Domingo, 11 de diciembre de 2016

| 2001/10/29 00:00

Argentina podría contagiar a otros países latinoamericanos

Guillermo Calvo, jefe del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), habla sobre la situación de Argentina y sobre las posibles consecuencias en la región. Norma Domínguez lo entrevistó.

Argentina podría contagiar a otros países latinoamericanos

Guillermo Calvo, el hombre que anticipó el "tequila" mexicano y actual jefe del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), habla sobre la situación de Argentina, cómo llegó al default y cuáles serían sus posibles consecuencias en la región. Vaticina que, según sean los resultados, la crisis argentina puede llegar a marcar un antes y un después en la política exterior del Tesoro de Estados Unidos respecto de América Latina. * Norma Domínguez lo entrevistó.

Norma Domínguez: La situación de la Argentina es muy difícil y muchos se preguntan cómo llegó a esta crisis y a tener cuatro años de recesión sostenida...

Guillermo Calvo: El primer año de recesión, 1999 esencialmente, es una recesión que tiene toda América Latina así que no es difícil de explicar ya que tiene que ver con la crisis rusa y también con que el resto de la región estaba en problemas. Donde empieza a separarse la Argentina es en 2000 y 2001, y una posible explicación que yo favorezco es que se combinó que la Argentina tenía una tasa de cambio muy fija, que requiere un convencimiento muy fuerte por parte de las autoridades de que hay que mantenerla y ajustar todas las otras variables para poder hacerlo y, en mi opinión, ese no fue el caso: había mucho revuelo y resistencia política más bien, a hacer las cosas que la convertibilidad requería, una búsqueda constante de políticas activas o proactivas, algunas de las cuales eran incompatibles. Y el tema se agravó aún más, en mi opinión, cuando sube el ministro (Domingo) Cavallo, que dijo explícitamente en varias ocasiones que el Banco Central debería ser un instrumento para reactivar la economía. En ese contexto fue destituido Pedro Pou (NR: presidente del Banco Central de la República Argentina), se empezaron a inventar otras cosas como la canasta de monedas, por ejemplo, que llevó a los inversores a pensar que ahora sí era inevitable un colapso monetario en la Argentina, que se iba a abandonar la convertibilidad y que cuando eso sucediera la situación económica iba a empeorar muy seriamente debido a que, como es bien sabido, la economía argentina está muy dolarizada, la gente tiene deudas en dólares y eso iba a llevar a una quiebra generalizada del país, que lamentablemente es lo que estamos viendo. Entonces, para sintetizar, creo que fue un intento de reactivación con políticas que no funcionaron y que terminaron rompiendo la convertibilidad con las consecuencias que estamos viendo hoy día.

N.D.: En la Argentina existían dos corrientes cuando se declaró la crisis terminal. Por un lado dolarizar la economía, y por otro lado devaluar, pesificar y declarar el default. ¿Cree que se optó por el camino correcto?

G.C.: Todavía no se ha optado por un camino claro. No sé cuál va a ser el camino que se tome. Por lo que se ha optado hasta ahora es por algo que no va a funcionar y que por eso va tener que ser modificado. Se optó por una dolarización de los depósitos; una pesificación de una parte importante de los préstamos de los bancos, lo que crea un agujero en el balance de los mismos; por un tipo de cambio dual, donde uno es fijo y el otro es libre; y todavía no se ha dicho nada acerca de cómo se va a desmantelar el "corralito". O sea, estamos en la mitad de la situación en la que hay una total falta de claridad; donde momentáneamente hay una inconsistencia, porque supongamos que de pronto se devalúa el peso fuertemente (lo que es posible porque en este momento el dólar paralelo está a $1,85), a los bancos los quiebra porque tienen obligaciones en dólares y los activos en pesos. Por eso quiero aclarar, y no quisiera que suene como una crítica, que debido a lo complicado de la transición todavía no sabemos adónde se dirige la Argentina.

N.D.: Usted anticipó el "tequila". ¿En qué se parece esta crisis argentina al tequila mexicano de 1995?

G.C.: Se parece mucho. Tanto en México como en Argentina el sistema se rompe porque el Banco Central aumenta el crédito, se pierden reservas y, luego, cuando tiene una crisis monetaria, se crean una serie de otras dificultades. En el caso argentino es peor porque está fuertemente dolarizado. México no lo estaba, había algo de eso, pero no tanto como lo está la Argentina. Entonces, cuando se devalúa, si no se pesifica todo –estamos pesificando sólo una parte, ya que toda la gente que tiene otros compromisos en dólares a lo sumo podrá por un tiempo seguir pagando en pesos, por lo que todo eso va a tener que renegociarse– se agrega encima un problema legal espectacular que tiene que ver con la convalidación y renegociación de contratos. Esto va a significar que en los próximos meses la gente se va a pasar de litigio en litigio y nadie va a tener tiempo para producir. Así que esto, lamentablemente, es probable que nos cause una situación de crisis interna más profunda.

