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| 7/21/2012 12:00:00 AM

Apocalypse now

Un informe de la CIA trata de predecir el futuro del mundo de ahora a 2030. El panorama para Estados Unidos es oscuro.

Adivinar el futuro es uno de los sueños más viejos del ser humano. Los griegos tenían el oráculo de Delfos, los franceses a Nostradamus y los hinchas de fútbol le creyeron al pulpo Paul. Y por lo visto, Estados Unidos tiene una pitonisa más moderna: la CIA. Desde 1996, cada cinco años, el National Intelligence Council (NIC), una rama de la agencia secreta, trata de predecir la marcha del mundo. Consultan académicos, políticos, militares y cruzan estudios de demografía, economía, política, ecología o tecnología. En noviembre, un día después de las elecciones presidenciales, le entregarán a la Casa Blanca el 'Global Trends 2030'. Desde ya se conoce el borrador y las conclusiones son, para Estados Unidos, preocupantes.

La CIA tiene un par de certezas: las clases medias crecerán, los occidentales envejecerán cada vez más, el mundo llegará a 8.000 millones de habitantes y, sobre todo, Asia va a sobrepasar a Norteamérica y Europa, pero no habrá ninguna potencia hegemónica. Y el informe tiene cuatro grandes preguntas que pueden cambiarlo todo: ¿Logrará la tecnología resolver los problemas de urbanización, cambio climático y presión sobre los recursos naturales? ¿Se adaptarán las instituciones internacionales a estas nuevas circunstancias? ¿Los cambios de liderazgo terminarán en guerras? ¿Estados Unidos podrá reinventar un orden mundial?

A partir de esa reflexión, la CIA dibuja tres grandes tendencias:

En mil pedazos

Las diferencias en el crecimiento económico redistribuyen los roles y los equilibrios mundiales. Occidente se hunde mientras Asia se levanta como nuevo centro mundial, estimulado por los avances tecnológicos. Los mercados son volátiles y los cambios climáticos amenazan la estabilidad, provocando migraciones masivas. No hay voluntad política de asumir un liderazgo para resolver los desafíos globales. La cooperación entra en decadencia y los riesgos de conflicto se acentúan, incluso entre las grandes potencias.

Todos amigos

Es el único escenario positivo y el único en el que Estados Unidos sigue siendo un jugador de primer plano. Gracias a la democratización de China, el gigante asiático se alinea con las democracias liberales. Así logran superar las diferencias en Corea del Norte, Taiwán o el Mar del Sur de China. El trabajo conjunto de Beijing y Washington provoca una revolución tecnológica. Estos avances siguen varios caminos: innovaciones ligadas a la energía, la comida, el agua, la posibilidad de predecir el comportamiento y de mejorar las capacidades físicas humanas. El mundo entra en una "edad de oro". Los países que están entre las dos superpotencias como Turquía, Rusia e Israel se vuelven focos de creatividad. Hay un consenso sobre la política energética y flujos cada vez más grandes de trabajadores.

Apocalipsis 2030

Es el peor escenario para Washington. Ahogado por sus problemas presupuestarios, Estados Unidos se repliega y cierra sus fronteras. Las tensiones regionales son cada vez más grandes. Los musulmanes se desgarran entre chiítas y sunitas. Conflictos entre China, India y Pakistán ponen a Asia al borde del abismo. El mundo vuelve a un escenario de inestabilidad "preestadounidense", como el del principio del siglo XX. Las inversiones militares impulsan el crecimiento económico, los gobiernos intervienen más, mientras la innovación civil es escasa. Las instituciones multilaterales como la ONU tienen las manos atadas por las divisiones de los miembros. Los precios de la comida no dejan de aumentar, los conflictos por el agua se disparan y hay un creciente número de Estados fallidos.

Las conclusiones de la CIA pueden sonar extrañas, pero en los informes precedentes acertaron en un par de tendencias que guían el mundo. Y puede ser que el mito de la decadencia de Estados Unidos sea casi parte del ADN nacional: lo evocaron cuando los soviéticos enviaron el Sputnik al espacio, después del fiasco de la guerra de Vietnam o en la década de los ochenta con la invasión económica japonesa. Por eso, muchos piensan que los vaticinios son exagerados, irreales e incluso apocalípticos y prefieren no creer en las brujas de la CIA. Pero que las hay, las hay.
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