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| 6/25/2011 12:00:00 AM

Apuesta arriesgada

Al anunciar el comienzo de la retirada de Afganistán, Barack Obama se la jugó para complacer al electorado, pero socavó las negociaciones con los talibanes y no dejó tranquilos a los militares.

Dicen que es más fácil empezar una guerra que terminarla, y Barack Obama lo está viviendo en carne propia. Para el presidente norteamericano no fue fácil tomar la decisión de acelerar el retiro de los soldados norteamericanos de Afganistán en los próximos meses. Al final anunció que sacará 10.000 en los próximos meses, y otros 23.000 antes de noviembre de 2012, lo cual generó polémica, pues los altos mandos del Pentágono sostenían que no era conveniente devolver más de cinco mil soldados, lo que estaba previsto inicialmente, porque para consolidar los éxitos conseguidos hasta ahora era necesario mantener la presencia militar a tope por lo menos hasta 2013.

Pero Obama prefirió jugársela por el lado de las conveniencias políticas. Con la campaña por la reelección a la vuelta de la esquina, al presidente le conviene empezar a cumplir una de sus principales promesas como candidato: hacer todo lo que esté a su alcance para terminar cuanto antes la guerra en Afganistán. Y al decidir una retirada más pronta, Obama trató de sintonizarse con los electores. Según una encuesta realizada este mes y publicada por CNN, el 62 por ciento de los norteamericanos se opone a la guerra en Afganistán y el 74 por ciento está de acuerdo con el retiro total o parcial de las tropas. "Estados Unidos, es el momento de concentrarse en la construcción nacional aquí en casa", dijo Obama en su discurso.

La muerte de Osama bin Laden, sin duda, también tuvo mucho que ver en la decisión de Obama. La percepción general es que con la muerte de su máximo líder Al Qaeda quedó seriamente debilitada. Además, el diario The New York Times reveló que de treinta dirigentes de la red terrorista identificados en la frontera entre Afganistán y Pakistán, ya han sido dados de baja veinte. Ante este panorama, muchos consideran que la misión en Afganistán ya está cumplida, hay un gobierno instalado, el de Hamid Karzai, y no se justifica seguir gastando 110.000 millones de dólares anuales, sobre todo en un momento tan crítico para la economía norteamericana. Y 27 senadores, tanto republicanos como demócratas, le habían enviado una carta al presidente en la que le pedían que iniciara una reducción considerable y sostenida de las tropas.

En efecto, como dijo a SEMANA Peter Feaver, profesor de Ciencias Políticas de la Universidad de Duke, el de Obama "es un plan trazado más por el calendario electoral norteamericano que por estimaciones prudentes sobre las condiciones del terreno en Afganistán". Precisamente el jefe del Estado Mayor Conjunto, Mike Mullen, criticó la decisión de Obama y aseguró que "la mayor cantidad de tropas por más tiempo es, sin lugar a dudas, el camino más seguro".

Y es que la apuesta de Obama es arriesgada, entre otras cosas porque en los últimos meses el Departamento de Estado estaba empeñado en atraer a los talibanes a negociaciones de paz, una consecuencia lógica de los éxitos contra Al Qaeda. En efecto, aunque ese grupo de fanáticos religiosos afganos les dio refugio a los terroristas de Bin Laden, en el fondo la responsabilidad del ataque del 11 de septiembre de 2001 no es de ellos, y ahora el conflicto afgano adquirió un tono eminentemente local. Sin embargo Feaver considera que "desde el punto de vista de Estados Unidos, las negociaciones eran más propensas a ser exitosas si los talibanes creían que el trato que iban a recibir el próximo año era más fuerte que el que recibieron este año".

La situación en Afganistán está lejos de estabilizarse, pero ya no es fácil justificar la presencia de ejércitos extranjeros. Aunque a finales del próximo año todavía quedarán cerca de setenta mil militares norteamericanos en el terreno, Francia y Alemania ya anunciaron que también iniciarán la salida de sus tropas. Todo ello puede generar un caos aun mayor para los afganos, que todavía no parecen estar listos para tomar las riendas de su destino. Pero ese, por lo que parece, dentro de poco será un problema exclusivamente suyo.
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