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| 7/12/2014 12:00:00 AM

Y otra vez los árbitros

Es muy probable que Holanda hubiera superado a Brasil con un buen arbitraje. A lo largo de los 90 minutos se mostró mucho más ordenado que Brasil.

Pero resulta triste, indignante, insólito, que desde el tercer minuto del primer tiempo un error arbitral le haya cambiado la historia al partido. En efecto, cuando Robben intentaba entrar al área, Thiago Silva lo derribó, La falta fue afuera del área, pero el juez de línea le dijo al árbitro Hamoudi, de Argelia, que había sido adentro. 

No sabremos nunca cómo hubiera jugado Brasil si Holanda no se va en ventaja tan temprano con ese penal inexistente que Robin van Persie transformó en gol. Luego llegó el segundo gol de Dani Blind, quien aprovecha una falla en la marca de la defensa brasileña. Pero la jugada nace de un centro de Jonathan de Guzmán, quien arrancó en fuera de lugar. Apenas iban 17 minutos. Brasil, si pensaba jugar y restablecer parte del honor perdido, no tuvo manera de hacerlo tras estos dos errores de los árbitros. Y claro, desde el comienzo lució desordenada, nerviosa, mal parada.

En el segundo tiempo, cuando Brasil intentó reaccionar y llegaba con cierto peligro, el juez de línea no señaló una mano dentro del área de un defensor holandés. Y, para rematar la faena, el gol de Wijnaldum en el minuto 91 nace de una falta que le permite a Holanda recuperar el balón y armar un contragolpe.

Un marcador mentiroso, no por lo que se vio en la cancha, sino porque ninguno de los goles de Holanda fue limpio y porque el partido, como diría cualquier jurisconsulto, desde el tercer minuto estuvo viciado de nulidad.

Gracias, Arjen

Es muy probable que en lugares como México, Argentina, Costa Rica y el mismo Brasil recuerden a Arjen Robben como el simulador de faltas más rápido del planeta. Pero si se deja de lado su manía por exagerar las caídas cada vez que lo tocan, al gran delantero de la selección de Holanda lo único que debemos decirle es gracias. Gracias por jugar los siete partidos como si fueran finales. Gracias por ensayar siempre, una y otra vez, penetrar defensas rivales a punta de velocidad, habilidad y un asombroso manejo del balón. Gracias por correr, o intentar correr, todos y cada uno de los minutos de cada partido como si fuera el primero, como si fuera el último. Gracias por tener en los 90 o los 120 minutos de cada partido el arco de enfrente entre ceja y ceja (y que perdone el lugar común). 

Gracias, Robben, por hacernos sentir a los cientos de millones de televidentes que lo seguimos en Brasil 2014 que el fútbol es un juego divertido. Que todavía quedan super estrellas como usted, que a pesar de la fama, juegan al fútbol con el espíritu puro y transparente de un amateur.

Triste adiós

Lo de Brasil da lástima. Cinco partidos en los que la ayuda de los árbitros le permitieron seguir en carrera. Un aterrizaje de barrigazo en la semifinal ante Alemania que desnudó lo mal equipo que en realidad era. Y hoy, esta despedida distorsionada por los errores de un arbitraje que lo perjudicó, pero también patética porque Holanda desnudó otra vez lo mal equipo que es. Una despedida similar a la del Mundial de 1974, donde también terminó cuarta tras perder contra Holanda en el último partido de la ronda semifinal y luego ante Polonia en el partido por el tercer lugar. En el otro Mundial en que Brasil había perdido dos partidos seguidos fue 1966, que en primera ronda cayó ante Hungría y Portugal, en ambas ocasiones por 3 a 1.

Para resaltar de Brasil, el público. Buena parte de los seguidores de Brasil permanecieron en el estadio de Brasilia y aplaudieron a la selección de Holanda cuando sus integrantes recibieron la medalla de bronce. Un bonito gesto.
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