Jueves, 8 de diciembre de 2016

| 1991/12/30 00:00

AVANZA EL NACIONALISMO

En Bélgica y Checoslovaquia las corrientes secesionistas adquieren un impulso preocupante.

AVANZA EL NACIONALISMO

CUANDO SE DISOLVIO EL bloque comunista y terminó la guerra fría, no faltaron quienes expresaran su nostalgia por el orden inmutable que entrañaba en las relaciones geopolíticas. Su caída dio lugar en Europa oriental al renacimiento de sentimientos nacionalistas ocultos detrás de fronteras que ya se creían inmutables. El virus contagió a Occidente y dos ejemplos están al orden del día.

CHECOSLOVAQUIA
Al asumir Vaclav Havel el Gobierno de Praga hace dos años, la separación de checos y eslovacos no figuraba en la agenda de nadie. Hoy sin embargo, la preocupación del presidente por la unidad de su país es tan grande, que lleva dos semanas atendiendo los asuntos de Estado desde una nueva oficina en el Castillo de Bratislava, en la capital eslovaca. Incluso llegó a recibir allí al presidente español Felipe González, en un intento por demostrar que es presidente de todos los checoslovacos, no sólo de sus paisanos los checos.
Su decisión forma parte de una serie de medidas que parecen haberse disparado desde el 28 de octubre, cuando Havel llegó a Bratislava directamente de una visita a las Naciones Unidas y fue recibido con una lluvia de huevos.
En el centro del movimiento separatista está el ex primer ministro de Eslovaquia y antiguo colaborador de Havel, Vladimir Meciar, quien recientemente integró a sus seguidores con el Partido Nacional Eslovaco. Los resentimientos eslovacos se basan en que siempre han considerado que tienen un status inferior al de los checos. En efecto las tierras checas de Bohemia, Moravia y parte de Silesia tienen una larga historia como entidades nacionales. En el pasado fueron gobernadas desde Viena con un régimen mucho más amplio que el sufrido por Eslovaquia bajo el dominio de Hungría, que la consideraba una parte indistinguible de su territorio. El único estado eslovaco tuvo lugar en la Segunda Guerra Mundial, como satélite de la Alemania Nazi. Havel se encuentra empeñado en una reforma institucional que equilibre las dos partes que conforman su país. Sin embargo, una reunión con líderes de ambos lados fracasó en la busqueda de una fórmula. Entre tanto, quedaron pesando las palabras del actual primer ministro eslovaco Jan Canogursky, quien dijo que Checoslovaquia debería cesar de existir cuando sea admitida en la Comunidad Europea. Deberá entrar como dos países, porque como país habrá perdido su razón de ser.

BELGICA
Sede paradojal de los organismos de integración europea, Bélgica se convirtio a partir de la semana pasada en el nuevo foco de los separatismos oesteeuropeos. Allí el problema tiene el componente adicional del avance de las tendencias de extrema derecha que buscan expulsar a los no europeos.
La población de nueve millones de habitantes está compuesta principalmente por dos grupos humanos que se polarizaron en tendencias políticas radicalmente opuestas. Por un lado está Flandes, donde vive el 57 por ciento de la poblacion y se habla el flamenco, un dialecto del holandes. Por el otro está Valonia, donde vive el 32 por ciento y se habla frances. En Bruselas, oficialmente bilingue, vive el 11 por ciento y menos del uno por ciento en una región de habla alemana.
La fricción entre los dos grupos minoritarios ha sido una constante desde que el país obtuvo la independencia en 1830 contra la dominación holandesa. Por esa razón el predominio correspondió a los valones y la rebeldía a los flamencos, quienes lograron el reconocimiento legal de su cultura en las primeras décadas de este siglo. Pero entre ellos se ha mantenido la sensación de que son ciudadanos de segunda en un país en el que son mayoría. La división linguística es reforzada por la tendencia de los flamencos a ser más católicos y monarquistas y de los valones a ser republicanos y socialistas.
Todas esas diferencias adquirieron mayor entidad después de la semana pasada. Ante la renuncia del primer ministro Wilfred Maartens, los valones abandonaron su tradicional postura socialista y abrazaron la ideología Verde. Los flamencos, por el contrario, se inclinaron por el nacionalismo neonazi del Vlaams Blok (Frente Nacional) y expresaron con ello su deseo no sólo de crear su propio estado. Sin que aún se sepa como podría formarse el nuevo gobierno, la situación belga se convierte en un foco especialmente sensible en medio de la Europa integracionista. -

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