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| 10/18/2014 10:00:00 PM

¿Habrá maracanazo en las elecciones de Brasil?

Si la semana entrante Neves le gana a Rousseff, el terremoto político que se sentiría en América Latina movería el péndulo hacia la centroderecha.

La segunda vuelta de las elecciones presidenciales en Brasil el próximo domingo definirá la política de América del Sur para los próximos años. La final está de infarto: según las últimas encuestas de Datafolha e Ibope, hay un empate técnico entre la presidenta Dilma Rousseff del Partido de los Trabajadores (PT), y Aécio Neves, del Partido Social Democrático Brasileño (PSDB), quien sorpresivamente se coló en la segunda vuelta al derrotar a la ecologista Marina Silva.

La contienda electoral brasileña divide aguas en el continente, con los gobiernos de Evo Morales, Rafael Correa, Nicolás Maduro, Cristina Kirchner y José Mujica a favor de la presidenta Rousseff, y con la expectativa de los opositores de estos gobiernos que rezan por un triunfo de Neves que cambie el signo político del continente. La pregunta es qué pasará con el proyecto del Alba, la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Suramérica, surgido bajo la protección del fallecido Hugo Chávez, con la Unasur, la Unión de Naciones Suramericanas, con el Mercosur, el bloque comercial de Argentina, Paraguay, Uruguay, Venezuela y Brasil, y cómo se relacionará el nuevo gobierno con los países de la Alianza del Pacífico – Chile, Colombia, México y Perú.

“Brasil es el país clave de toda la región. Su producto bruto es el 72 por ciento del Mercosur y casi el 55 por ciento del producto de América del Sur. Esto significa que los resultados electorales son un acontecimiento mayor, no solo reducido a las fronteras brasileñas, y por la importancia de Brasil en el contexto global, también en el mundo. Por eso las elecciones centran la atención de todas partes del globo”, dijo a SEMANA el conocido analista argentino Jorge Castro.

Neves, de la muerte a la resurrección

Aécio Neves cuenta con el apoyo de las principales empresas y de los propietarios de tierras. En un continente profundamente dividido y polarizado, un triunfo suyo sería interpretado como “una reversión de la tendencia de la elección de dirigentes de izquierda o centroizquierda que viene predominando desde los años 2000”, dijo a SEMANA Claudia Antunes, editora de la revista Piaui. Y para Guido Nejamkis, editor de la agencia Brasil 247 en español, lo nuevo es que “por primera vez en 12 años hay una parte del electorado que desafía el poder del PT, que nunca enfrentó una elección tan difícil”.

“Neves está en pleno impulso electoral por un vuelco de los sectores significativos de la opinión pública, especialmente de la clase media, que vaciaron la candidatura de Marina Silva”, opina Castro, para quien “Neves mantiene el ímpetu que lo ha llevado a crecer de manera muy notable en su candidatura, mientras que Dilma mantiene un nivel de crecimiento muy poco por encima de los niveles que tenía en las cuatro semanas anteriores”.

La pelea está pareja: según Datafolha, entre los indecisos, el alto potencial de conversión a Dilma es el doble que el observado por Neves. La encuestadora también considera que el apoyo de Marina Silva a Neves “puede ser peor que la ayuda”, razón por la cual, hasta el último minuto, todas las opciones se mantienen abiertas.

Un país estancado

La Bolsa de Sao Paulo estaba eufórica por el crecimiento de Neves en las encuestas y las acciones brasileñas subían en la Bolsa de Nueva York, ante la expectativa de un cambio de rumbo en la economía del gigante suramericano. Es que Brasil es un país estancado. Hace cinco años su economía dejó de crecer, y entró en recesión en el primer semestre de este año, lo cual se acompaña, según Castro, de “una caída de la tasa de crecimiento potencial de largo plazo, que es del 2 por ciento o menos, lo que significa que el país está en un sendero de estancamiento estructural”. Por eso, Castro cree que, gane quien gane, “se aproxima un giro de 180 grados en la orientación política y económica. Las dos grandes encuestas nacionales indican que más del 70 por ciento de la población considera necesario que Brasil cambie de rumbo, incluyendo los votantes de Dilma. Lo previsible es que, aun si ella se impone, se produzca un giro en su orientación política. Si gana Aécio, el giro será categórico e inmediato”, agrega el analista.

¿Hacia un cambio de signo?

Rafael Correa, Nicolás Maduro, Cristina Kirchner y el reelecto Evo Morales, han sido compañeros de viaje de Dilma Rousseff, Lula y el PT, y temen que un triunfo de Aécio Neves agrave las grietas continentales y estimule a los partidos opositores ubicados en la derecha del arco político. Este sería el caso de la oposición venezolana encabezada por Leopoldo López del Partido Voluntad Popular, actualmente en prisión, y de la oposición en Argentina, que aspira a poner fin a 12 años de kirchnerismo en las elecciones presidenciales del año próximo.

