Martes, 24 de enero de 2017

| 1988/09/26 00:00

ARDE LISBOA

En el peor desastre desdé 1755, se quema la parte histórica de una de las ciudades mas bellas del mundo.

ARDE LISBOA

La mañana del 25 de agosto de 1988 se va a quedar durante mucho tiempo en la memoria de los portugueses. Ese día un incendio que comenzó en los grandes almacenes Grandela de Lisboa, acabo extendiéndose a las edificaciones vecinas, dejando al cabo de 10 horas una triste escena de desolación y destrucción. Buena parte del centro histórico de una de las capitales más encantadoras de Europa quedó reducida a escombros. Los esqueletos de los edificios quemados y a punto de derrumbarse fueron lo único que sobrevivió a la furia de las llamas.
Las escenas del voraz incendio produjeron conmoción en el Viejo Continente. Antes de la tragedia muchos pensaban que dentro de las cosas que había traido el progreso, estaba la de haber prácticamente eliminado el riesgo del fuego. Sin embargo, bastó la combinación adecuada de mala suerte e imprevisión para que las cosas salieran mal. La alarma de la conflagración, que se declaró alrededor de las 2 y 30 de la mañana, sólo le fue dada a los bomberos un par de horas más tarde. El paso de las máquinas contra incendio fue estorbado por las jardineras de cemento colocadas en las calles peatonales adyacentes. La presión del agua en las mangueras fue muy baja y los chorros no alcanzaron los pisos más altos de las construcciones. Tal como anotara un testigo: "Era un verdadero infierno".
Tristemente, no es la primera vez que la capital portuguesa se ve expuesta a este tipo de calamidades. El primero de noviembre de 1755 un terremoto acabó con la mayor parte de la ciudad, seguido a continuación por un incendio que duró 15 días. La destrucción de la parte baja de Lisboa fue completa y observadores de la época calcularon que 30 mil personas perdieron la vida.
Fue precisamente en esa zona reconstruida por el Marques Pombal hace un par de siglos, donde tuvo lugar la conflagración de la semana pasada. Según los conocedores, el hecho de que buena parte de las edificaciones estuvieran recubiertas internamente por madera permitió la fácil expansión de las llamas.
A pesar de que 300 personas quedaron sin abrigo, el sector era eminentemente comercial. Aparte de los almacenes Grandela, el fuego acabó también con las tiendas de ropa Chiado y Eduardo Martins, las más grandes de la ciudad. Igualmente fue destruido el Valentim de Carvalho, el almacén de discos más importante de Portugal, al igual que el salón de té Ferrari, hecho famoso por el novelista Eca de Queiroz.
Aunque en el momento de escribir este artículo la evaluación completa de las pérdidas no se había hecho, las estimaciones preliminares las colocaban en centenares de millones de escudos. Más aún: los especialistas llamaban la atención sobre lo cuidadoso y largo que puede ser el esfuerzo de reconstrucción. Todavia no se sabe si se va a revivir el estilo arquitectónico que había antes del incendio, o si más bien se van a intentar cosas nuevas. En cualquiera de los casos, los expertos insisten en que hay que comenzar cuanto antes. Una demora demasiado prolongada puede contribuir al deterioro de la parte central que se salvó de las llamas, lo cual ampliaría todavía más las pérdidas del incendio más desastroso sucedido en Europa en esta mitad del siglo.





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