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| 10/7/1991 12:00:00 AM

ARRANCADOS DEL HOGAR

Por fin se dilucida el misterio de la desaparición de los niños Restrepo en Ecuador. Pero la tardanza oficial es una sombra sobre todo el proceso.


LOS HECHOS COMIENZAN EN LA VIA A TUMbaco, sector de Miravalle, uno de los sectores más elegantes de Quito. En la mañana del 8 de enero de 1988, Santiago y Andrés le contaron a Dora, la empleada del servicio, que pasarían a recoger a un amigo para ir a llevarlo al aeropuerto. Dora les abrió la puerta del garaje, los despidió con un gesto de su mano izquierda, y vio cómo se alejaban en el Trooper de color café . No demorarían, pensó, pues en la tarde regresarían sus padres. el ingeniero Pedro Restrepo y su esposa Luz Helena, que se encontraban en Salinas. Pero a su regreso, sus hijos no estaban en casa.

Desde que dieron aviso de la desaparición, y hasta noviembre de 1988, los Restrepo estuvieron a merced de un complot destinado a hacer olvidar los hechos, mientras se les insistía en que no hicieran ruido. Sólo entonces decidieron tomar el caso por su cuenta. La presión que desarrollaron fue inmensa, con visitas a funcionarios y manifestaciones todos los miércoles ante el palacio de gobierno. Con todo, sólo en julio de 1990 el Gobierno de Rodrigo Borja decidió conformar una comisión internacional para aclarar el misterio.
La comisión fue integrada con Toine Van Dongen, experto de la ONU, Gustavo Medina, procurador del Ecuador, Apolinar Díaz Callejas, fundador del Comité Colombiano de Defensa de los Derechos Humanos, Juan de Dios Parra, secretario de la Asociación Latinoamericana para los Derechos Humanos, Isabel Robalino, en nombre de la Conferencia Episcopal Ecuatoriana y el abogado Guillermo Arismendi tío de los menores. Su informe no deja dudas: los Restrepo fueron víctimas de una policía corrupta, que los asesinó y luego se enredó tanto en sus falacias, que en el crimen resultaron implicados varios oficiales.

La mentira policial no tuvo límites. Se inventó un accidente que nunca ocurrió. Se trató de demostrar que los niños -de 14 y 17 años de edad- eran unos drogadictos, que el mayor tenía vínculos con la guerrilla y que la familia era de narcos. Pero el testimonio de un policía, Hugo España, obligado a ser cómplice en la disposición de los cadáveres, reveló todo. Los Restrepo fueron interceptados, detenidos y torturados hasta cuando el mayor murió y el menor fue asesinado para evitar que hablara. En la noche del 11 de enero, los cuerpos fueron lanzados a la laguna de Yambo.

Hoy son más de 40 los acusados, incluídos el autor material, sargento Guillermo Llerena, el coronel Trajano Barrionuevo, quien inició el encubrimiento, y la subteniente Doris Morán, quien manipuló a la familia durante meses y le extrajo gruesas sumas de dinero para pagar
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