Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 2003/12/18 00:00

¡Alto ahí!

Crece el desacuerdo entre la Unión Europea y Estados Unidos con respecto a atacar Irak. ¿Por qué el Viejo Continente se opone a la guerra?

Ahora que el despliegue militar estadounidense en el Golfo Pérsico augura una guerra en Irak para mediados de febrero varios líderes de la Unión Europea (UE) dijeron "alto". En contraste con las declaraciones explosivas del presidente de Estados Unidos, George W. Bush, los países europeos (con excepción de Gran Bretaña) prefieren resolver el asunto por medios diplomáticos. Y, sobre todo, no están dispuestos a aceptar una invasión que pase por encima del Consejo de Seguridad de la ONU y que no se fundamente en pruebas de que el presidente iraquí, Saddam Hussein, posee armamento de destrucción masiva.

Así la presidencia de la Unión Europea, en manos por este semestre del primer ministro griego Costas Simitis, anunció un avance hacia una posición común ante Irak. "Nuestro deseo e intención es que no haya guerra", dijo Simitis desde Atenas. El presidente de la Comisión Europea, Romano Prodi, dijo que la guerra con Irak no era inevitable y que por ello todos los miembros deberían encontrar una solución pacífica. En los mismos días circulaba en la revista Harvard International Review un artículo duro con Estados Unidos de Javier Solana, alto representante de la UE para la política exterior y de seguridad común. Solana defendía la tesis de que una guerra preventiva sólo se legitima "mediante una forma de respaldo multilateral" y manifestaba su temor de que las diferencias de percepción y capacidad entre Estados Unidos y Europa contenían las "semillas de una posible ruptura transatlántica".

La preocupación de Solana hace eco de una sensación que cunde por los círculos de poder de Europa. En efecto, los gobernantes de Francia y Alemania, ambos miembros del Consejo de Seguridad de la ONU, se reunieron el 14 de enero y emitieron una declaración conjunta en la que se oponían a la guerra y solicitaban a Naciones Unidas una nueva resolución sobre Irak. En cuanto al canciller (primer ministro) alemán, Gerhard Schroeder, ya está haciendo carrera su independencia ante Estados Unidos en el tema desde que a finales del año pasado, ante el disgusto de Washington, hizo de su oposición a la guerra en Irak uno de sus lemas de campaña para ser reelegido. Schroeder sigue en su posición: "Queremos hacer todo lo que esté a nuestro alcance para que esto se solucione sin acciones militares", dijo. El presidente francés, Jacques Chirac, fue aún más elocuente: "El uso de la fuerza es siempre una declaración de fracaso y la peor de todas las soluciones. Creemos que una intervención militar sólo debe considerarse si absolutamente todas las opciones fallan".

Hasta el primer ministro británico, Tony Blair, principal aliado de Estados Unidos en su guerra contra el terrorismo y quien ya envió una fuerza expedicionaria al Golfo, dijo la semana pasada que en caso de que fuera necesario atacar a Irak era preferible hacerlo con la aprobación de la ONU y pidió "tiempo y espacio" para los inspectores de armas. Su declaración contrastó con la del presidente Bush de que a Irak se le estaba acabando el tiempo y que estaba "harto de juegos y engaños".

Los mandatarios parecen reflejar el sentir de los ciudadanos europeos. Según un sondeo publicado en la página electrónica de la BBC el 58 por ciento de los británicos no creen que Irak tenga armas de destrucción masiva y 77 por ciento de los franceses se oponen a un ataque. Al mismo tiempo, en Portugal, personalidades como el ex presidente Mario Soares y el escritor José Saramago fueron los primeros signatarios de un manifiesto titulado 'Por la paz, contra la guerra', que denuncia la amenaza estadounidense de guerra contra Irak.

¿Pero a qué se debe tanto rechazo europeo a la deseada guerra de Bush?

Robert Leonardi, experto en política exterior de la Unión Europea en la London School of Economics, explicó a SEMANA que una guerra con Irak traería toda clase de implicaciones negativas para Europa. Para empezar, la Unión Europea tiene un mercado mucho más abierto que el estadounidense, por lo que es mucho más sensible a las fluctuaciones del mercado mundial. "La UE siente que una guerra deprimiría el mercado mundial y la inversión", dijo Leonardi. Por otro lado, las reservas petroleras de Europa son mucho menores que las estadounidenses, por lo que el encarecimiento en los precios del petróleo que una guerra acarrearía la golpearía mucho más duro. En esta misma línea Leonardi argumenta que la fuerte presencia militar norteamericana le asegurará la mejor o acaso la única tajada en la repartición del petróleo iraquí, por lo que los europeos saldrían perdiendo. También existen implicaciones de seguridad para Europa, pues tiene una importante población musulmana y varios grupos radicales que podrían tomar represalias en suelo europeo.

A estas preocupaciones se suma el hecho de que en la UE la prioridad es la consolidación del bloque y los nuevos candidatos, por lo que los miembros no desean gastar su presupuesto en otra campaña militar y de reconstrucción nacional. Como prueba la semana pasada Chris Patten, comisario de asuntos externos de la Unión, dijo que en caso de un ataque a Irak lo más probable era que los europeos no quisieran pagar por la reconstrucción del país, a diferencia de lo que habían hecho en Afganistán.

Otros analistas explican el choque en términos filosóficos. Para Robert Kagan, de la Carnegie Endowment, los europeos y los norteamericanos ya no comparten una visión común del mundo. Los primeros estarían parados sobre la "paz perpetua" de Kant mientras que Estados Unidos se mueve en el mundo anárquico de Hobbes, donde las reglas internacionales generan desconfianza y la ley del más fuerte predomina. La razón es que a los europeos les tocó padecer dos guerras instigadas por la concepción de que los problemas se solucionan por la vía militar, por lo que ahora prefieren regirse por la conciencia. En cambio Estados Unidos estuvo en el bando victorioso en ambas conflagraciones sin que su población sufriera los horrores y se convenció al ganar la Guerra Fría que la fuerza y las amenazas traen resultados.

Sin embargo es poco lo que Europa puede hacer para impedir un ataque unilateral a Irak, que es una obsesión tal de Bush que no parece haber poder humano que lo detenga.

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