Sábado, 20 de diciembre de 2014

| 1984/01/23 00:00

ARAFAT, UN MAGO EN ESCAPATORIAS

Desterrado y derrotado, el lider palestino vuelve a preocupar a sus enemigos reuniéndose con el mandatario egipcio

ARAFAT, UN MAGO EN ESCAPATORIAS

El día de la evacuación de las tropas de Yasser Arafat, el viejo puerto de Trípoli que durante la Edad Media fuera un punto clave de comercio entre Oriente y Occidente, y que ahora se llena de vez en cuando con grandes barcos que toman petróleo de la refinería local, exhibe los destrozos que en el muelle principal y algunos edificios han dejado los bombardeos de la armada israelí de las últimas semanas. Sin embargo, en esa mañana del martes 20 de diciembre el ambiente no es de guerra. Primero cientos y luego miles de personas comienzan a concentrarse allí. La mayoría son combatientes de todas las edades llevando los ya clásicos fusiles rusos Kalasnikov al hombro, junto con maletas y coloridas bolsas de plástico con efectos personales. Entre la multitud se distinguen algunas mujeres en trajes de fatiga verde olivo, tan cargadas de armas ligeras, y paquetes como los hombres. Muchos familiares de los combatientes se embarcan con ellos, varios con sus pequeños hijos, camas plegables y pañaleras como único menaje.
De pronto, una caza sobrevuela el puerto. Es un avión israelí espiando la evacuación. No hay pánico. Se oyen unos aislados disparos de artillería antiaérea, mientras que algunos palestinos saludan con sus brazos al aparato, creyéndolo francés. Los cinco buques griegos con banderas azul y blanco atracados allí siguen llenándose de gente. En alguno de ellos se monta un lanzador de misiles. A las cinco horas, los barcos, escoltados por buques de guerra y helicópteros franceses, salen del puerto.
Arafat, su estado mayor y casi mil guerrilleros abordaron el "Odyseeas Elytis" sin ceremonias ni despedidas. Arafat no hizo siquiera una declaración, fuera de desear a sus seguidores un pronto reencuentro ''en Jerusalen". Pero no había alegría en esta ocasión, como sí la hubo 16 meses atrás, el 30 de agosto de 1982, cuando fueron expulsados de Beirut por el ejército israelí. en esta ocasion nadie pudo escapar al hecho de que quienes los habían arrojado al mar de nuevo no era Israel sino sus hermanos palestinos y Siria, un gobierno árabe. Un fedayín antes de partir habló con un periodista del New York Times: "Nos sentimos amargados por lo que hacen los tiranos árabes. Hemos sido tratados injustamente. Somos luchadores, no turistas viajando en barcos. Mi lugar correcto no es Sudán o Yemen o Túnez; es cerca de Palestina. Pero los árabes no quieren que tomemos nuestro verdadero lugar". Otro combatiente, originario de Bangladesh, que dijo llamarse Abdul Bari, dijo: "Estamos siendo forzados. Ahora no tenemos donde combatir".
Los leales a Arafat, cerca de 5.800 personas, fueron así, una vez más, dispersados. Yemen, Argelia, Túnez, Sudán e Irak fue su nuevo paradero. Sus adversarios en Damasco no ocultaron su regocijo con la expulsión. Al fin y al cabo ese había sido su objetivo desde que lanzaron su ofensiva militar para arrinconar y liquidar físicamente al presidente de la OLP, en mayo pasado. Según Damasco, las tropas evacuadas de Arafat no eran más de 1.700 hombres muchos de ellos no palestinos. "El resto eran desviacionistas como Arafat", expresó "Al Sifa", la rama militar de Al Fatah, hoy controlada por los disidentes. También dijeron que la expulsión fue "una derrota militar y política de Arafat" y su gente. En realidad, lejos de Líbano e Israel y separado de la mayoría de los guerrilleros palestinos, Arafat está más debil que nunca. Sin embargo, algunos creen ver que aún falta mucho para ver destruido al obstinado líder palestino. "Su aislamiento le da a él un tipo de legitimidad sin poder militar", dijo al New York Times un analista.
Lo que logró Arafat horas después de ser evacuado confirmaría esa impresión de que él sigue siendo vista en algunas capitales árabes como el caudillo de la causa palestina. La reunión en El Cairo con el presidente egipcio, Hosni Mubarak fue el primer éxito del Arafat desterrado. Desde luego, ese encuentro desató la ira de sirios, israelitas y disidentes palestinos, pero tal hecho marcó el cese de seis años de relaciones hostiles entre la OLP y el único país que está en paz con Israel, gracias a los acuerdos de Camp David de 1979. Tal encuentro posiblemente le permitirá a Arafat ganar tiempo para reorganizar sus fuerzas y le da un sustento político que parecía haber perdido definitivamente en las últimas semanas.
