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| 10/22/1984 12:00:00 AM

BUSCANDO CAMINOS

Mondale, cada vez más debilitado, ensaya alternativas en la campaña electoral

Urgido por devolverle a su campaña electoral algo de la magia que tuvo al principio del año, el candidato demócrata Walter Mondale está recurriendo a extremos publicitarios para despertar en sus huestes algo de entusiasmo. El amplisimo favoritismo con que cuenta el Presidente Ronald Reagan para ser reelegido por el pueblo norteamericano el próximo noviembre, le ha quitado a los seguidores del tiquete MondaleFerraro el necesario espiritu de lucha para remontár una diferencia que, según las encuestas, aumenta día a día.
El desánimo de los demócratas se ha visto alimentado por las dificultades internas de la campaña del ex-vicepresidente, que ha planeado mal los itinerarios y calculado mal el efecto de las estrategias seguidas. En más de una oportunidad, Mondale ha tenido que enfrentarse a auditorios medio vacíos que no ocultan su desilusión, lo cual se registra profusamente en las noticias nacionales de las 7 de la noche, dándole una pésima imagen ante los votantes.
Según lo que se ha visto, los demócratas no han tenido éxito al intentar convertir la batalla electoral en una confrontación de temas y no de personalidades. Como se sabe, Mondale no tiene ninguna esperanza de competir con Reagan en lo que a simpatia y liderazgo se refiere y, por lo tanto, su única salida es aprovechar las debilidades de preparación del Presidente en aspectos concretos. De tal manera, se ha intentado explotar los peligros del déficit fiscal, para lo cual Mondale presentó hace un mes un plan de aumento de impuestos relativamente detallado que contrastó con el mutismo del lado republicano.
Aunque ciertos observadores reconocieron la valentia del candidato de la oposición al enfrentar honestamente el problema, no faltaron las críticas al plan, las cuales fueron hábilmente aprovechadas por la campaña Reagan-Bush para mostrar a sus contendores como gente que quiere exprimir al ciudadano promedio.
Días más tarde, la discusión se trasladó al plano religioso cuando Mondale acusó al Presidente de "intentar imponer una religión de estado en Norteamérica". Al comiezo, el demócrata pareció dejar sin argumentos a su contendor y recibir el apoyo de comentaristas de todas las tendencias, quienes se horrorizaron ante la posibilidad de destrucción de la libertad religiosa que existe actualmente. Con todo, Reagan consiguió defenderse y asegurarle a la opinión que mantendría la "división actual entre la Iglesia y el Estado". Inesperadamente, la causa republicana recibió ayuda de Geraldine Ferraro quien se enfrascó en una discusión con la Iglesia Católica respecto al derecho al aborto.
Si bien la Ferraro mantiene que personalmente no lo aprueba, su punto es que cada persona debe ser libre de elegir y por ello el Estado tiene que mantener tal opción abierta. La respuesta de decenas de religiosos ha sido la de atacar a Ferraro en cada escala de la campaña y poner casi en ridículo sus ideas.
Como ninguno de sus dos primeros temas ha despertado el entusiasmo esperado, Mondale entró de lleno la semana pasada a hablar de lo que considera el talón de Aquiles de la actual administración: la paz mundial. La iniciativa parte de las encuestas que se han hecho entre los electores y que le dan a Mondale la característica de ser el candidato que "mantendría a los Estados Unidos fuera de una guerra". Ante ello, la dupla demócrata se ha dedicado a fustigar el clima de tirantez en las relaciones con la Unión Soviética, los fracasos para llegar a un acuerdo en el Medio Oriente y el empeoramiento de la situación en Centroamérica.
Para mostrar que el sí puede dialogar con los rusos, Mondale consiguió una audiencia con el canciller soviético Andrei Gromyko quien viaja a Nueva York para la instalación de la plenaria de las Naciones Unidas. Sin embargo, el Kremlin sorprendió a todo el mundo cuando anunció que un día después de la entrevista con Mondale, Gromyko visitaría a Reagan el 28 de septiembre, para hablar sobre las relaciones Este-Oeste. La movida, aparentemente desarmó la estrategia de propaganda de la oposición y le dará ocasión a los republicanos de defenderse de los cargos de intransigencia que se les hacen.
