Jueves, 8 de diciembre de 2016

| 2016/06/18 00:00

Reino Unido, al borde del abismo

Las encuestas favorecen la opción de la salida de ese país de la Unión Europea, lo que podría desencadenar oscuras consecuencias para el Viejo Continente y para la integración en general.

David Cameron, primer ministro del Reino Unido y Boris Jonhnson, Exalcalde de Londres. Foto: A.F.P.

To Brexit or not to Brexit. Salir o no salir de la Unión Europea (UE).Esa es la pregunta que los ciudadanos británicos contestarán en el referendo del 23 de junio, y las cosas están que arden. La lejana promesa de campaña que hizo en 2013 el primer ministro David Cameron, de resolver el tema en las urnas en respuesta a las presiones del partido nacionalista UKIP, podría tener consecuencias nefastas para la unidad del Reino Unido y para la supervivencia de la integración regional más avanzada del mundo. Con el “leave” (irse) de primero en los sondeos británicos, esta podría ser la ficha que podría desencadenar un efecto dominó ante el euroescepticismo rampante en varios países miembros. ¿La UE soportará el golpe?

Las campañas tanto del “remain” (quedarse) como del “leave” (irse) parecen una pelea callejera que solo ha contribuido a aumentar la enorme polarización, que el jueves 16 de junio cobró la primera víctima. En efecto, un hombre abaleó y apuñaló a la congresista del Partido Laborista Jo Cox cuando salía de una librería en Birstall. La Policía detuvo al principal sospechoso, Thomas Mair de 52 años, que, según informes de testigos recogidos por el diario británico The Guardian, gritó “Put Britain First” ( “Ponga al Reino Unido primero”), posible referencia al ultraderechista UKIP. Las investigaciones también descubrieron que el presunto agresor frecuentaba páginas extremistas y había comprado manuales para construir armas caseras a un grupo neonazi estadounidense en la web, aunque algunos de sus allegados sostuvieron que tenía antecedentes de enfermedad mental.

Cox luchaba por el “remain”, al igual que el nuevo alcalde de Londres, Sadiq Khan, el líder laborista Jeremy Corbyn, la mayoría de los sindicalistas de la Trade Union, el Partido Nacionalista Escocés (SNP), los nacionalistas galeses del Plaid Cymru y los norirlandeses del Sinn Fèin. Estos sectores consideran que el mercado único y la inmigración de jóvenes favorecen el crecimiento económico y que el brexit (término que une “Britain”, por Gran Bretaña y “exit”, por salir, como en 2012 cuando se habló del “grexit” de Grecia) perjudicaría el estatus internacional del país. Según predicciones del Departamento del Tesoro británico, abandonar el sistema europeo le costaría alrededor del 3 por ciento del PIB a Londres y 2,2 por ciento al Reino Unido. Cameron afirmó que la salida podría poner en riesgo “la paz y la estabilidad de Europa”, en un momento crítico por la recesión desde 2008, los múltiples rescates a la economía griega, la crisis de los refugiados, la amenaza terrorista, el imperialismo ruso y el nacionalismo creciente. Además, Cox era conocida por ser una fervorosa defensora de los derechos de los refugiados y abogaba por la llegada de 3.000 sirios al Reino Unido, posición que hiere susceptibilidades allí, donde siempre ha existido una conciencia especial de su carácter insular.

Por esta razón, no es la primera vez que se realiza una consulta popular como la del 23-J. En 1975, dos años después de entrar a la Comunidad Económica Europea (CEE, antecesora de la UE), el 67 por ciento de los británicos votó por la permanencia. Sin embargo, las excepciones frente a los demás miembros no se hicieron esperar. En 1985, decidieron no ser parte del espacio Schengen, y aunque en 1993 aceptaron el mercado único, nunca aceptaron formar parte del euro. A principios de este año, Cameron negoció nuevas condiciones especiales en materia de justicia, migración y economía, y logró blindar a Londres como centro financiero frente a la regulación europea.

