbano "hasta que la fuerza multinacional haga presencia". Por el momento, en la zona hay unos 2.000 soldados de la Finul, misión de la ONU para Líbano, pero Israel espera a 15.000 hombres que, con el apoyo del Ejército regular libanés, controlen a Hezbolá. Según los primeros reportes, el despliegue total de esta fuerza podría tardar incluso un año y su presencia no aseguraría que el brazo armado de Hezbolá será desmontado.

Si Israel continúa en el sur libanés, que se reanude la violencia es cuestión de tiempo. El líder de Hezbolá, Hassam Nasralá, aseguró que sus hombres seguirán atacando mientras ello suceda. También hay dudas de la voluntad política y de la capacidad de Líbano para desarticular a Hezbolá. Elías Murr, ministro de Defensa libanés, dijo que su Ejército "no se desplegará en el sur para desarmar a Hezbolá, lo que el propio Israel no ha hecho". Esto representa uno de los principales obstáculos para la implementación de la resolución del Consejo de Seguridad que pide expresamente que "no haya más armas ni autoridad en Líbano que las del Estado".

Otro de los puntos que contempla el acuerdo es "la liberación sin condiciones de los soldados israelíes secuestrados". Pero ni siquiera se sabe si los dos hombres en manos de Hezbolá están vivos. Además, el tema de los prisioneros libaneses y palestinos en cárceles israelíes, que fue la excusa del secuestro, todavía no se ha resuelto.

Como si lo anterior no fuera suficiente, algunos líderes de la región se enfrascaron en una guerra verbal que hace peligrar la tregua. Nasralá anunció la victoria "histórica y estratégica sobre Israel", secundado por el presidente de Irán, Mahmoud Ahmadineyad, y por el líder religioso de ese país, Mohammad Jatami, quien además amenazó con bombardear Tel Aviv si es atacado por Israel y Estados Unidos. Bashar al Assad, presidente sirio, no tuvo reparos en anunciar el triunfo de Hezbolá y en mandarle un mensaje a Israel:"Después de saborear la humillación en los últimos combates, sus armas no los protegerán... Las futuras generaciones árabes derrotarán a Israel".

Por su parte, Ehud Olmert, primer ministro de Israel, afirmó que su país era el vencedor, ya que la resolución estipula la retirada de Hezbolá del sur de Líbano y su posterior desarme, y no obliga a una retirada inmediata de sus hombres. En ese mismo sentido se pronunció el presidente de Estados Unidos, George W. Bush, quien dijo: "Hezbolá sufrió una derrota".

A pesar de esto, la percepción es que el Ejército hebreo no logró su objetivo de destruir a Hezbolá. Por el contrario, la milicia ganó protagonismo y se convirtió en símbolo de la causa radical islámica. Irán también demostró su influencia en la región y en Israel se han empezado a escuchar críticas contra el gobierno por iniciar una guerra tan costosa. Olmert reconoció que se cometieron errores y muchos han puesto en duda su continuidad al frente del país.

Sin importar quién crea ser el vencedor, la muerte de más de 1.000 personas, el desplazamiento de más de un millón y muchos poblados y ciudades reducidas a escombros dejan claro, una vez más, que con la guerra todos pierden. Lo peor es que es posible que ésta apenas esté empezando.
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