Viernes, 24 de octubre de 2014

| 2013/05/09 00:00

Ariel Castro, el monstruo de Cleveland

El hombre de 52 años tocaba el bajo en bandas de salsa y merengue, y sacaba a pasear a los niños.

Ariel Castro Foto: AP
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AP

Las autoridades estadounidenses presentaron el pasado miércoles cargos de secuestro y violación contra Ariel Castro, un hombre de Cleveland de 52 años de edad y de origen puertorriqueño, en cuya casa fueron encontradas esta semana tres mujeres desaparecidas hace una década.

Sus hermanos Pedro y Onil están detenidos pero no enfrentan cargos por el momento. Los fiscales no interpusieron cargos en su contra al señalar que no hay suficiente evidencia de que hayan participado en el ilícito.

La policía indicó que entre las evidencias que encontraron dentro de la casa había cuerdas y cadenas. Brian Cummins, concejal de la ciudad, informó que las mujeres estuvieron sometidas a prolongados abusos sexuales y psicológicos, y se les practicaron abortos. "Sabemos que las víctimas han confirmado que tuvieron abortos, pero no sabemos cuántos ni en cuáles condiciones", informó Cummins. "Suena demasiado espantoso", agregó.

El subjefe policial Ed Tomba dijo que las mujeres recuerdan haber salido de la casa sólo dos veces durante todo el tiempo que estuvieron secuestradas. "Nos dijeron que salieron de la casa y fueron al estacionamiento disfrazadas", indicó. Su primera oportunidad para escapar no llegó sino hasta el lunes, agregó Tomba. Las mujeres no estaban en la misma habitación, pero sabían que no estaban solas.

El funcionario agregó que también se hará una prueba de paternidad a Castro para establecer quién es el padre de la niña de seis años, cuya madre es Amanda Berry. Hace apenas una semana, Castro llevó a la niña a un parque cercano, dijo Israel Lugo, uno de los vecinos. "Le pregunté (a Castro) de quién era la niña y él me dijo que era la hija de su novia", agregó.

Quién es Ariel Castro

Castro es un exchofer de autobús escolar y su casa está ubicada en un barrio salpicado de viviendas tapiadas, justo al sur de la ciudad.

Según el archivo personal de Castro del distrito escolar de Cleveland, que la Associated Press obtuvo haciendo uso de la ley de libertad de información, Castro fue contratado en 1990 como conductor tras decir en su solicitud que le gustaba trabajar con los niños.El archivo incluye detalles de su despido, aprobado por la junta escolar el año pasado, después de que dejó desatendido el autobús por varias horas.

La página de Facebook de Ariel Castro lo identifica como residente de Cleveland. Dice que el hombre hizo la secundaria en Lincoln-West High School. Entre sus intereses menciona Virginia Beach, una raza de perros chinos y el cantante de salsa cubano Rey Ruiz.

El 11 de abril felicitó a su "tía Rosie Arlene" y le deseó una pronta recuperación tras dar a luz "un hermoso varoncito". "Eso me hace abuelo por quinta vez. Los quiero", escribió.

Sus vecinos cuentan que Castro tocaba el bajo en bandas de salsa y merengue, estacionaba en la calle el autobús escolar que manejaba, y sacaba a pasear a los niños en su motocicleta.

"Preocupado" por la desaparición de una de sus víctimas


Ariel Castro parecía acongojado por la desaparición de Gina DeJesus y otras adolescentes. La chica, quien tenía 14 años de edad cuando desapareció al regresar de la escuela, era amiga de una hija de Castro.

Castro era amigo del padre de Gina y participó en su búsqueda, relató Khalid Samad, un amigo de la familia. También tocó música en un acto de recaudación de fondos en su honor, indicó.

"Cuando buscábamos a Gina, él distribuía volantes", añadió Samad, un activista comunitario que acompañó a DeJesús y su familia a un hospital el lunes por la noche. "Tú sabes, él era amigo de la familia".

Tito DeJesús, tío de Gina, dijo que tocó en algunas bandas con Castro en los últimos 20 años. Recuerda haber ido a su casa luego de la desaparición de su sobrina y no haber notado nada raro, solo que tenía pocos muebles y estaba llena de instrumentos musicales. "Jamás se me ocurrió lo que estaba pasando", comentó.

