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| 1/15/1990 12:00:00 AM

A BARRER SE DIJO

El nuevo jefe del Partido Comunista tiene el encargo de acabar con la corrupción.

La imagen que recorrió el mundo a principios de la semana pasada no podía ser más elocuente. Egon Krenz, ex jefe de Estado germanooriental, aparecía como cualquier parroquiano en las últimas filas del salón que sirvió de escenario al congreso del Partido Comunista de la RDA. Su expresión reflejaba que las épocas de vacas gordas para los líderes comunistas habían quedado atrás.
Un congreso que daba la impresión de haber volteado las cosas hasta el punto que quienes estaban en el poder perfectamente podrían termínar en la cárcel, y los que hasta hace unos pocos días han soportado el frío de los muros de las prisiones estealemanas podrían quedar ahora en el poder.
En medio de semejantes circunstancias, el congreso eligio un nuevo líder para el partido, Gregor Gysi, abogado de solo 41 años y considerado un representante del "nuevo comunismo". La caída de Krenz, quien solo alcanzó a disfrutar de algunas semanas de poder, se produjo en medio de un escandalo de corrupción de grandes proporciones. Por eso, cuando se anuncio oficialmente el nombramiento de Gysi, una mujer se le acercó y le regaló una gran escoba, para que pudiera con todo el mugre del partido.
Porque ser miembro del Partido Comunista, que hasta hace poco era sinónimo de privilegios y en cierta forma de estatus, ahora es un verdadero handicap. Tanto que, ante las constantes amenazas y persecuciones de que comienzan a ser víctimas, la salida para los otrora orgullosos miembros del SED parece ser la clandestinidad.
Y aunque no se parece en nada a la clandestinidad que soportaron los enemigos del regimen durante 40 años, sí parece que por lo menos los cercanos al anciano dirigente Erich Honecker van a tener que esconderse. Porque no sólo comienzan a llegar las acusaciones sobre corrupción, lujosas mansiones y cuentas bancarias en Suiza, sino que en el desarrollo de las investigaciones por tráfico de armas la madeja comienza a mostrar hechos verdaderamente escandalosos.
Según estas, el ortodoxo dirigente comunista tenía una particular concepción del internacionalismo proletario, que lo llevaba a impulsar la ayuda económica a Cuba, aunque tuviera que "vender" a Nicaragua. De acuerdo con las investigaciones, Honecker vendio armas para la contra nicaraguense. A mediados de la semana pasada la revista germanooccidental Quick reveló que "en una ocasión el lider de Alemania Democrática negocio con el coronel Oliver North y el dictador panameño, Manuel Antonio Noriega, armas para los rebeldes nicaraguenses".
Este tipo de informaciones fortalecio el espíritu del congreso y el propio primer ministro de la República Democrática Alemana, Hans Modrow logro en un emocionado discurso que las fuerzas conservadoras que amenazaban con disolver el partido se vieran derrotadas. Con un llamado a "no comprometerse con el pasado dictatorial, sopena de provocar un desenlace violento y de poner en peligro la estabilidad incluso de toda Europa".
El llamado no era gratuito. Días antes ante los constantes asaltos de miembros de la oposición a oficinas oficiales, en donde podían encontrarse documentos comprometedores, el primer ministro hizo que algunos sectores incluidos los de las fuerzas del orden amenazaran con utilizar la fuerza si no cesaba el ataque a las instalaciones estrechamente ligadas al regimen anterior. Una de las entidades que fue prácticamente desocupada por los manifestantes y militantes de la oposición fue la de la STASI, la policía secreta, la que parece estar más comprometida en casos de corrupción como ninguna otra.
Pero las revelaciones no sólo tienen que ver con la corrupción de los dirigentes. Tambien se supo en los mentideros del congreso y se hizo público en los días subsiguientes, que las autoridades soviéticas intervinieron definitivamente para que Honecker y su camarilla no hicieran uso de la fuerza el pasado 9 de octubre, cuando los sectores más conservadores pedían una lección al estilo Tiananmen para los manifestantes que anunciaban tomarse las calles de Leipzig. Moscú advirtió que sus fuerzas instaladas en territorio aleman montarían una barrera entre la población y las fuerzas regulares del régimen si estas Insistian en disparar.
Ahora el nuevo gobierno tiene tambien un problema, no sólo el de buscarle oficio a los perros que cuidaban el muro, sino que tiene que ubicar a miles de desempleados que hacían parte de la STASI, pero cualquier protesta que se haga en este sentido de inmediato produce una manifestación de rechazo. Como si los alemanes del Este quisieran que el oficio de los perros sea que se coman a los sabuesos.
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