Más sorpresiva aún, fue la compro bación de un aparente giro a la de recha dado por el candidato demócrata. En efecto, en una entrevista con cedida al New York Times, Mondale causó cierta sorpresa al hablar en términos bastante fuertes del régimen sandinista y amenazar con la fuerza a los sectores que lleguen a amenazan la seguridad nacional de los Estados Unidos. En la misma forma, defendió la invasión a Granada y habló de sos tener al gobierno salvadoreño a toda costa.
Más allá de las palabras de Mondale, lo que causó verdadero interés fué desmembrar la causa fundamental de la "republicanización" del candidato. En opinión de varios analistas, todo se debió al aire de patriotismo que vive el país del norte, donde cualquier acción pacifista se ve considerada como "blanda" e indicativa de falta de carácter. Semejante estigma debe ser combatido permanentemente por Mondale, quien es asociado permanentemente con la administración Carter, y le obliga a decir que él también puede ser duro si es necesario.
En cualquier caso, da la impresión que las ideas sustanciales de Mondale en lo que hace a política externa, se mantienen. Aún insiste en el control de armas con los rusos como primera prioridad de su gobierno y en retira el apoyo a los "contras" en Nicaragua pese a sus divergencias con la junta sandinista. Semejantes planteamientos fueron hechos una vez más en Cleveland la semana anterior donde, hablando ante unos trabajadores del acero, Mondale insistió en que "queremos un Presidente que nos mire a los ojos y nos diga la verdad sobre la dirección que quiere que tome el país ahora".
Tristemente, Mondale puede ser ayudado por el atentado a la embajada norteamericana en Beirut la semana pasada. Hasta ahora, la Casa Blanca había logrado "borrar" sus fracasos en el área, pero es muy posible que el acto terrorista alerte a los electores sobre el desorden que impera en el Medio Oriente.
Si la estrategia de la paz mundial no logra hacerle mella a Ronald Reagan, es probable que el candidato demócrata enfile sus baterías hacia la defensa del pobre y la igualdad social, temas que--por lo menos programáticamente--lo dividen de los republicanos. No obstante, los más optimistas ven muy dificil que con los mismos planteamientos de siempre se le logre recortar al Presidente una ventaja que es superior a 15 puntos porcentuales (el Gallup más reciente le dio 55% a Reagan y 37% a Mondale).
Dadas las condiciones actuales, se dice que casi la única salida que tiene Mondale para mejorar sus posibilidades,es la de tener una actuación extraordinaria en los dos debates televisados que tendrá con el Presidente el próximo 11 de octubre desde Louisville, Kentucky, y el 21 del mismo mes desde Kansas City, Missouri.
En el intermedio de esas fechas, habrá también un debate entre los aspirantes a vicepresidente en la ciudad de Filadelfia. Para el tiquete demócrata, se hace indispensable una presentación sólida en las pocas horas que duran los debates. Gracias a la experiencia adquirida durante las primarias, Mondale puede aspirar a llevar a Reagan al terreno de los hechos concretos e imponerse.
Fuera de lo anterior, se busca crear un efecto positivo con la transmisión de los comerciales de televisión de los demócratas, la cual se inició hace unos días. En contraste con las propagandas republicanas que se desbordan en patriotismo y escasamente hacen referencia a los temas de la campaña, los demócratas tienen la intención de ser mucho más directos, citando las cosas por su nombre. De hecho, todavía hay discusiones internas sobre si los mensajes deben ser eminentemente agresivos y llegar a bordear, en ciertas oportunidades, temas "prohibidos" como la edad y la riqueza de Reagan, sus calificaciones personales, sus errores de política exterior y su interés por la gente humilde. Hasta ahora, el debate se ha mantenido dentro de cierta altura, pero columnistas como Hugh Sidney han pronosticado que a medida que los demócratas se ahonden en el barro, no les quedará más remedio que "lanzar golpes bajos para no ser vapuleados el 6 de noviembre". -
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