Otros indican, no obstante, que el acercamiento a Egipto, régimen boicoteado todavía por los países árabes, puede agravar las dificultades del líder palestino. En este sentido debe anotarse que hasta algunos de sus seguidores actuales, como Abu Iyad, criticaron la visita. Otro lider palestino, Nayef Hawatmeh, dirigente del Frente Democrático para la Liberación de Palestina, que hasta la fecha había apoyado a Arafat, señaló que la reunión con Mubarak equivalía a la "ruptura de la unidad política de la OLP".
El diálogo Arafat-Mubarak no fue algo totalmente inesperado para los analistas. Arafat a comienzos de los 80, pese a Camp David, había comenzado a manifestar signos de apertura hacia el regimen egipcio, quien también dio pasos de acercamiento hacia la OLP, proceso que se estrechó a medida que el conflicto entre Arafat y el régimen sirio ganaba intensidad.
Por otra parte, el lider palestino podría también sacar dividendos norteamericanos, de su reunión en El Cairo. Un corresponsal en Washington de Radio Israel dijo tras el encuentro, que Washington ha "revertido" su política respecto de Arafat. El mismo día, un funcionario de la Casa Blanca, hablando ante corresponsales, dijo que la "supervivencia" de Arafat era "la mejor esperanza para la paz en el Medio Oriente".
Otro aspecto de la sitaución en Líbano después de la salida de Arafat es el aumento de la importancia de Francia en la región. La protección que el gobierno de París proporcionó al dirigente de la OLP y a sus combatientes, pudo mejorar en parte la imagen de Francia en la región, la cual habíase visto afectada internacionalmente a raíz de los bombardeos que hiciera la Fuerza Aérea de Francia a los sectores shiitas en Baalbeck, Líbano, a manera de represalia por el ataque dinamitero contra el cuartel central francés en la capital libanesa donde murieron 58 soldados franceses.
El Presidente Mitterrand había insistido desde su elección en mayo de 1981 que su política en Medio Oriente incluía la tesis del derecho de Israel a existir, así como el reconocimiento del derecho del pueblo palestino a tener un Estado independiente. En desarrollo de la política, y del deseo de Mitterrand de aparecer como una fuerza componedora en la región, ocurrió la participación francesa en las negociaciones que dieron lugar al intercambio de prisioneros palestinos e israelitas en noviembre pasado, que reflejó de todas maneras la creciente confianza que se está dando por parte de Israel y de la misma OLP respecto del gobierno socialista francés.
Pero no todos piensan lo mismo de Francia en estos días. El gobierno sirio criticó en duros términos el auxilio de Francia a Arafat. Radio Damasco, por ejemplo, acusó al Presidente Mitterrand de "desviar a su país de una línea de políticas justas", haciéndolo dependiente de Estados Unidos. "Desde su llegada al poder -dijo la radio oficial- Mitterrand ha sido enfático en afirmar el papel rector de Estados Unidos en los asuntos mundiales y ha compartido su inclinación por Israel, en menoscabo de las justas políticas adoptadas por los anteriores gobiernos franceses". Damasco teme que la administración francesa trate ahora de propiciar un encuentro entre Arafat y los lideres árabes, para que de allí salga un acuerdo fundado en los lineamientos norteamericanos sobre Medio Oriente.
En cuanto a Arafat mismo, las cábalas sobre su futuro inmediato son ya muchas. Lo primero que la gente se está preguntando es si él continuará siendo la cabeza visible de la OLP. Para un articulista sirio, del diario An Nahar, Arafat perdió esta batalla militar con Siria y los disidentes de Al Fatah, pero ganó una importante publicidad. Por otra parte debe tenerse en cuenta que los adversarios de Arafat no han logrado ganar hasta el momento apoyo en sectores fuera de las filas de Al Fatah. Como se sabe, el Frente Popular para la Liberación de Palestina (FPLP), de George Habashy ha respaldado a Arafat.
Ello no quiere decir que Arafat no haya sufrido. Por ejemplo, Al Amal organo del derechista Partido Falangista de Líbano dijo que Arafat al perder su base en Líbano había perdido su independencia política.
Falta ver si su nueva relación con Egipto es el primer paso hacia un acuerdo con Estados Unidos o simplemente un paso más hacia un nuevo consenso diplomático que provea a los palestinos de un hogar propio en Medio Oriente.

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