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| 6/2/2012 12:00:00 AM

Autogol fatal

Un nuevo escándalo de compra de partidos no solo tiene al fútbol italiano en estado de 'shock', sino que desnuda el enorme poder de carteles de apuestas que amenazan a todos los deportes.

"Qué bella velada de fútbol", concluyó emocionado el comentarista de Eurosport, después del partido del 22 de mayo de 2011 entre el Unione Sportiva Lecce y su poderoso visitante, la Lazio de Roma. En 90 minutos había pasado de todo. Un penalti, un autogol, cuatro tantos y una victoria de los romanos 4 a 2. Pero la semana pasada Italia se enteró de la mentira.

La Fiscalía reveló que una mafia de apostadores le pagó 600.000 euros a varios jugadores para que se impusieran los laziales. "Las ganancias pudieron llegar a 2 millones de euros", dijo el fiscal Roberto Di Martino, mientras presentaba la Operación Last Bet (última apuesta) que investiga además 14 partidos de la serie A, 22 clubes, 61 jugadores y más de 150 personas. Los tentáculos del Calcioscommesse, como se conoce el escándalo, llegan a lo más alto. La semana pasada fueron arrestados Stefano Mauri (capitán del Lazio), Kakha Kaladze (exjugador del AC Milan) y Omar Milanetto (Padova), y entre los investigados se destacan Christian Vieri, excrack del Inter de Milán; Antonio Conte, entrenador de la Juventus que conquistó el scudetto hace un mes, y el portero de la Juve y de la selección, Gianluigi Buffon. Toda Italia quedó en shock al ver a la Policía irrumpiendo en Coverciano, el centro de entrenamiento de la Squadra Azzurra que se prepara para la Eurocopa.

La Justicia indicó que los capos contactaban futbolistas y les entregaban dinero para falsear los resultados. Comprar un jugador de Serie A podía costar 450.000 euros y uno de la B, 120.000. Una banda de húngaros hacía el trabajo sucio en Italia, pero el cartel tenía cómplices en el mundo. A su cabeza estaba Tan Seet Eng, alias Dan, que dirigía todo desde Singapur. Jens Sejer Andersen, de la organización Play the game, le dijo a SEMANA que "son redes peligrosas que cruzan las fronteras, con un enorme poder. Pueden acabar con el deporte".

Uno de los investigados, Antonio Conte, fue acusado de arreglar ocho partidos cuando entrenaba el Siena en la B. Según uno de sus pupilos, "antes del partido contra el Novara, nos dijo que habíamos alcanzado un acuerdo para empatar". Leonardo Bonucci, campeón con la Juve, fue denunciado por excompañeros del Bari por vender partidos. La trama era tan evidente que tres ultras de las barras bravas amenazaron a los jugadores para que les dieran su tajada. En las pruebas hay fotos de cenas entre jugadores, apostadores y ultras.

La investigación empezó en noviembre de 2010 cuando el abogado del Cremona, de tercera división, denunció que cinco jugadores fueron drogados con ansiolíticos. Se supo que el arquero, comprado por el hampa, puso el calmante en las bebidas de sus compañeros en el entretiempo. En 2011 hubo una primera ola de arrestos que salpicó a jugadores como Giuseppe Signori, un goleador histórico de la Serie A. También cayó Cristiano Doni, capitán del Atalanta, quien pactó que un arquero rival le cometiera dos penaltis.

En ese momento el Ministerio del Interior creó un grupo especial. Se calcula que las apuestas en línea mueven más de 400.000 millones de euros al año por 15.000 sitios web, cifras que favorecen la corrupción y el lavado. Según una encuesta del sindicato de jugadores europeos, 10 por ciento de los futbolistas admitieron haber participado en arreglos.

El fenómeno es viejo, pero lo novedoso es la dimensión, pues las plataformas en línea desbordan los límites estatales y actúan desde cualquier país. Según cifras del Iris, un centro de pensamiento francés, entre 80 y 90 por ciento de estos portales son ilegales. Para Andersen, "la única forma de luchar es organizar una política internacional similar a la que se hizo contra el dopaje".

La lucha en Italia parece interminable. En 1980 el AC Milan descendió por problemas similares y en 2006 a la Juventus le pasó lo mismo, pero esos escándalos quedaron pronto en el olvido. Hasta ahora el fútbol ha resistido todo. Como le dijo a SEMANA Andrei S. Markovits, autor de The Gaming World, "El juego es impermeable. Puede que manden asesinos, corruptos, mafiosos, nadie va a dejar de ver la Eurocopa por eso".
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