Pero para los partidarios del brexit no es suficiente. El Reino Unido tiene la segunda economía de Europa, no es espacio Schengen y la libra esterlina no ha sufrido las caídas del euro. Pero algunos políticos del Partido Conservador y los nacionalistas del UKIP afirman que su país se está viendo afectado por el mercado único, y sería lo suficientemente fuerte para negociar un acuerdo económico que no implique la libre circulación de personas. Resienten la falta de democracia de la llamada “troika”, es decir, del Fondo Monetario Internacional (FMI), el Banco Central Europeo y la Comisión Europea, el liderazgo alemán, las políticas de ajuste generalizadas después de la crisis, las ayudas financieras a Portugal, España y Grecia, la falta de fronteras que hace más escurridizos a los yihadistas, la avalancha humana de la crisis migratoria y los recortes del Estado de bienestar, otrora el pilar de la construcción europea. Boris Johnson, exalcalde conservador de Londres, y Nigel Farage, líder del UKIP, los principales abanderados del “leave”, representan especialmente a la clase media-baja y a los británicos de edad madura nostálgicos por el poderío del Imperio británico.

Y los medios de comunicación no se han quedado atrás, The Sun, el diario más leído del Reino Unido, tomó partido por la salida, y resumió la posición euroescéptica: “Tenemos que liberarnos de la dictadura de Bruselas. La UE se ha vuelto cada vez más sedienta de dinero, derrochadora, intimidante y extraordinariamente incompetente en tiempos de crisis. El próximo jueves en las urnas podremos corregir este enorme error histórico. Si nos quedamos, en algunos años seremos tragados por un Estado federal que se expande sin cesar y que está dominado por Alemania”.

Amenaza a la unidad

No cabe duda de que el apoyo a la permanencia es transversal en casi todos los sectores, que claman “Britain stronger in Europe” (“Reino Unido es más fuerte en Europa”). Para los escoceses, Bruselas es una suerte de poder alternativo a Londres; incluso, los nacionalistas del SNP, representados por la primera ministra, Nicola Sturgeon, quieren quedarse y afirman que el brexit sería un “cambio sustancial”. Precisamente, la mayor parte de Escocia ha manejado una campaña de chantaje y amenazan con otro referendo separatista como el de 2014.

No obstante, la mayor preocupación está alrededor de Irlanda e Irlanda del Norte. La salida de la UE sería una sacudida para la economía norirlandesa que, al ser altamente agrícola, depende de los subsidios europeos. Asimismo, la frontera es un tema espinoso y con el brexit podría convertirse en un infierno. Los nacionalistas del norte están amenazando con un referendo para redibujar la frontera, lo cual no solo tensionaría las relaciones entre las capitales, Dublín y Belfast, y entre protestantes y católicos, sino que pondría en peligro el proceso de paz norirlandés que culminó en 1998 con el Acuerdo del Viernes Santo.

Los efectos del brexit no serían inmediatos, pues estarían seguidos por al menos dos años de negociaciones sobre la salida y sus condiciones. Además, técnicamente el referendo no es vinculante ya que los parlamentarios tienen la potestad de bloquearlo, pero tomar esta decisión sería ir en contravía de la voluntad popular y un claro suicidio político. Sin embargo, luego del asesinato de Jo Cox, la nueva coyuntura le dio un espaldarazo a la libra esterlina y a los mercados británicos, por lo cual es posible que la tragedia termine beneficiando el “remain”.

El 23-J será el Día D para la gobernanza regional pues, pase lo que pase, los 28 deberán replantear el proyecto europeo, antes considerado un proceso de integración irreversible. La salida del Reino Unido de la UE podría ser el catalizador del euroescepticismo europeo, darle alas a las corrientes nacionalistas como el Frente Nacional francés y la Alternativa por Alemania, y así crear un efecto dominó en otros países miembros, que han visto crecer en su seno el desdén por Bruselas. Entonces, ad portas de un posible divorcio británico, está claro que el futuro de Europa está en juego.

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