Viernes, 20 de enero de 2017

| 1987/03/30 00:00

ARRIVEDERCI CUOMO

Con el retiro de Mario Cuomo, Gary Hart toma la delantera en la carrera presidencial demócrata

ARRIVEDERCI CUOMO

Estar de segundo en las encuestas sin haber empezado siquiera la carrera presidencial, resulta alentador para cualquier político, en cualquier lugar del mundo. Para Mario Cuomo, gobernador del estado de Nueva York y dueño de una popularidad que lo colocaba entre los más serios competidores por la candidatura del Partido Demócrata a las elecciones presidenciales de 1988, este lugar privilegiado no pareció, sin embargo, ser lo suficientemente tentador. En una entrevista radial, Cuomo, en un acto que sorprendió inclusive a sus más cercanos colaboradores y a su propia familia, anunció su decisión de no participar como precandidato en la contienda electoral del próximo año.

Las especulaciones sobre la verdadera causa de su retiro no se hicieron esperar. Entre ellas la que parece tener más fuerza estaba vinculada efectivamente con su familia. Se refiere al intenso escrutinio al que su hijo, Andrew, se vería sometido en caso de que su padre fuera finalmente candidato, escrutinio del cual, en opinión de muchos, no saldría muy bien librado. Abogado de 29 años y el más cercano colaborador de su padre, Andrew ha sido señalado en varias oportunidades con dedo acusador por utilizar directa o indirectamente su posición para beneficiar su firma de abogados.
Pero lo realmente importante del retiro de Cuomo no radica en el porqué del hecho, sino en cómo quedan entonces las pérspectivas de la candidatura demócrata a la Presidencia.
Sin Cuomo en la competencia, el camino queda despejado para quien es hoy el primero en las encuestas: el senador de Colorado Gary Hart, ese impetuoso joven que en la campaña de 1984, siendo prácticamente un desconocido, logró colocar en aprietos la candidatura de Walter Mondale, al ganar las primarias de Nueva Hampshire.

Claro está que hay quienes opinan, por el contrario, que será precisamente Hart el más afectado por la decisión de Cuomo, puesto que al quedar solamente él como precandidato, muchos otros aspirantes que antes temían enfrentarse a dos gigantes, pensarán que ahora sí tienen opción. Se habla, por ejemplo, de que hombres como el senádor de Delaware Joseph Biden, cuyas aspiraciones presidenciales aún no parecían muy claras, ya no dudarán en postularse. Biden tiene además la ventaja de ir tras los votos del mismo tipo de electores de Cuomo: los sindicatos organizados, los católicos de las ciudades y los activistas más decididos del partido.
También han empezado a tomar fuerza otros nombres como el del senador Dale Bumpers de Arkansas, Bill Bradley de Nueva Jersey, y los gobernadores Michael Dukakis de Massachusetts y Bruce Babbitt de Arizona.

Pero a pesar de tener un hombre como Hart a la cabeza, considerado liberal progresista y además con un extraordinario carisma, la candidatura demócrata continúa siendo tan incierta como la republicana. No sólo por la ausencia notoria de figuras capaces de liderar los dos partidos, sino además porque la crisis política generada tras el escándaló del Contra-Irangate ha relegado el tema de las precandidaturas a un segundo plano.
La gran pregunta de los electores norteamericanos en este momento no es quién será el próximo hombre en la Casa Blanca sino si el que se encuentra ahora será capaz de llegar hasta 1988. --

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