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| 10/29/1984 12:00:00 AM

ANTE EL "SANTO OFICIO"

En Roma, el teólogo brasilero Leonardo Boff responde al interrogatorio del cardenal Ratzinger

Primero le tocó al teólogo brasilero Leonardo Boff, luego a todos los obispos peruanos que deben dar un juicio unánime del teólogo peruano Gustavo Gutiérrez, "El Padre" de la teología de la liberación, delante a la congregación por la doctrina de la fé. Dos métodos distintos para "juzgar" la teología de la liberación. Con Boff el diálogo directo, a Gutiérrez prefieren juzgarlo in contumacia, en su ausencia.
El padre Leonardo Boff se presentó a las diez de la mañana en punto del 7 de septiembre, vestido de franciscano con un paquete de firmas de apoyo--más de 50 mil--que pesaba 5 kilos (entre esas las de 87 prostitutas). Atravesó el enorme porton del palacio de la Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fé, al lado de la Plaza de San Pedro, antiguamente llamado Santo Oficio. Sí, Santo Oficio, la Santa Inquisición, donde se juzgaban y torturaban los herejes durante la edad media. "Me sentia solo y deprimido" decía el teólogo Boff más tarde cuando contaba su "coloquio" con el cardenal Joseph Ratzinger, prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fé, quien lo citó para discutir, no sobre la teología de la liberación, sino de su libro "Iglesia: carisma y poder", al cual se le reprocha de "doctrinas peligrosas para la fe" en lo que concierne la jerarquía eclesiástica y el pueblo, de confusión entre protestantismo y catolicismo, y hasta de haber negado que Jesucristo hubiera fundado la Iglesia.
"Al inicio me sentía como si me hubieran secuestrado las brigadas rojas", contaba Boff a los periodistas alemanes de la revista Der Spiegel que le hicieron una de las entrevistas más largas y profundas de las publicadas en Europa. "Cuando me vinieron a buscar al convento de los frailes menores el secretario de Ratzinger y otro teólogo, les pregunté si me ponían las esposas, uno de ellos me respondió: "si quiere, padre, sí". Nadie me podía acompañar, ni siquiera mi superior, ni mi hermana, ni mi hermano, el profesor de Teología. Después de tres horas de conversación pudieron entrar mis dos ángeles de la guardia, el cardenal Arns y el cardenal Lorscheider", dos cardenales brasileros que vinieron expresamente desde Brasil para apoyarlo. "Su presencia significaba que la Iglesia brasilera, con 325 obispos, sostiene la teología de la liberación, esto quiere decir también que si condenan a Boff, condenan también a todos ellos", explica.
"Dentro del palacio me llevaron a gran velocidad por un laberinto de corredores, porque no podía ser visto por la prensa y sobretodo por la television. La televisión brasilera había logrado entrar al Palacio. De improviso me encontré delante a una puerta con guarniciones de hierro, entonces pregunté a mis acompañantes: ¿vamos, ahora a la cámara de torturas?, "por amor de Dios, padre, --respondió uno de ellos-no". Me llevaron directamente al segundo piso a una sala pequeña--la sala de los caballeros de la mesa redonda--donde estaba el cardenal Ratzinger. Lo saludé con un "Cruss gott herr cardinal" dado que es de Baviera. Ratzinger me contestó gentilmente y me dijo, siéntese aquí, o allá, donde quiera. Si quiere leer en alta voz 50 páginas, lo escucho. Después hablaremos de los problemas. Léí con mucha calma la introducción larguísima donde describo la situación en Brasil y el modo en que nosotros los teólogos de la liberación queremos responder a dicha situación: 12 millónes de desocupados, 35 millónes de analfabetas, 22 millónes de niños sin instrucción elemental, 25 millónes de menores de edad abandonados (más de la población de Centroamérica), 51% de los 120 millónes de habitantes son menores de 18 años,junto a esto el fantasma del hambre, la opresión sistemática, la violación permanente de los derechos fundamentales de la persona humana".
"La Iglesia por su parte está presente de modo capilar en el tejido social del pueblo brasilero... Cuando comencé a mostrar signos de cansancio por la lectura larga, Ratzinger dijo: "¿No sería el momento de tomar un café?" y respondí: "sí, cierto". Durante la pausa hablamos libremente, mientras léía me interrumpía para hacer algunas preguntas. Más tarde me dijo: "No hay necesidad de que lea todo el texto, hasta el final, yo doy por léído todas esas páginas. Puede limitarse a sacar los puntos más importantes". Así que extraje dos de los puntos más controvertidos: la tensión entre la Iglesia de Roma y otras iglesias cristianas y la cuestión de la Iglesia vista como casta meretriz, como casta prostituta,un tema que toco en mi libro. Esta es una imagen que se usa con frecuencia para describir la duplicidad de la Iglesia: de día vive castamente, de noche es meretriz.
Cristo tiende a purificarla tal vez a través de la teología de la liberación, Ratzinger comentó: "Esto puede pasar por fariséísmo, si se ven los otros de este modo" y yo respondí: "No me excluyo de esta crítica".
"El otro punto era sobre la Iglesia de Cristo, yo sostengo que no puede ser exclusivamente identificada con la Iglesia Católica. Existen otras iglesias cristianas que le pertenecen por sus características y elementos eclesiales como lo dice el concilio vaticano II.
Ratzinger rebatió sosteniendo que el Concilio Vaticano II no lo entiende de ese modo.
"El verdadero diálogo lo tuvimos durante la pausa, Ratzinger me dijo: "La sotana le queda muy bien, padre Boff, también así se puede dar una prueba al mundo", yo respondí: "Pero es muy difícil llevar esta sotana porque en Brasil hace calor" y el cardenal: "pero así la gente ve su devoción y su paciencia y dirá: está pagando los pecados de este mundo" y yo: "necesitamos pruebas de trascendencia, cierto, pero no pasan a través de la sotana sino por el corazón es el corazón el que debe estar bien puesto" Ratzinger replicó: "pero el corazón no se ve, hay que ver algo, no?", respondí: esta sotana puede ser también símbolo de poder cuando me la pongo y subo a un bus, la gente se levanta y dice: siéntese, padre. Nosotros debemos ser servidores". -
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