Además, cuando ocurre el "tequila", México no estaba tan altamente endeudado como hoy está la Argentina, y tampoco había recibido todavía ningún apoyo fuerte de la comunidad internacional y por lo tanto tenía espacio para la ayuda. La Argentina ya ha tenido muchos paquetes de ayuda –perdí la cuenta de cuántos paquetes se han hecho–, hasta el punto que hoy en día presenta una deuda con el FMI de 14.000 millones de dólares y está al máximo de lo que el Fondo puede prestarle. La Argentina está en una posición donde los problemas internos que genera esta devaluación son mucho más graves y donde, por otro lado, ya ha agotado la paciencia de la comunidad financiera internacional.

N.D.: La crisis argentina es comparada con la de México, con la de Brasil, con la de Ecuador. Pensando en términos regionales, ¿qué impacto cree usted que tendrá en América Latina?

G.C.: Por el momento no ha tenido impacto alguno. Hace unas horas hablé con los representantes de México (NR: del BID) y allí la tasa de cambio ni se ha movido, el peso está superfuerte. Lo mismo en Brasil y en Chile. Por el momento no está teniendo ningún impacto, pero lo que podría suceder, y eso ya sería en el mediano plazo y corresponde a una especulación no económica mía, es que si la Argentina, por ejemplo, adoptara un camino populista que tuviera cierto éxito, tal vez eso pudiese contagiar a otros países y llevarlos a tomar medidas populistas también. Pero repito, en el corto plazo no se ve todavía ningún impacto.

N.D.: Está claro que hasta ahora el gobierno argentino ha adoptado una batería de medidas sueltas, pero no ha anunciado ningún tipo de plan. ¿Cómo repercute esta situación en los organismos internacionales?

G.C.: Si alguien viene a hablar con instituciones representando a la Argentina, la primera con la que va a tener que hablar en con el Fondo Monetario Internacional (FMI), y le va a pedir un programa donde explique qué va a hacer con la política monetaria, qué va a hacer con el "corralito", qué va a hacer con la política fiscal. Por lo tanto estamos muy lejos de eso y, bajo las condiciones presentes, sería inútil el viaje de un representante argentino porque no habría bases como para que el Fondo haga un programa. Como todo banco, el FMI tiene sus burócratas que miran el tema desde el punto de vista técnico, y después lo tienen que llevar al directorio y explicarles de qué se trata lo que están haciendo. Si el país no tiene un programa bien definido, es imaginable que el tema no llega al directorio, y si llega no se aprueba.

N.D.: A partir de esta crisis se ha cuestionado bastante el papel del FMI y de los organismos multilaterales de crédito. ¿El default de la Argentina puede significar un hito en la historia de los organismos financieros multilaterales y del FMI?

G.C.: Sí. Depende de cómo se sucedan los hechos. Si la Argentina tuviera ahora una crisis profunda y no se contagiasen los otros países, entonces la comunidad internacional se va a preguntar: ¿Realmente necesitamos un Fondo Monetario? Porque la idea del Fondo es, en gran medida, evitar los contagios. Si resulta que haciendo las cosas bien claritas como se están haciendo ahora y al país que tiene problemas se lo deja que los tenga y que haga los ajustes necesarios, no genera impacto sobre los otros países, va a haber mucho menos interés en tener una institución como el Fondo. Si a eso se le suma el hecho que se vea –como ha dicho el profesor Mercer, de Carnegie Mellon University, y muchos comentaristas importantes de aquí– que realmente el Fondo no sólo no ha ayudado sino que al darle dinero a los países todo lo que ha hecho ha sido posponer el "día D", entonces, si se compra esa visión que hoy en día es bastante popular en los medios de Washington y en particular en el Tesoro de Estados Unidos, es otra razón más por la cual podría decirse que tal vez habría que cerrar el Fondo porque no sólo no es necesario para cuestiones de contagio, sino que encima, cuando está ahí, no hace más que darle fondos a gobiernos que no hacen buenos manejos financieros.

N.D.: También se cuestiona la política exterior del Tesoro de Estados Unidos. Tanto el FMI como responsables del gobierno de Estados Unidos ya han dicho que no van a brindar más ayuda a la Argentina, aun cuando le han dado su apoyo moral. ¿La crisis argentina podría significar un antes y un después en la política exterior del Tesoro estadounidense respecto de América Latina?

