Jueves, 8 de diciembre de 2016

| 1996/04/08 00:00

AMARGA VICTORIA, DULCE DERROTA

A pesar de que José Maria Aznar le ganó las elecciones a Felipe González, los socialistas fueron quienes celebraron.

AMARGA VICTORIA, DULCE DERROTA


LAS EXPRESIONES DE JOSE María Aznar y Felipe González minutos después de las 11 de la noche del domingo 3 de marzo, escrutado el 99 por ciento de los votos de las elecciones generales en España, no podían ser más contradictorias: el triunfante dirigente conservador y líder del Partido Popular =PP=, siempre cortés, apareció frente a sus seguidores, congregados en la calle Génova de Madrid, despeinado y con el ceño fruncido. Entre tanto González, el perdedor, presidente del país desde hace 13 años y líder del Partido Socialista Obrero Español =Psoe= llegó a la sede de su campaña sonriente y entre una salva de aplausos que por poco no lo dejan hablar.
La razón de esta confusa inversión de emociones se debe a que si bien es cierto que Aznar derrotó a González no logró obtener la aplastante victoria que él, su partido y todas las encuestas preveían y que de paso significaban el puntillazo final a la carrera política del gobernante socialista. Por eso, al día siguiente, al comentar los resultados, González dijo: "Nunca hubo una victoria tan amarga ni una derrota tan dulce".
La razón es sencilla. En España rige el sistema de monarquía parlamentarista, por el cual el Rey encarga la formación del gobierno al dirigente del partido que haya obtenido la mayoría en el Congreso. Son 350 escaños, por lo que un partido requiere mínimo 176 para gobernar en solitario. En realidad el 'presidente del gobierno' es lo que en otros países se llama primer ministro.
De no lograr la mayoría necesaria, el partido que obtenga más escaños convoca a otros para hacer coaliciones hasta lograr la cifra requerida, sin contar con el partido que ocupa el segundo lugar porque éste pasa automáticamente a la oposición. En las últimas de las siete elecciones de la era socialista, González se vio forzado a hacer coaliciones, y en particular, se alió con los nacionalistas catalanes de Convergencia Unió presidida por Jordi Pujol, quien lo apoyó durante la pasada legislatura, a despecho de durísimos ataques de Aznar.
Eso le puede costar caro al ganador de las elecciones. Segundos después de la 8 de la noche de ese domingo 3 de marzo, cuando ya se habían cerrado las urnas y se autorizaba el proselitismo, miles de seguidores de Aznar llegaron a la calle Génova cantando estribillos como: "Pujol, enano; aprende castellano". Adentro Aznar seguía imperturbable. "Aznar actúa como si ya fuera el presidente", dijo a SEMANA uno de sus más cercanos asesores políticos ese día. Su tranquilidad reposaba en las encuestas, que decían que vencería con una diferencia de nueve puntos. Pero la militancia socialista salió en masa ese domingo soleado y depositó 9.210.943 votos a favor de González. Porcentualmente, sólo un punto y medio menos que su rival Aznar, que obtuvo 9.572.449 votos. En cifras redondas el PP quedó con 157 escaños, el Psoe con 140, Izquierda Unida con 21 y Convergencia Unió con 16. Ante este incierto resultado el lunes fue un día negro para la economia, que se noto en el derrumbe de las bolsas de valores: la de Madrid cayó 16,84 puntos y la de Barcelona 14,35.
En esas condiciones, Aznar y su PP tuvieron que bajar la cabeza y enviar a sus más importantes cuadros sara hacer los contactos con las demás fuerzas, a tiempo que anunciaban una investigación para averiguar quién era el que había inventado el 'desafortunado' cántico sobre Pujol. Este, en Barcelona, anunció a lo largo de la semana, y siempre en lengua catalana, que apoyaría a Aznar cuando éste reconociera, en primer lugar, que "España es un Estado plurinacional con idenlidades diferenciadas".
Y también, que luego hablarían de otras cosas.
Aznar tuvo que empezar a agachar la cabeza, a ordenar hacer pactos. El presidente González, más vivo que nunca, ordenó tranquilamente a su gobierno que preparara un traspaso "ejemplar" y que se alistara para la oposición. También anunció que votaría en contra de Aznar para su elección en el Parlamento. Si a esto se suma que el tercero en discordia, Izquierda Unida, también hará lo mismo, Aznar iniciará su gobierno muy débil, si es que lo inicia. Para completar su sombrío panorama, Pujol dijo que "podría" votar a favor pero que también "podría" ser partidario de hacerle en seis meses una moción de censura para convocar a nuevas elecciones. En España, si la oposición consigue la mayoría y demuestra que está en capacidad de construir otro gobierno, puede en el acto tumbar al de turno. O sea que si de nuevo Pujol se une a González, éste podría aspirar a la presidencia del gobierno. Eso explica porqué en la noche del 3 de marzo González llegó a la sede socialista con los resultados en la mano, una barba de tres días, sin dormir pero absolutamente feliz. Mientras que el ganador, Aznar, no podía ocultar su preocupación.

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