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| 8/21/1989 12:00:00 AM

AQUI MANDO YO

Ya nadie sabe qué hacer para poder sacar a Noriega.


Que al General Manuel Antonio Noriega iba a ser difícil de sacar de Panamá era algo que sabía Ronald Reagan desde que comenzó hace más de 18 meses, su campaña para destronar al hombre fuerte del istmo. Pero hoy, cuando todo se ha intentado, desde las presiones económicas y diplomáticas hasta la derrota de su candidato en las elecciones presidenciales, el gobierno de Washington ya no sabe qué más hacer.

La postura más pragmática del nuevo presidente George Bush ha buscado que sea la Organización de Estados Americanos la que consiga el objetivo de entregar el poder efectivo de Panamá a un presidente elegido por medios democraticos. Pero la semana pasada la resolución aprobada por la Asamblea XXII de cancilleres de la organización tampoco llenó las expectativas de los norteamericanos y, lo que es más, llenó de ira a los sectores de oposición panameña, que alegan que lo único legal en Panamá es entregarle el poder a su candidato Guillermo Endara, quien según ellos ganó al oficialista Carlos Duque las elecciones presidenciales del 7 de mayo.

La reunión, presidida por el canciller colombiano Julio Londoño, se convocó para escuchar el informe que la comisión de la OEA--integrada por el secretario general de la Organización, el brasileño Mario Baena Soares, y los cancilleres de Trinidad- Tobago, Ecuador y Guatemala--rendiría sobre su segunda ronda de gestiones en Panamá. Pero, al final, los términos poco claros de la resolución aprobada hicieron pensar a muchos observadores que la salida de Noriega se producirá sólo cuando el propio general así lo decida. La reunión resolvió prorrogar --por tercera vez--su misión especial en Panamá hasta el 23 de agosto, con el fin de que de nuevo sus comisionados puedan "asistir a las partes en la celebración de negociaciones, de manera que lleven a cabo la transferencia de poder el 1º de septiembre de 1989 y celebren elecciones libres en el menor tiempo posible". La transferencia de poder debe tener lugar "por medios democráticos y de acuerdo con los procedimientos internos vigentes en Panamá".

Juan Sosa, representante diplomático del depuesto presidente Eric Del Valle (a quien sigue reconociendo el gobierno de Estados Unidos), dijo que era "un chiste" que la OEA se convierta en tribunal electoral y declare nulas las elecciones del 7 de mayo, las que, según su corriente, fueron ganadas por su candidato Guillermo Endara.

Pero ya resulta evidente que la OEA no desea condenar específicamente a Noriega, pues los cancilleres latinoamericanos parecen resueltos a no atravesar la tenue frontera que separa a las funciones de la OEA como organismo hemisférico, de la intervención en los asuntos internos de un país miembro. Pero, a pesar de ello, el secretario de Estado adjunto norteamericano, Lawrence Eagleburguer, declaró en la reunión que el texto aprobado "deja en claro lo que debe pasar antes del 1º de septiembre para que tenga lugar la transferencia del poder: Noriega debe irse".

Ningún país apoyó esa interpretación. El canciller venezolano, Enrique Tejera, declaró que "no vemos nada más (en el informe) de lo que estrictamente dice". Pero Eagleburguer insistió en su apelación a la OEA, al decir que la Organización había asumido "la responsabilidad histórica de poner fin a la crisis en Panamá el 1º de septiembre. Algunos dudan de que la OEA pueda cumplir esa tarea, pero el presidente Bush y yo lo sabemos". Pero los observadores internacionales coincidieron en que el camino por recorrer no parece tener fin a la vista. -
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