G.C.: Hay un cambio de actitud, sin ninguna duda. Pero hay que esperar. Esta es la administración republicana y vino con el concepto de que todas las crisis que estamos viendo en el mundo son un producto de las ayudas que se les dio a los países. Por eso digo, si dejamos de ayudar a la Argentina desde Washington y, por ejemplo, desaparecen las crisis financieras de los otros países, va a ser la prueba empírica de que tenían razón. En este momento creo que la actitud es efectivamente bien diferente a la de la administración Clinton. Es, más bien, dejar a los países –no sólo a América Latina sino a todos– que se las arreglen básicamente por su cuenta. Pero esa actitud se va a reforzar si es que efectivamente desaparecen las crisis, y se va a cambiar si resulta que de acá a un mes, o un poco más, empezamos a ver contagios en otras partes. Ahí, entonces, ellos se darían cuenta de que la teoría que los inspiraba estaba equivocada. Por lo tanto va a haber que esperar, y podría sí, haber un antes y un después.

N.D.: Para los mercados emergentes esto dará como una sensación de desamparo, ya que de confirmarse la hipótesis, no van a poder pretender que los organismos multilaterales de crédito o el Tesoro de Estados Unidos los ayuden en caso de necesitarlo...

G.C.: Exactamente. En gran medida se les va a pedir a los países que hagan los ajustes por su cuenta. Eso no quiere decir que no se los haya ayudado, porque por otras razones sí se los ayuda. Por ejemplo, a Turquía se le ha dado una ayuda inmensa, pero es porque Turquía desempeña un papel geopolítico muy importante en esa parte del mundo. Creo que por razones políticas en general podría haber ayuda. Puedo imaginarme que si la Argentina tuviese una unión aduanera con Estados Unidos, si hubiese más inversión directa externa de Estados Unidos y una relación más íntima, entonces, el día de mañana, Estados Unidos podría estar mucho más dispuesto a darle ayuda si tiene problemas. No así una institución como el Fondo, que si bien tiene influencias políticas, son relativamente menores, y que es una institución básicamente técnica.

N.D.: ¿Esta crisis afecta los procesos de fondo como la globalización o el Alca?

G.C.: Es difícil saberlo. La opinión que yo escucho es que lo va a afectar y que lo puede afectar negativamente.

N.D.: Entonces de alguna manera podría preverse que, aunque sea por vía indirecta, podría afectar a la región, ¿no?

G.C: Exactamente, pero no se va a notar tanto. Afecta en el mediano y largo plazo, pero no es como los contagios financieros que cuando hay una corrida bancaria en la Argentina se da también México. Eso es mucho más dramático, y no es lo que está pasando.

N.D.: ¿Qué aprendieron los economistas con la crisis argentina?

G.C.: Justamente estoy terminando un pequeño trabajo para evaluar la situación argentina y le he encontrado esos paralelos que decía con la situación mexicana del 94-95, con aspectos más preocupantes.

Yo no siento que haya aprendido nada con la Argentina, creo que se trató de reactivar en el contexto en el tipo de cambio fijo. Lamentablemente Cavallo tenía esa teoría y los hechos han mostrado que estaba equivocado. Se trata de una crisis interna que se hace más compleja por lo que ya describí, y que además tiene algunos aspectos políticos: creo que la Alianza nunca se compró este modelo y que este es un modelo de Menem, de algún peronismo y no de todo el peronismo, como lo estamos viendo hoy en día. Considero que la Alianza, al asumir, lo toma más bien como una carga que como una herencia apreciada. Entonces, si no tiene apoyo político y empieza a hacer otras cosas que son incompatibles con el modelo que ha adoptado, va a tener una crisis. Así que yo no aprendí nada nuevo.

N.D.: Cuando conversamos en octubre, en Montevideo, usted me dijo que la fórmula para la Argentina era una devaluación controlada, dolarización y un blindaje de ayuda. ¿Sigue pensando lo mismo?

G.C.: Tengo mis serias dudas de que la Argentina pueda manejar una situación de tipo de cambio libre, porque la gente está muy dolarizada y le ha perdido el respeto a las autoridades de cualquier color y en particular a la autoridad monetaria. Ya se ha visto que ha podido remover al presidente acusándolo de cuestiones que no se han probado aún, y reemplazarlo por dos personajes que son seguidores del ministro de turno, perdiendo de esa forma la independencia del Banco Central. Además, se ha cambiado la convertibilidad de la noche a la mañana, cuando se pensaba que era una ley que iba a ser difícil de modificar; se ha metido la mano en los fondos de pensión y la gente todavía no se ha dado cuenta. Todo eso se ha podido hacer, y en consecuencia, cuando a la gente le digan que ahora vamos a hacer una política monetaria moderada, como la que siguen México o Chile, pienso que la gente no les va a creer y, entonces, apenas tenga un peso en el bolsillo y no sepa qué hacer con él, se va a comprar dólares y en ese caso el dólar se va a ir a cualquier valor y va a fluctuar mucho. En consecuencia, va a ser un sistema difícil de sostener.

