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| 8/6/1984 12:00:00 AM

BUSCANDO LA FORMULA MILAGROSA

La elección de su vicepresidente hace que Mondale estudie las variantes más extremas.

Con menos de una semana para que se inicie la convención que lo debe elegir como candidato oficial a la presidencia por el Partido Demócrata, Walter Mondale se acerca a la primera prueba de fuego de su campaña: el nombramiento del vicepresidente. Al cabo de una serie de entrevistas con los aspirantes que Mondale considera como los más capacitados, el ex vicepresidente de la administración Carter debe decidirse por un nombre que mejore la calidad del tiquete demócrata que se enfrentará al superfavorito Ronald Reagan en las elecciones del próximo noviembre.
Las acciones de los demócratas están bajas y para subirlas Mondale ha tomado el camino de romper la tradición electoral, según la cual el número dos de la balota debe ser varón y de raza blanca y, además, tener una base política regional de importancia. En abierta oposición a ese principio Mondale le ha dado consideración seria a representantes de las minorías étnicas y del sexo femenino -las mujeres constituyen el 52% de los votantes- con la idea de convertir a su causa a gentes que en otras oportunidades han permanecido ajenas al proceso político.
De tal manera, por la residencia de Mondale situada en el exclusivo suburbio de North Oaks en Minnesota han desfilado los líderes de color Torn Bradley y Wilson Goode (alcaldes de Los Angeles y Filadelfia, respectivamente), las dirigentes Geraldine Ferraro, Diane Fenstein y Martha Layne Collins, el hispano Henry Cisneros (alcalde de San Antonio) y el senador por Texas Lloyd Bentsen.
Sectores de la prensa han calificado la movida como puramente propagandística pero allegados al candidato han afirmado que hay grandes probabilidades de que la convención aclame, por primera vez en la historia de la república norteamericana, a un aspirante a vice salido de alguna minoría. Entre los nombres que más se mencionan se encuentra el de la representante por el Estado de Nueva York Geraldine Ferraro, quien en sólo seis años en el Congreso se ha destacado como una de las personas más capaces del órgano legislativo. Amén de haber escalado posiciones dentro del partido, la Ferraro cuenta con el apoyo de gentes como Tip O'Neill, presidente de la Cámara Baja y las poderosas organizaciones como NOW (National Organization for Women) con más de un millón de miembros activos.
Pese a las innegables calificaciones de la Ferraro, diferentes observadores le han advertido a Mondale que sea extremadamente cauto a la hora de tomar su decisión. Anotan que es probable que los demócratas conservadores no crean en una mujer como vicepresidente con lo cual se puede perder una parte importante del electorado. Además, la Ferraro viene de Nueva York un estado que apoya a Mondale, y no es seguro que logre respaldo a nivel nacional.
Por otra parte, las encuestas muestran que el favorito de los demócratas para el puesto de vicepresidente es el principal rival de Mondale en la convención: el senador Gary Hart. Sin embargo, aunque Mondale no ha descartado a Hart, este sí ha declarado que "no soy bueno para seguir órdenes y por lo tanto no estoy interesado en la vicepresidencia". Pese a que es posible que al verse vencido en la convención Hart cambie de idea, se dice que Mondale mismo no se sentiría cómodo haciendo campaña con alguien que lo ha atacado tanto y ha causado en buena parte la caída de su popularidad. Fuera de ello, se afirma que Hart tiene la mejor razón para declinar cualquier oferta: en caso de que Mondale pierda las elecciones, Hart quedaría en primera línea para ser el candidato en 1988.
Aparte de Hart y Ferraro, también se menciona con insistencia al senador Lloyd Bentsen de Texas y al joven alcalde de San Antonio Henry Cisneros. La ventaja de estos dos últimos es que provienen de un Estado considerado como "indispensable" para romper la ventaja de Reagan y sin el cual los demócratas no han podido ganar ninguna elección presidencial. El caso de Lyndon Johnson, escogido por Kennedy en 1960, es de los más citados hoy por los politólogos. Pero también en este caso Mondale tiene una decisión difícil. Por un lado, Bentsen es un demócrata conservador que apoya a los contras de Nicaragua y tiene conflictos ideológicos con Mondale. Por otro, Cisneros es poco conocido fuera del Estado y puede ahuyentar a votantes que tengan sentimientos antilatinos.
En resumidas cuentas, por hacer del proceso de selección del vice un asunto publicitado, Mondale está corriendo el riesgo de no dejar a nadie contento. Hace poco un columnista escribía que lo que necesitaban los demócratas para el puesto de vicepresidente era "una mujer negra, nacida en Texas, que tenga buenas relaciones con los grupos económicos y sepa tratar con los oprimidos". A cambio, Mondale quiere probar que es serio cuando de imponer el cambio se trata y que respeta las aspiraciones de las minorías, sin sacrificar por ello su independencia. De hecho -anotaba Dan Rather en la CBS- es factible que al escoger al vice, Mondale se esté "jugando en julio la suerte de su campaña en noviembre".
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