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| 9/8/2012 12:00:00 AM

Barack Obama, por el segundo tiempo

Barack Obama aceptó la candidatura demócrata con un discurso que no llenó las expectativas y en un momento en el que la reelección parece dificultarse.

El jueves pasado por la noche, justo dos meses antes de las elecciones presidenciales en Estados Unidos, Barack Obama aceptó la candidatura del Partido Demócrata y les dijo a los norteamericanos que lo que viene de aquí en adelante es clave porque deben decidir entre dos visiones muy distintas sobre el futuro el país. Una, la de él, tiene como punto principal la solidaridad, la noción de que esa gran clase media estadounidense va en el mismo bus, la idea de que nadie se puede quedar atrás. La otra visión es, según Obama, la de su contrincante republicano Mitt Romney, que pone el acento en quien alcanza el éxito económico sin pensar en los demás, en el que hace plata, en el "sálvese quien pueda".

Esa noche, después de anticipar ante las 23.000 personas que llenaban el Time Warner Arena de Charlotte, en Carolina del Norte, que el porvenir es cuesta arriba, Obama dejó clara su teoría y subrayó con una oratoria envidiable las diferencias con Romney. "Sí, el camino es duro, pero conduce a un mejor lugar. Sí, nuestra ruta es más larga, pero la vamos a recorrer juntos. No vamos a mirar atrás. Y no vamos a dejar a nadie atrás". Y concluyó: "Seguiremos con los ojos puestos en ese horizonte, seguros de que la Providencia está con nosotros y de que estamos bendecidos como los habitantes de la mejor nación de la Tierra".

Las frases de Obama, lejos de inspirar ilusión como en 2008, apelaban a la noción de compañerismo y de igualdad de oportunidades entre gentes de clase media, como el propio presidente y su esposa Michelle, todo ello con el propósito de describir a Romney como aquel hombre dueño de una fortuna de más de 200 millones de dólares, que paga pocos impuestos, que ha abierto cuentas corrientes en paraísos fiscales y que como líder de Bain Capital, una firma de inversión con sede en Boston, engulló pequeñas empresas en mal estado financiero y despidió sin piedad a miles de trabajadores.

A lo largo de los 47 minutos de alocución, Obama trató de defender su gestión en la Casa Blanca, a donde llegó en medio de una oleada de optimismo pocas veces vista en la historia de Estados Unidos. "Hace cuatro años prometí terminar la guerra en Irak. Lo hice. Prometí que nos enfocaríamos en los terroristas que nos atacaron el 11 de septiembre. Lo hemos hecho. Un nuevo rascacielos se perfila en Manhattan. Al Qaeda va en retirada. Y Osama Bin Laden está muerto", dijo para poner en pie al auditorio. Algo semejante, aunque más corto, lleva diciendo hace meses el vicepresidente Joe Biden, quien saca pecho por el salvavidas que le tiró Obama a la industria automotriz cuando se hallaba al borde de la quiebra: "Bin Laden está muerto y la General Motors está viva". Ese podría ser el eslogan de la campaña en vez del ya decidido "Forward" (Adelante).

La mención de la ensambladora de carros es comprensible. No es solo porque se calcule que la ayuda financiera a ese sector hubiera impedido la pérdida de un millón de empleos, sino porque los carros en Estados Unidos se fabrican en cierta zona del país. Como le dijo a SEMANA Héctor Schamis, profesor de la Universidad de Georgetown, para quien el discurso de Obama pareció más bien uno sobre el Estado de la Unión, esa postura busca votos en dos estados determinantes, como Ohio y Michigan, tradicionalmente considerados swing states (estados fluctuantes), donde puede decidirse una elección presidencial.

A estas alturas de la campaña, sin embargo, la pelea está como para alquilar balcón. El viernes, en el promedio de la página web Real Claear Politics sobre las últimas seis encuestas, el dato era más que sorprendente: Obama y Romney empataban con un 46,7 por ciento cada uno, todo a pesar de que el 62,8 por ciento de la gente cree que el país va mal y solo el 32 por ciento piensa lo contrario. Aun cuando a Romney le falta carisma, su campaña reunirá mucho más dinero que la del presidente. Eso equivale a anuncios de televisión. Y estos a votos.