La preocupación fue expresada por Carta Abierta, un grupo de intelectuales argentinos que apoya al gobierno de Cristina Kirchner: “Brasil está en el presente periodo de su vida democrática ante una crucial elección, de cuyo resultado se desprenderán decisivas consecuencias para el resto de América Latina. El PT y sus aliados, cuya candidata es Dilma Rousseff, enfrentan a una coalición de centroderecha alrededor del candidato Aécio Neves, inspirada por el expresidente Fernando Henrique Cardoso, que agrupa a los grandes empresarios y los más poderosos medios de comunicación”, dice la declaración publicada por el periódico Página 12 de Buenos Aires.

Sin embargo, los cambios no serían tan ostensibles, al menos a corto plazo, pues la política internacional brasileña no suele bailar al son de los cambios de gobierno. Castro considera que no va a haber un viraje brusco. En cuanto al Alba, Castro opina que “murió con Chávez”. “La diplomacia brasileña tuvo un éxito diplomático de envergadura cuando logró la incorporación de Venezuela al Mercosur, no por su importancia económica, sino porque implicaba la aceptación por parte del chavismo del liderazgo de la hegemonía brasileña en América del Sur. Chávez falleció y Venezuela se encuentra ante una situación caótica de desintegración del poder político. Evo Morales y Rafael Correa han girado hacia posiciones de búsqueda de las inversiones extranjeras, aumento de las exportaciones, claramente alejados de la experiencia y la propuesta que en su momento representaba Chávez”. La politóloga brasileña Lucia Hipolito está de acuerdo. Dijo a SEMANA desde Río de Janeiro que “puede que Aecio no sea tan amistoso con los gobiernos de Evo, Correa, Cristina y Maduro, pero no será enemigo”.

Mercosur

En cualquier caso, el Mercosur puede sufrir cambios con la llegada de Neves, como el endurecimiento de la posición frente a la Argentina, que en los últimos años ha impuesto innumerables barreras al ingreso de productos brasileños por sus desequilibrios cambiarios.  

“Si Aécio es electo, habrá que ver si la retórica de campaña tendrá consecuencias prácticas, lo que no es tan simple. Líderes de su partido, el PSDB, han propuesto que el Mercosur deje de ser una unión aduanera con una tarifa externa común y se transforme en una zona de libre comercio. Así, Brasil no necesitaría la aprobación argentina o de los demás socios para hacer sus propios acuerdos de libre comercio con la Unión Europea o Estados Unidos”, explicó Claudia Antunes. Sin embargo, se pregunta: “¿Estarán esos países o bloques dispuestos a hacer acuerdos que contemplen los intereses de Brasil, por ejemplo en la agricultura?”. Además, las exportaciones a Venezuela son importantísimas para la balanza comercial brasileña, agrega la analista. Lo mismo sucede con los préstamos a Cuba, para la construcción del puerto de Mariel, que financian exportaciones de servicios de construcción de la empresa brasileña Oderbrecht.

Como dice Nejamkis, “Brasil tiene intereses concretos para defender tanto en Argentina como en Venezuela. De ninguna manera va a haber una situación de un gobierno que patee el tablero regional”, porque “Brasil tiene en América Latina el mayor mercado para sus productos industrializados. Quien quede a cargo tiene que calibrar ambas cosas, la representación de los intereses y los valores que pueda defender. Hay empresas brasileñas muy relevantes en el mercado latinoamericano, como las firmas de ingeniería, que tienen grandes contratos en Venezuela, y son centenares las empresas que trabajan en todo el continente. La expansión del capitalismo brasileño en la región en los últimos años ha sido un fenómeno acentuado que obliga a que cualquier opción de activismo en materia de política externa tenga en cuenta esta situación”, concluye.

Del Atlántico al Pacífico


En cualquier caso, los analistas coinciden en que un gobierno de Aécio tendería a reducir la importancia de Unasur y buscaría acuerdos de comercio con los países de la Alianza del Pacífico. En cuanto a Colombia, la profesora brasileña Mónica Hirst de la Universidad Torcuato di Tella, opina que, en caso de un triunfo de Neves, “hay un conjunto de posibles vínculos que podrían significar una nueva etapa en la relación de Brasil con Colombia”, dadas las buenas relaciones del presidente Santos con Neves y el expresidente Cardoso.

Rosendo Fraga, del Centro Para la Nueva Mayoría de Buenos Aires, cree que un punto clave de la agenda de Neves sería restablecer la relación bilateral con Estados Unidos, y cambiar la visión de Brasil como parte del grupo de los Brics. “Con Dilma, Brasil asumió posiciones coincidentes con Rusia y con China. Con Neves, es posible que la política exterior brasileña en este ámbito se parezca más a la de India, que juega un rol de equilibrio entre ellas y Estados Unidos. Con Neves seguirá siendo una potencia global, pero buscará retomar la senda del crecimiento que pueda transformar al país en la quinta economía mundial durante el próximo periodo de gobierno y un mayor equilibrio en las relaciones internacionales”.

Un triunfo de Aécio Neves, en fin, cambiaría la ecuación de poder que ha imperado en el subcontinente latinoamericano en los últimos diez años, si bien sus efectos se sentirían más en lo político que en lo económico, al menos en el corto plazo. En cualquier caso, la construcción chavista de un bloque izquierdista y antinorteamericano recibiría un golpe del que le sería difícil recuperarse.
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