Miércoles, 7 de diciembre de 2016

| 1994/06/27 00:00

BALAS FRATICIDAS

Laguerra civil de Yemen es un nuevo punto de desangre del planeta.

BALAS FRATICIDAS

LA REUNIFICACION DE YEmen, un país en el sur de la península arábiga que había permanecido dividido durante los últimos tres siglos, resultó demasiado bella para ser real. Desde el pasado mes de mayo, a tiempo que se cumplían cuatro años de lo que se consideró como la redención nacional, el país se partió de nuevo en dos, en medio de una guerra que amenaza convertir a esa nación árabe en un inmenso camposanto.

Yemen fue gobernado por una sucesión de imperios extranjeros, incluido el Otomano, desde el siglo XVI hasta el año 1839, cuando Gran Bretaña tomó a Adén, la capital. En el norte, los otomanos rigieron a la nación hasta que terminó la I Guerra Mundial. En esa parte del país se instituyó una monarquía teocrática regida por los imanes Yahya y Ahmad. Pero ese orden de cosas se mantuvo hasta 1962, cuando una revuelta apoyada por el presidente de Egipto, Gamal Abdel Nasser, instituyó la república.
En el sur, el país obtuvo su independencia de Gran Bretaña en 1967 y muy pronto se convirtió en un Estado marxista con fuertes vínculos con la Unión Soviética y Cuba.

Con ese panorama se conformaron dos naciones con diferencias fundamentales. En el sur, el régimen marxista inició un ataque abierto contra el tribalismo, aumentó el nivel de alfabetización y emancipó a las mujeres, con lo que produjo un cambio profundo en el orden feudal. En el norte prevaleció en contraste la vida tribal, pues el sistema republicano no cambió las estructuras existentes de la monarquía religiosa.

Las dos fracciones del país se enfrentaron en varias guerras fronterizas, hasta que el 22 de mayo de 1990, en medio de la desaparición del bloque comunista, se unieron mediante un acuerdo de poder compartido entre el norteño Congreso General del Pueblo, del líder Ali Abdullah Saleh, nombrado presidente, y el Partido Socialista de Yemen, de Ali Salem Al-Baidh, quien quedó como vicepresidente. Las razones eran eminentemente económicas. Yemen es el Estado más pobre del mundo árabe, con una producción de petróleo muy pequeña, y mientras el sur tiene el doble de superficie que el norte, su población es un quinto de la del norte.

Las fisuras comenzaron en junio de 1993, cuando el sur, más abierto hacia el exterior, comenzó a presionar por autonomía, lo cual fue considerado por el norte como secesionismo. En agosto Al-Baidh abandonó la capital unitaria de Sana y regresó a Adén, mientras acusaba a Saleh de marginar al sur y a sus fuerzas de orquestar una campaña de exterminio contra sus seguidores.

A pesar de un pacto celebrado con mediación árabe, las hostilidades comenzaron en el país alimentadas sobre todo porque, a pesar de la unión política, las dos regiones conservaron sus fuerzas armadas separadas y buena parte de sus instituciones. Para empeorar las cosas, una de las medidas de la unidad fue estacionar fuerzas del sur en el norte y viceversa, lo cual contribuye a la violeneia hoy en todo el país.

Ninguna de las partes pareee en capacidad de derrotar a la otra, a tiempo que la declaración formal de independeneia del sur asegura una guerra prolongada. Saleh controla un ejército de más hombres, pero la mayoría de sus unidades se basa en organizaciones tribales. En cambio, Al-Baidh, con mejor fuerza aérea, tiene milicianos bien armados organizados por los comunistas antes de la unificación.

La situación se complica por las tendencias fundamentalistas presentes en el norte, lo cual podría polarizar aún más las posiciones. Un nuevo dolor de cabeza para unas Naciones Unidas que ya no resisten más.

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