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| 3/12/1990 12:00:00 AM

Bye, Bye Lenin

Con el desmonte del monopolio del Partido Comunista, Gorbachov se distancia de Lenin.

"Camaradas, yo creo que ustedes estarán de acuerdo en que nos hemos congregado para una reunión plenaria muy importante, una reunión que los comunistas y toda la sociedad han estado esperando con inmenso interés e impaciencia". Con estas sencillas palabras, Mijail Gorbachov inició el discurso de apertura de la reunión del comité central del Partido Comunista de la URSS el pasado 5 de febrero.
Cuando se levantó por última vez la sesión tres días más tarde, la historia de la Unión Soviética se había partido en dos. La razón era que el Partido Comunista, la organización política que había regido los destinos del país en forma omnímoda casi desde su fundación, había renunciado a sus privilegios constitucionales y se plegaba, en un nuevo orden multipartidista, a la voluntad de la población expresada en elecciones libres. La dictadura del proletariado, pura y simplemente, había terminado.
Pero la reforma del articulo 6. de la Constitución, que le garantizaba al PCUS el manejo del Estado soviético, no fue la única aprobada por el Comité Central para ser puesta a consideración (y casi segura aprobación) del 28. congreso del partido, cuya sesión, originalmente prevista para la primavera de 1991, y luego adelantada a octubre de este año, se realizará en junio o julio. Gorbachov también propuso y sacó adelante la mayor reorganización interna del partido desde los días de Lenin y la creación del cargo de presidente del país, con unas caracteristicas que, según voceros, tendría elementos tomados de los sistemas norteamericano y francés.
Esos y otros elementos de la plataforma presentada por Gorbachov al Comité Central hubieran sido demasiado revolucionarios hace tan sólo un año, pero a los ojos de múltiples observadores, tanto el discurso de Gorbachov como dicha plataforma resultaron hoy en día un reflejo fiel de los procesos vertiginosos que se desarrollaron en el último año no sólo en la URSS sino en toda la antigua órbita soviética. Uno tras otro de los países de esa área, e incluso algunas repúblicas soviéticas como Estonia y Lituania, ya habían tomado la determinación de bajar al comunismo del nicho constitucional en que se encontraba y habían dado paso a la confrontación electoral con otros grupos. Pero el proceso del cambio en la propia URSS había sido más intrincado y doloroso. Como comentaba el diario Tribuene, de la Alemania Oriental, al partido iniciador de la perestroika le costaba trabajo ponerse a la altura de los acontecimientos.
Esa confrontación interna del partido con su propia identidad no se dio solamente en la reunión de la semana pasada, donde los oradores en pro y contra de Gorbachov se enfrascaron en una polémica ardiente. (Aunque al final aprobaron la plataforma por casi total unanimidad). Las contradicciones implícitas en una decisión de tanta trascendencia parecían comenzar por el propio Gorbachov, quien hace sólo tres meses rechazaba con vehemencia cualquier posibilidad de despojar al PCUS de su papel constitucional, y argumentaba que era demasiado temprano para ello por cuanto sólo el partido podría mantener la unidad del país en el difícil período de transición que atravesaba. Pero por lo que parece, los acontecimientos se desencadenaron de una forma tan acelerada, que la urgencia de las medidas se hizo imperativa.
INVIERNO CALIENTE
En primer lugar, la escasez de bienes de consumo y la lentitud del crecimiento económico se habían constituído en un serio obstáculo para el programa de Gorbachov. Mientras el presidente adquiría dimensión histórica por sus novedosas aproximaciones hacia el desarme y el fin de la guerra fría, en casa sus conciudadanos le culpaban del vacío de sus despensas. Pero en medio de las críticas de quienes esperaban una reforma más radical por un lado, y de quienes pretendían regresar las cosas al estado estalinista, por el otro, un factor vino a poner súbitamente la situación al rojo vivo: en diciembre del año pasado los soviets supremos de Letonia, Lituania y Estonia derogaron el papel preponderante del comunismo como rector de la sociedad y reconocieron el pluripartidismo, mientras en otras regiones como Georgia, Armenia y Azerbaiján las revueltas étnicas produjeron un baño de sangre que manchó el rojo de una vez más a la perestroika.
