Miércoles, 7 de diciembre de 2016

| 1992/08/24 00:00

A BOMBAZO LIMPIO

Sendero Luminoso demuestra que está dispuesto a todo para imponer su proyecto de revolución comunista.

A BOMBAZO LIMPIO

LOS LIMEÑOS YA NO saben que hacer. Desde la semana anterior, Sendero Luminoso había lanzado una ofensiva de atentados con bombas que cobró más de 30 vidas entre la población civil, para "preparar" el "paro armado" del jueves pasado, lejos de amainar la andanada, el lunes un carro bomba destruyó la sede del Instituto Libertad y Democracia, con un saldo de cinco muertos.
El martes, las víctimas fueron la embajada de Bolivia y varios comercios. El miércoles hubo siete bombazos. El jueves un triciclobomba estalló frente a un colegio, aunque sólo algunos niños fueron heridos. Pero un taxista que se negó a entregar su vehículo fue quemado vivo en su interior.
Todo ello es la demostración de que Sendero está llevando sus planes según una estrategia cuidadosamente planeada. La guerra lanzada en 1980 se encuentra en una fase que los senderistas llaman "Hacia el equilibrio estratégico". Esta etapa se basa en la tesis de Mao de rodear las ciudades desde los campos, complementada con el concepto de Lenin de la insurrección en el espacio urbano. Hace cuatro años el líder de Sendero, un misterioso ex profesor de filosofía llamado Abimael Guzmán (conocido como "presidente Gonzalo"), en entrevista para el periódico clandestino El Diario, dio las claves para entender su estrategia: "A medida que la guerra popular se haga más fuerte, la guerra antisubversiva tendrá que intensificarse, y su consecuencia será el genocidio. En ese momento habremos alcanzado el equilibrio estratégico". Por otro lado, hace algunos meses el representante de Sendero en Estocolmo declaró que la asunción de poderes dictatoriales por parte del presidente Alberto Fujimori podría servir como un acicate para el grupo terrorista: "La represión solo nos reportará mayor apoyo y animará a las masas a unirsenos. A medida que la guerra popular se fortalezca, se incrementará la intervención norteamericana y ello a su turno fertilizará aún más a la revolución".
La caída del comunismo en la Unión Soviética y Europa Oriental, lejos de descorazonar a los senderistas, es para ellos la prueba del desastre del "revisionismo" que se apoderó de Moscú desde el gobierno de Nikita Khruschev, y demuestra que la verdadera senda es la de un maoísmo más extremo que el del mismo Mao. Semejante fundamentalismo -Guzmán jamás ha querido hablar con un periodista que no controle, ni permite ningún asomo de diálogo con el gobierno- hace pensar que los meses que siguen serán de violencia creciente. Por ahora, el respaldo popular no parece suficiente como para una insurrección generalizada. Pero eso no quiere decir que la situación no sea crítica, por la escasa moral de los organismos de seguridad y por la omnipresente infiltración senderista.
El problema es que Perú es una revolución en potencia. Mientras la población ha crecido en un 50 por ciento desde 1975, el producto nacional bruto está por debajo de los niveles de ese año. Cerca de ocho millones de personas, un tercio de la población del país, viven en Lima, donde por lo menos cuatro millones se hacinan en tugurios sin servicios públicos. Hace un año, una encuesta llevada a cabo por un organismo local reveló que el 17 por ciento de los habitantes consideraban "justificable" la subversión. El ajuste económico neoliberal del gobierno sólo empeora las cosas. Los partidos políticos sostienen que sólo mediante el regreso a la institucionalidad podría el país enfrentar con éxito a la subversión. Pero nada parece convencer de ello al presidente Fujimori, quien debió cancelar su viaje a la Cumbre Iberoamericana de Madrid, en la que aspiraba a explicar su posición ante la democracia. Falta ver si caerá en la trampa de violencia de Sendero Luminoso.

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