El testimonio de los familiares

Las mujeres se reunieron con sus familiares el martes, pero fueron mantenidas lejos de los medios de comunicación. La hermana de Amanda Berry agradeció el miércoles en un breve comunicado el apoyo de la comunidad, pero pidió respeto a su privacidad.

Barbara Knight, madre de Michelle Knight, dijo en televisión que cuando su hija desapareció en el 2002, tanto ella como la policía pensaron que la joven de 20 años no quería estar con su familia.

Un hijo de Ariel Castro, Anthony Castro, dijo en una entrevista con el diario Daily Mail de Londres que hablaba con su padre apenas unas pocas veces al año y que rara vez lo veía en su casa. Precisó que en su última visita, hace dos semanas, su padre no lo dejó entrar. "La casa siempre estaba cerrada. Había lugares a los que nunca podíamos ir. Había cerrojos en las puertas al sótano, en el ático y en el garaje", añadió.

Otro pariente de los Castro dijo que su familia está "tan sorprendida como el resto de la gente". Juan Alicea, cuñado del hombre, afirmó que no visitaba su casa desde principio de la década de 1990, pero que poco antes de los arrestos había cenado con él en la casa de uno de sus hermanos.

Lucy Román, cuya casa está pegada a la de Pedro Castro y su madre, dijo que lo lamenta "por la madre"."Es una señora muy agradable", expresó.

Un letrero afuera de la casa de los padres de DeJesús decía "Bienvenida a casa Gina". Su tía Sandra Ruiz les dijo a los periodistas que pudo ver a las tres."Esas niñas, esas mujeres son tan fuertes", afirmó. "Lo que hemos hecho en 10 años no es nada en comparación con lo que esas mujeres han hecho en 10 años para sobrevivir".

El barrio de los aterradores secuestros

El barrio, donde se habla español, es humilde y tiene negocios en los que se venden computadoras usadas y se alquilan muebles. Allí abundan las personas con tatuajes. En algún patio trasero se puede encontrar un cerdo.

Cuenta con una gran comunidad puertorriqueña y todos se conocen. El gran interrogante es cómo puede ser que en un sitio como este haya sobrevivido semejante secreto durante tanto tiempo.

Una posible respuesta es precisamente que se trata de un sitio pobre, donde la gente se maneja con cautela y trata de evitar problemas, y donde la policía no siempre responde cuando se le necesita.

Uno de sus habitantes es Juan Pérez, quien aseguró que conoce a Castro desde hace décadas."Siempre se le veía feliz, bonachón, respetuoso. Se ganaba la confianza de los niños y de sus padres. Eso pasa solo si eres buena gente". Relató que Castro tenía un vehículo todo terreno y una motocicleta, los cuales usaba para pasear a los niños.

Cuestionamientos a la policía

Dos vecinos dijeron que llamaron a la policía con respecto a la casa de los Castro. Elsie Cintrón, quien vive a tres casas de distancia, dijo que su hija vio en una ocasión a una mujer desnuda que andaba a gatas en el jardín trasero hace varios años y llamó a la policía."Pero ellos no se lo tomaron en serio", afirmó.

Otro vecino, Israel Lugo, dijo que escuchó golpes en algunas de las puertas de la casa de Castro. Lugo dijo que los agentes tocaron en la puerta principal, pero nadie respondió."Caminaron a un costado de la casa y luego se fueron", señaló.

Los vecinos también dijeron que a veces veían que Castro se iba caminando con una niña pequeña a un área de juegos infantiles en el vecindario. Y Cintrón recordó que una vez vio a una niña pequeña que se asomaba por la ventana del ático de la casa.

Otro vecino dijo que observó bolsas de plástico negras después de escuchar que alguien golpeaba una puerta.

Francisco Cruz, otro habitante, relató que estuvo con Castro el día en que los investigadores excavaron un patio buscando a las muchachas. Castro, precisó Cruz, les dijo a las autoridades que "no iban a encontrar nada allí".

Ante los testimonios, los investigadores dijeron el pasado martes que no tienen registros de ninguna pista o llamada que hubieran recibido para denunciar presuntas actividades delictivas dentro de la casa en los años posteriores a la desaparición de las víctimas. Sin embargo, indicaron que aún están verificando sus registros.

Eso no tiene sentido para Lupe Collins, amiga de las familias de las víctimas. "En el barrio todo el mundo hizo lo que tenía que hacer", aseguró. "La policía no hizo su trabajo", concluyó.

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