Con ese panorama de fondo, la gran pregunta es si luego de su discurso en Charlotte los norteamericanos le renovarán la confianza a Obama. Para The Washington Post, cuyo editorial el viernes se titulaba '¿Por qué otros cuatro años?', Obama debe detallar aún más su programa y aceptar ciertos errores, algo que no hizo el jueves en la noche. "Está a punto de convertirse en el presidente con peor manejo del desempleo", señaló el periódico, que añadió: "No se pueden minimizar los retos que ha enfrentado, pero hace cuatro años el señor Obama prometió tomar decisiones de fondo y sin embargo le faltó liderazgo cuando debió hacerlo".

Más duro que el editorial del Post estuvo uno de sus columnistas, el conservador Charles Krauthhamer: "Estoy asombrado", dijo en televisión el jueves muy tarde. "El hombre que en 2004 pronunció uno de los más grandes discursos de nuestro tiempo, dio en Charlotte uno de los más vacíos que hayan tenido lugar en un escenario nacional. Sacó números del sombrero, como que quiere 100.000 profesores más de matemáticas y ciencias, y que quiere 600.000 trabajadores adicionales en la industria del gas natural. Pero no dijo cómo. Yo también quiero unos Estados Unidos donde no haya enfermedades y donde cada persona tenga avión privado, pero si no explico cómo no he dicho nada".

Karl Rove, quien fuera el todopoderoso asesor de George W. Bush, se mostró en la misma orilla. "Los norteamericanos no son tontos. Después de oír a Obama deben pensar esto: "Un minuto. ¿Este señor que nos prometió el cielo en 2008 viene ahora a pedirnos cuatro años más dizque para terminar su tarea?".

Si bien es cierto que en los ya menos de dos meses que faltan para las elecciones puede pasar cualquier cosa, las tres fechas donde es factible inclinar la balanza serán las de los debates televisados. El primero, y tal vez el más importante, tendrá lugar el 3 de octubre en la Universidad de Denver y se centrará en política nacional. El segundo, sobre política nacional e internacional y ante un púbico que podrá hacer preguntas, se llevará a cabo el 16 de octubre en la Universidad de Hofstra en el estado de Nueva York. Y el último, el 22 del mismo mes, en la Universidad de Lynn en Boca Ratón, en la Florida; ahí, en ese cara a cara, podrá definirse quién prestará juramento el próximo 20 de enero ante el Capitolio para tomar posesión del cargo más importante del mundo.
 
El panfleto anti-Obama
 
“Que lo ame o que lo odie, usted no lo conoce”. Así empieza 2016: los Estados Unidos de Obama, un documental polémico, partidista, militante y conservador que, a la sorpresa general, ha llenado cines y doblegado las superproducciones de Hollywood. En la película su director Dinesh D’Souza advierte que “nada le roba tanto al futuro como las deudas del pasado”. Según él, gran parte de las acciones de Obama están directamente inspiradas en la ideología de su padre keniano, tercermundista, izquierdista y anticolonialista. No importa si Obama senior abandonó al pequeño Barack cuando tenía dos años y si solo se volvieron a ver una vez antes de su muerte en 1982. Un psicólogo explica que muchos niños sin padre buscan imitarlos para complacerlos y reconquistarlos. Así es como D’Souza viaja a Kenya, tras los pasos del padre del presidente, y a Indonesia y Hawai, donde Obama creció. En todos estos lugares encuentra pistas que explicarían su presunto radicalismo, su “complejo colonial” y sus decisiones “antiestadounidenses”. 

Las críticas han llovido. No solo por algunos datos supuestamente inexactos, sino porque algunos advierten que en el fondo D’Souza usa el mismo tipo de argumentos que pretenden que Obama no nació en Estados Unidos o que es musulmán por llamarse Barack Hussein. Pero al público poco le ha importado. El documental, que costó 2,5 millones de dólares y se estrenó el 13 de julio en un solo cine, ya recaudó cerca de 10 millones y es proyectado en 1.800 teatros. Unas cifras muy impresionantes, que los republicanos esperan convertir en votos. Sin embargo algunos recuerdan que en 2004 Fahrenheit 9/11 de Michael Moore recogió más de 119 millones de dólares, pero no logró su primer objetivo: evitar la reelección de George W. Bush. Por eso es poco probable que D’Souza cambie el curso de las presidenciales. Pero está sin duda dándole poderosas municiones y grandes motivaciones a todos los anti-Obama del país.
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