La manifiesta tendencia secesionista de las repúblicas bálticas y los desafios del islam soviético parecieron convencer a Gorbachov de que el Partido Comunista como tal estaba perdiendo irremisiblemente su autoridad sin que hubiera instituciones democráticas nuevas que asumieran el control. Esa es una idea que debió adquirir aún más claridad cuando se inició en Riga, capital de Letonia, una reunión de armenios y azeríes auspiciada por las organizaciones independientes de los países bálticos, para poner fin al conflicto entre las dos primeras, sin el concurso de Moscú.
Sea como fuere, lo cierto es que el ambiente político caldeaba el frío invierno moscovita desde unos días antes del comienzo del pleno. Los defensores de la perestroika lanzaron una ofensiva política contra los dirigentes comunistas más conservadores, entre quienes señalaban al miembro del comité, Yigor Ligachev.
Orador tras orador de una marcha multitudinaria del domingo, denunciaron el status quo comunista y enfilaron sus baterías contra el monopolio del poder, al que culparon del pésimo estado de la economía. A tiempo que pedían la renuncia del Comité Central, los manifestantes gritaban "Recuerden a Rumania", mientras el evento era transmitido a todo el país por Radio Moscú. Se trataba claramente de una manifestación tolerada -si no patrocinada- por las fuerzas leales a Gorbachov, y el tema repetido una y otra vez era que la gente ordinaria se estaba involucrando calladamente en todos los movimientos de reforma, desde la ecología hasta el pluralismo, mientras los patriarcas del partido se estaban quedando atrás, como si la política fuera en la práctica algo intangible y amenazador.
A pesar del beneplácito oficial, no faltaban voces en medio de la multitud que criticaban al presidente sobre la base de que su plan de renovación era una farsa porque estaba destinado a perpetuar la existencia del gobierno comunista.
ENTRE DOS FUEGOS
La manifestación y los ataques de la prensa contra Ligachev no pudieron evitar que cuando comenzaba en el Kremlin la sesión, se oyeran los discursos más encontrados sobre las propuestas de Gorbachov, que le atacaban desde los dos extremos. Boris Yeltsin, el ultrarreformista de Moscú, se quejaba del evidente interés de Gorbachov por el diálogo y el consenso, (su marca de fábrica desde que asumió el poder) y afirmaba que "En general parece como si su informe fuera escrito con la mano izquierda y con la derecha. Hay un intento constante de reconciliarlas, de encontrar concesiones mutuas y un compromiso". Yeltsin (único voto en contra de la plataforma) urgió a la reunión a aceptar inmediatamente la creación de partidos rivales sin más formalismos y exigió la derogación de una regla que prohibe las facciones dentro del mismo partido, vigente desde tiempos de Lenin. Otros, como el líder comunista de Moldavia, Pyotr Luchinsky, exigieron la reforma del artículo 6o. de la Constitución, cuya modificación no había sido explicitamente solicitada en el discurso inaugural de Gorbachov, quien hasta entonces se había referido a ese punto fundamental como que el comunismo debería luchar por el estatus dirigente "sin ventajas legales o políticas".
Los conservadores, por su parte, enfocaron sus diatribas en el desempeño de los líderes del partido bajo el gobierno de Gorbachov. El embajador en Polonia, Vladimir Brovikov, dijo a la reunión que "El borrador de plataforma es difícilmente aceptable.
Hay muchos elogios a la perestroika críticas a días idos y promesas generosas para el futuro. Pero, en realidad, no hay nada allí que reconozca los errores cometidos durante el período de la perestroika". El jefe del partido en Leningrado, Boris Gidaspov (quien emergió como el líder conservador más importante) dijo que la plataforma no era "ningún motivo para el optimismo", y culpó de los levantamientos étnicos y sociales que afectan al país de "la completa desorganización en que hemos caído bajo el actual régimen".

EL PUNTILLAZO
En medio de la tumultuosa reunión, todos los asistentes esperaban con gran expectativa el dircurso de Yigor Ligachev, hasta entonces la voz cantante de la resistencia a Gorbachov. Pero tal vez allí vino la gran sorpresa. En un discurso interrumpido varias veces por las ovaciones, Ligachov habló de la amenaza de la reunificación de Alemania, implicando que Gorbachov no estaba suficientemente convencido de ella, hizo varias alusiones a errores partidistas del pasado y, por último, en lo que fue descrito como una intervención emocional, pidió apoyo para las propuestas de Gorbachov. Cuando oyeron esto, muchos miembros que aún dudaban sobre el resultado de la reunión lo supieron todo; el gran mago del Kremlin, el reformador de la URSS, se había salido de nuevo con la suya.
