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| 4/16/2016 12:00:00 AM

Kirchner y Macri: que entre el diablo y escoja

La expresidenta y su sucesor enfrentan cargos judiciales en medio de una batalla mediática que tiene al país en ascuas.

Las investigaciones de corrupción en el gobierno de Cristina Kirchner y el escándalo de los Papeles de Panamá, donde se descubrieron sociedades con participación del presidente Mauricio Macri, han puesto al país en una situación inusual, con el actual mandatario y la exmandataria en el banquillo de los jueces.

Cuando el gobierno empieza a sentir los primeros remezones del malestar social por los aumentos de precios y la inflación, Cristina Kirchner retornó a la escena para intentar encabezar la oposición política. Su regreso como víctima de una persecución se vio favorecido por la causa judicial, la más débil de todas las investigaciones que enfrenta. En la manifestación frente a los tribunales en Buenos Aires el 13 de abril, denunció a los medios y las corporaciones, comparándose con Juan Domingo Perón. “Tanto que buscaron la ruta del dinero K, se encontraron con la ruta del dinero M», dijo, al referirse al escándalo de los Papeles de Panamá.

A Cristina se la acusa por una medida de las postrimerías de su gobierno que permitía comprar dólares a futuro a precios oficiales de 2015, antes de la devaluación que llevó el valor del dólar de 9,50 a casi 15 pesos, lo que generó ganancias fabulosas para los compradores y una enorme pérdida para el Estado.

La analista Graciela Romer dijo a SEMANA que el retorno de Cristina fue “una puesta en escena para tratar de ocupar un espacio que ha ido perdiendo desde su salida del poder en diciembre de 2015. Su imagen ha caído de un 40 por ciento hace cuatro meses a un 30 por ciento hoy, y en la manifestación no estuvieron ni los gobernadores ni la central sindical CGT”. Para Romer, Macri está en una situación muy complicada,“porque hay despidos, la inflación subió 4 o 5 puntos, lo cual provocó un deterioro de los salarios, y tiene a la población en un estado de alerta en una economía que no da señales”.

En efecto, la presencia de Cristina en los tribunales y la suma de investigaciones sobre el empresario Lázaro Báez y sus nexos con los Kirchner le han permitido a Macri desviar el descontento, y diluir el efecto de la pesquisa sobre la aparición de su nombre en dos sociedades de los Papeles de Panamá.

En la última semana, la televisión ha mostrado con deleite la detención de Báez, un exempleado bancario de la provincia de Santa Cruz que erigió un emporio de obras públicas durante los gobiernos de Néstor y Cristina (1993-2015), y el video que muestra al hijo de Báez contando millones de dólares en una empresa financiera de Puerto Madero. Y ha relatado minuciosamente la declaración de Leonardo Fariña, un arrepentido que describió lo que varios periodistas han denunciado como la ruta del dinero K: los sobreprecios de obras públicas, las facturas falsas, la fuga de cerca de 55 millones de dólares a Uruguay para regresar limpios mediante bonos del Estado que luego vendían en Buenos Aires. En paralelo, la causa Hotesur, la cadena hotelera de los Kirchner en el centro turístico del Calafate, que facturó a las empresas de Báez y a Aerolíneas Argentinas millones de dólares por habitaciones que nunca se ocuparon.

Si bien la novela de Báez, Fariña y los K se lleva el rating, Macri tampoco se salva, al haber sido imputado por no declarar ante la Administración de Impuestos las sociedades de Panamá, ni se salva del descrédito justo cuando trata de aparecer como luchador contra la corrupción.

Rosendo Fraga, de Nueva Mayoría, dijo a SEMANA que el gobierno ha manejado arbitrariamente el tema de los Papeles de Panamá, lo cual “ha afectado la imagen del presidente argentino en los medios de comunicación internacionales”, al mismo tiempo que las investigaciones de corrupción “avanzan de lleno sobre el kirchnerismo, pero también complican políticamente al oficialismo”.

El ejemplo de Brasil, donde los escándalos de corrupción han llevado a decenas de políticos a la cárcel y amenazan de muerte al gobierno de Dilma Rousseff, pende sobre la cabeza de los gobernantes argentinos, cuando la situación social se empieza a tensar, con un shock de aumentos de precios: agua, 375 por ciento; gas, hasta 300 por ciento; electricidad, hasta 700 por ciento en algunos casos,; y transporte, 100 por ciento, con una inflación del 8,6 por ciento en los dos primeros meses de 2016, superando la cifra de Colombia en 2015.

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