Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 1996/09/30 00:00

BALA EN SERIO

Después de una oleada de violencia, el EPR logró consolidarse como un grupo capaz de amenazar la estabilidad de México.

BALA EN SERIO

Por los estados del sur de México soplan vientos de violencia. El miércoles pasado, 150 guerrilleros del Ejército Popular Revolucionario, EPR, decidieron hacerse sentir para contradecir las declaraciones de los voceros del gobierno que subestimaron al grupo y lo calificaron como una "pantomima". Para demostrar la seriedad de sus amenazas, el EPR consumó la semana pasada el peor episodio de violencia armada desde el levantamiento zapatista a comienzos de 1994 en el estado de Chiapas. Sin duda, los guerrilleros del EPR lograron demostrar en sus primeros 62 días que son una amenaza que debe ser tenida en cuenta mucho más allá del estado de Guerrero, al que, según creía el gobierno, se limitaban sus posibilidades de acción. Analistas mexicanos piensan que el EPR es una guerrilla con raíces marxistas ligada a organizaciones populares y campesinas. En medio de disparos y gritos de "¡El EPR sí existe!" los combatientes lanzaron una andanada de ataques contra instalaciones militares en los estados de Oaxaca, Guerrero y Chiapas que dejó un saldo de 12 muertos y 22 heridos. Los guerrilleros dejaron en Ciudad de México un volante que decía, "Se trata de una campaña político militar del Partido Demócrata Popular Revolucionario (PDPR) y del EPR en respuesta a la escalada represiva y a la militarización desplegada por el gobierno antipopular contra el pueblo y el movimiento armado revolucionario". Estos ataques, calificados como sincronizados y bien organizados, convencieron al gobierno de Ernesto Zedillo que el país no está frente a una farsa guerrillera. Prueba de ello son las declaraciones del vicealmirante Eugenio Fernández quien reconoció que el grupo armado "es serio" y no lo ve como una payasada "desde el momento en que hemos sido atacados y tenemos bajas". Aunque existe un rechazo político unánime a la violencia desplegada por el EPR, los miembros de los diferentes sectores del establecimiento azteca han tomado posiciones divergentes. El presidente Ernesto Zedillo rechazó los métodos terroristas del movimiento y lo calificó como "un grupo sin apoyo social". Aseguró que su gobierno combatirá al EPR "con las armas de la ley". El opositor y derechista Partido de Acción Nacional, PAN, criticó a Zedillo por su estrategia equivocada para enfrentar al EPR. El sector empresarial también cuestionó las políticas del presidente para combatir esta guerrilla y lo acusó de "tratar de minimizar el problema". Por otra parte, el senador Gustavo Carvajal Moreno consideró que detrás del EPR están"los narcotraficantes interesados en estorbar al Ejército en las acciones de combate a las drogas". Sea lo que fuere, con la sorpresiva aparición del EPR, el gobierno de Ernesto Zedillo se encuentra con la tarea de diseñar la mejor política para acabar con el movimiento guerrillero o darle cabida en la sociedad como lo ha hecho con el Ejército Zapatista de Liberación Nacional. Si lo que el EPR quiere es "una respuesta a la injusticia y la manipulación política del gobierno", futuros diálogos podrían formar parte de la agenda del gobierno mexicano para encontrar una salida. Lo malo es que, al contrario de los zapatistas, el EPR ha dejado saber que no tiene ninguna intención de dialogar. Su proyecto es la guerra total hasta que desaparezcan "las desigualdades y las injusticias de esta sociedad". Con ese panorama, los mexicanos parecerían tener guerra para mucho rato, con las graves implicaciones que ello tiene para su integración efectiva dentro del Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos y Canadá.

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