Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 1993/01/18 00:00

AÑO NUEVO, PAIS NUEVO

El primero de enero el mapa europeo tendrá dos nuevos países: La República Checa y la República Eslovaca.

AÑO NUEVO, PAIS NUEVO

CUANDO COMIENCE EL AÑO 1993, SE CONSUmará el divorcio de un matrimonio que fue feliz durante 74 años. En el centro del continente dos pequeños países compartirán el espacio que hasta ahora aparecia como "Checoeslovaquia", pero con camas separadas. Realmente no es el nacimiento de Chequia y Eslovaquia sino la continuidad del proceso de división de los países de Europa del Este, que en los últimos años ha dado lugar al nacimiento de 10 republicas, sin contar las 11 repúblicas ex soviéticas.

Desde enero, los 15.5 millones de ciudadanos quedarán repartidos entre la república de Chequia, la más prospera, industrial y occidental, con unos 10 millones de habitantes, y Eslovaquia, la más atrasada, agricola y oriental, con 5.5 millones.

Checoslovaquia nació en 1918, como la federación de checos y eslovacos sobre las ruinas del imperio austro húngaro, y desde 1948 cayó bajo la egida soviética. En 1989 el país asombró al mundo con su "Revolución de Terciopelo", en la que sorprendentemente derrocaron al régimen comunista sin que se disparara un tiro. Su presidente, el dramaturgo Vaclav Havel, se convirtió en un símbolo vivo del proceso, pues habíla sufrido persecución y cárcel por la independencia desde 1968, cuando los tanques soviéticos ahogaron la primavera de Praga.

Mientras duró, la Checoslovaquia democrática se convirtió en un ejemplo para toda Europa Oriental.
Pero la marcha hacia la economia de mercado desnudó las diferencias económicas existentes entre los socios de la federación. La causa fundamental fue la aplicación de una violenta "terapia de choque" destinada a transformar en forma acelerada la economía centralizada del régimen comunista.

Semejante tratamiento se inició en 1991 con la liberación de precios de todos los productos y la eliminación de todos los subsidios. En forma paralela, el gobierno de Praga inició un audaz plan de privatización a través de un original sistema de "vouchers" o cupones, que ahora han sido imitados por Rusia.

La "terapia de choque" produjo una brutal recesión económica: el poder de compra cayó 55 por ciento en 1991, la producción cayó 20 por ciento, el desempleo llegó a 6.8 por ciento. Las inversiones extranjeras brillaron por su ausencia: apenas 400 millones de dólares (incluyendo los 300 millones de la compra de la fabrica de automóviles Skoda por la Volkswagen).

Como era de esperarse, la recesión golpeó más severamente a Eslovaquia, una zona de actividad predominantemente agrícola y relativamente atrasada. En mayo de 1992, el desempleo era del 12 por ciento alli y del 4.3 por ciento en Chequia, y de las inversiones extranjeras sólo un 13 por ciento fueron a Eslovaquia.

En junio de este año las elecciones generales dieron un resultado explosivo: el 65 por ciento de los votos de Eslovaquia fueron para el nacionalista Movimiento por una Eslovaquia Democrática de Vladimir Meciar, actual primer ministro, y para los partidos socialistas, que se oponían a la terapia de choque del gobierno de Praga. En la región checa ganó el Partido Cívico Democrático de Vaclav Klaus, en ese momento ministro de Finanzas, responsable de las reformas económicas, y ahora primer ministro. Muy pronto el gobierno de Bratislava declaró formalmente la independencia, se iniciaron las negociaciones y se hizo claro que la separación del país era sólo cuestión de tiempo. Tanto, que Havel dejó en julio la presidencia, un cargo fundamentalmente ceremonial, para no pasar a la historia como el responsable de la disolución del país.

Pero lo cierto es que si Checoslovaquia dejó de existir no fue por el efecto de una presión popular irresistiblelos habitantes favorecen la unidad según las encuestas sino por la voluntad de sus dirigentes, quienes no podrán escapar a ese juicio histórico. Quien inició el proceso fue Meciar, al proponer una confederación de dos estados que tuvieran reconocimiento internacional independiente. Su objetivo era que la reforma económica se desarrollara en Eslovaquia a un ritmo diferente del checo y su demanda era extrema pero negociable, porque creia que Klaus haría las concesiones pedidas para preservar la integridad del país.

Pero para su sorpresa, Klaus le salió adelante no sólo con la aceptación de la independencia, sino con la oferta de ayudarle a Eslovaquia a pagar su deuda externa. En ese momento se evidenció que Klaus estaba dispuesto a todo, hasta la separación del país con tal de llevar a cabo su proyecto de reforma económica sin el estorbo de una región más atrasada y dominada por viejos comunistas. Por su parte Havel no tuvo la visión de consolidar una base política supranacional a ambos lados de la frontera interna, con lo que el movimiento de masas que democratizó al país hubiera evitado la división se diluyó en la intrascendencia.

El panorama no es optimista. Los costos de la separación serán enormes, porque implican repartir desde las embajadas hasta el ejército. La división puede dar lugar a nuevos conflictos nacionales, por ejemplo, con la minoría húngara de Eslovaquia, que constituye el 20 por ciento de la población y carece de un régimen legal que la proteja.
Hungria ya ha dejado saber su preocupación por esa y otras minorías amenazadas por el ultranacionalismo de los seguidores de Meciar. El primero de enero se iniciara para los ex-checoslovacos una nueva era, caracterizada por las dificultades y las nostalgias de los divorcios inesperados.-

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