Considero que ahora ya devaluaron, no sé dónde quieren poner la tasa de cambio –es una cuestión técnica– tal vez 1,4, y creo que la dolarización es en lo único que la gente creería si se hace bien. Porque pensaría que ya no se trata más la política monetaria de la Argentina, sino que sería la política monetaria de Estados Unidos. Yo haría desaparecer el Banco Central como tal, lo reemplazaría por un instituto de supervisión bancaria, y la supervisión la haría en consonancia con Estados Unidos también. Es decir, hasta los supervisores me traería de Estados Unidos. Porque, lamentablemente, la gente ya no cree más y en consecuencia es un lujo para la Argentina en este momento tener política monetaria independiente. Lo digo con gran dolor, pero creo que es así.

N.D.: La Argentina, y en esto coincidimos casi todos, está como al borde de la anarquía y ha vivido un estallido social muy importante. ¿Cuál es la visión que se tiene desde afuera con respecto a esto? ¿Creen que la Argentina va a estallar más gravemente?

G.C.: Existe una gran preocupación porque estamos en esta situación intermedia en la que no se han completado los anuncios y que es altamente inestable, con un tipo de cambio dual que va a crear problemas muy serios. Hace un momento hablé con el representante de Brasil (NR: del BID) y me dijo que todos los envíos de trigo de la Argentina a Brasil han sido suspendidos. Los exportadores no creen que el 1,4 dure y por ese motivo no están mandando trigo, lo que puede crear un problema de desabastecimiento en Brasil –ahí sí podría haber contagio directo–. Eso da una idea de la magnitud del descalabro que se está creando por tener un sistema que no está bien definido y que no tiene credibilidad. Que todos los envíos a Brasil estén en este momento congelados es un claro indicio que el exportador no cree, y bajo esas circunstancias se paraliza hasta el comercio internacional.

La preocupación que existe es que esto que se está haciendo ahora, y que yo espero que se modifique rápidamente, dure. Entonces, la gente común, que no sabe muy bien de estas cosas que son técnicas, lo único que va a ver es que vive mal, y de pronto puede aparecer un oportunista que le diga que vive mal porque (como ya se ha insinuado) los bancos le roban la plata, porque las firmas españolas le roban la plata, etc., y la gente puede confundirse, y de pronto votar o nombrar a un personaje que sea totalmente diferente al personaje que es necesario para funcionar en una economía de mercado. Y habría un problema espectacular. Pero yo creo que estamos muy lejos de eso.

N.D.: ¿Cómo se percibe la figura del presidente Eduardo Duhalde, que llega con una política "populista"?

G.C.: Se percibe que Duhalde es un político. También Menem, al principio, en su primera administración, vino con expresiones fuertemente populistas y después cambió. Eso no es inusual en la política del mundo: así subieron los socialistas en su momento en España y fueron los que hicieron las reformas económicas más promercado. No es algo que en principio preocupe demasiado; está usando un lenguaje populista porque la situación es grave. Pero es cierto que hasta ahora no se sabe si es realmente populista. Por ahora para Washington no es una preocupación, aunque sí lo es para las empresas que están directamente involucradas.

N.D.: ¿Y cuál es la imagen del ministro de Economía, Jorge Remes Lenicov, para los organismo multilaterales de crédito?

G.C.: A Remes Lenicov se lo ve básicamente como una persona que conoce la contabilidad nacional, que ha sido ministro de Duhalde –todo el mundo es consciente de que fue ministro durante el período de expansión del gasto–. Se sabe que es una persona que sabe llevar las cuentas y que no es un amigo del déficit fiscal. En consecuencia, es una persona seria. No es un Cavallo creativo y es menos conocido que otros ministros de Economía de América Latina. Pero no se necesita tener un genio, sino una persona que haga las cosas razonablemente, y a él se lo ve como una persona seria y razonable en este momento.



* Norma Domínguez es periodista argentina, especializada en

temas políticos y de opinión pública. Actual editora en jefe del Observatorio Electoral Latinoamericano y coordinadora de contenidos de NuevaMayoria.com.

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