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| 9/9/2017 10:15:00 PM

Santiago Maldonado, el desaparecido de la Patagonia

El escándalo por una desaparición en la Patagonia pone en primer plano el duro conflicto de los indios mapuches contra las multinacionales que adquirieron sus territorios ancestrales y les niegan hasta el acceso al agua.

Una marcha de más de 100.000 personas, replicada en todo el país, demostró que la palabra ‘desaparecido’ tiene otra vez en vilo a la Argentina. Lo hace por cuenta de Santiago Maldonado, un artesano tatuador de 29 años de quien nada se sabe desde el 1 de agosto, cuando las fuerzas del orden reprimieron una manifestación de los indígenas mapuches en tierras de Benetton, en la ciudad patagónica de Esquel. La justicia investiga la desaparición forzada de Maldonado, definición que en Argentina trae a cuento las trágicas memorias de la dictadura militar de los años setenta y comienzos de los ochenta.

Mientras el clamor social e internacional por la aparición de Santiago se hace cada vez más fuerte, el presidente Mauricio Macri y su ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, están en la mira tras un mes de dar distintas versiones de los hechos. Macri se ha visto envuelto en un vendaval que no imaginó. Apenas el 13 de agosto celebraba el triunfo de Cambiemos, la coalición gobernante, en las elecciones primarias, y se preparaba para las parlamentarias de octubre.

Pero en el medio apareció el drama de Santiago, un tatuador que vivía en El Bolsón, localidad elegida por los hippies y artesanos para llevar una vida natural, sembrar arándanos y hacer mermeladas. El 31 de julio, no lejos de allí, donde la llanura patagónica se junta con la cordillera de los Andes en la frontera con Chile, la Gendarmería Nacional reprimió un grupo de siete mapuches que cortaban la ruta nacional 40 para exigir la liberación de su líder, Facundo Jones Huala. Santiago estaba con ellos apoyando la protesta.

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La Gendarmería no solo despejó la vía, sino que en la madrugada del 1 de agosto entró a las tierras ocupadas por los mapuches, propiedad de la multinacional Benetton. Según testimonios, algunos cruzaron el río para escapar, pero Santiago habría sido introducido en un camión de la Gendarmería.

Las versiones para alejar esta hipótesis son muchas: que un camionero lo recogió en la norteña provincia de Entre Ríos días después de los hechos; que Santiago nunca estuvo en el corte de la ruta 40, porque días antes tomó parte de un asalto a un encargado de las tierras de Benetton, donde habría sido herido; que los mapuches lo habrían trasladado a Chile para atenderlo; que habría muerto y que los mapuches lo enterraron o que está escondido en algún lugar del país vecino.

Bullrich apareció por televisión para asegurar que tiene “una fuerte convicción de que la Gendarmería no se llevó a Maldonado”. Pero a medida que caen las versiones, la única que se sostiene dice que desapareció tras la acción de la fuerza de seguridad. El secretario de Derechos Humanos de la Nación, Claudio Avruj, reconoció 34 días después que las hipótesis más fuertes apuntan a la Gendarmería, y el fiscal general, Federico Delgado, solicitó investigar si el gobierno encubrió la desaparición de Maldonado.

En el centro de la tormenta está Bullrich. El día anterior a los hechos, Pablo Noceti, el segundo del ministerio, estuvo reunido con las autoridades de las provincias de Río Negro y Chubut, y ese 1 de agosto pasó por la Ruta 40 para hablar con los gendarmes que participaban del operativo.

La desaparición de Maldonado ha puesto sobre el tapete el verdadero conflicto: la exigencia de tierras del pueblo mapuche, que se ha visto desplazado por los grandes terratenientes extranjeros, propietarios de las enormes extensiones patagónicas.

La italiana Benetton tiene más de 900.000 hectáreas y es la mayor propietaria de tierras de la zona. Le sigue el magnate inglés Joe Lewis, amigo del presidente Macri, con una fortuna estimada en unos 5.300 millones de dólares, uno de los hombres más ricos de Gran Bretaña, que compró 12.000 hectáreas en torno al lago Escondido. Sus letreros de propiedad privada impiden a los habitantes de la región acceder a sus fuentes de agua.

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Por el contrario, en la deshabitada Patagonia los mapuches, que viven a los dos lados de la cordillera, llevan décadas exigiendo tierras. Echados de sus lares o aniquilados durante la llamada Conquista del Desierto en el siglo XIX, consideran que los ‘huincas’ (blancos) les robaron sus territorios ancestrales. Por eso, en 2015, un grupo de familias mapuches ocupó el sector Vuelta del Río en una de las propiedades de la Benetton, donde establecieron la comunidad Pu Lof en Resistencia, el lugar donde sucedieron los hechos del 31 de julio.

Mapuches, tierras en manos extranjeras, polarización política. El gobierno cree que “le plantaron un desaparecido” y la oposición denuncia un cariz cada vez más represivo de Macri. Mientras tanto, la pregunta sigue sin respuesta: ¿dónde está Santiago Maldonado?n

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