Eso no evitó, sin embargo, que la reunión se prolongara por un día más, hecho de por sí sin precedentes. Al final, el miembro Vitali Vorotnikov confirmó a los periodistas que "de acuerdo con una resolución del Comité Central del PCUS, el partido propone al soviet supremo y al congreso de diputados populares modificar el artículo 6o. de la Constitución". Alexander Yakovlev, mano derecha ideológica de Gorbachov, dijo que el PCUS cambiaría su papel "pero lucharía con los medios políticos y en competencia con otros movimientos sociales por su lugar en la vanguardia del país. La sociedad decidirá por sí misma si desea adoptar nuestras políticas". Yakovlev también comunicó a los medios que la presidencia del país tambien había recibido el pleno respaldo del Comité y que el partido había resuelto asimismo, dentro de la misma plataforma dar fin a la objeción categórica a la propiedad privada de tierras e industrias, una prohibición que había limitado los experimentos económicos a pequeñas empresas sin importancia global. El control central de la ideología también había caído y el partido se abriría, por consiguiente, a una mayor capacidad de disención en sus filas. Como comentó un observador británico, "el Partido Comunista de la URSS ya no será nunca el mismo".
REGRESO AL FUTURO
Dada la importancia de lo sucedido, los observadores se apresuraron a desentrañar la trascendencia de la decisión, a la luz de la historia de la Unión Soviética desde la revolución de 1917. Si como se espera, surgen partidos políticos capaces de desafiar la permanencia comunista en el poder, termirrarían 7 décadas en que la actividad política del país no tuvo ningún otro canal de expresión. Pero en cualquier caso, la decisión tomada implica, ni más ni menos, el abandono de uno de los principios fundamentales del leninismo, esto es, la dictadura del proletariado.
Los observadores recordaron que la tradición de autocracia se remonta muy atrás de la revolución de 1917, a través de los siglos en que el imperio ruso fue gobernado por zares hereditarios. Pero aun entonces existieron las llamadas dumas, de las cuales alcanzaron a funcionar cuatro instituídas por la Constitución de 1906.
Luego de los hechos de 1917, tras la abdicación del zar Nicolás 11, los sucesivos gobiernos provisionales establecieron las bases para la elección popular de una Asamblea Constituyente que determinaría la organización del país. Pero la facción bolchevique, comandada por Vladimir Ilich Lenin, aprovechó la supuesta reticencia del gobierno para integrar esa Asamblea y tomó el poder para establecer su propio gobierno. Al final de noviembre se llevaron a cabo esas elecciones, que serían las últimas libres y se depositaron 41.7 millones de votos.
Cuando se contaron los resultados, el partido conocido como Revolucionarios Socialistas se colocó a la cabeza, con 370 de los 707 delegados. Los bolcheviques se habían quedado muy atrás, con sólo 175, seguidos por varios partidos menores. La Asamblea sostuvo la que sería su única reunión el 18 de enero de 1918, en la ciudad que hoy se conoce como Leningrado. Los bolcheviques insistieron en que se legitimara el gobierno establecido por ellos, pero cuando su pretensión fue rechazada, se retiraron de la sesión. Poco después, los marinos que actuaban como fuerza pública simplemente despejaron el recinto. Había nacido finalmente la dictadura del proletariado.
Desde entonces todo movimiento disidente fue colocado por fuera de la ley, pero no fue sino hasta 1936 que la Constitución adoptó el famoso artículo 6o., que consagró por escrito lo que ya todos sabían: que el Partido Comunista, y sólo él, tenía el carácter de rector de los intereses del proletariado soviético y asumía su protección.
ADIOS A LENIN
Por todo ello, para los observadores internacionales es claro que Gorbachov se puso en abierta contradicción con los principios fundamentales del leninismo. Pero todos apuntaron hacia el pragmatismo de Gorbachov, para quien lo único que podía evitar el derrumbe del Partido Comunista en la URSS, a imagen y semejanza de lo ocurrido en los países del este, era permanecer en la iniciativa de las reformas, así estas parecieran seguir un curso contrario al planteado. Pero además, otros justificaron la aparente contradicción con el leninismo afirmado que la "manía" conciliadora del presidente no le hubiera permitido atacar directamente a Lenin, con lo que hubiera levantado grandes voces de protesta. Según esa tesis, Gorbachov prefirió irse por las ramas, atacando la esencia del leninismo sin tocar en lo personal a quien es considerado el fundador de la patria soviética.
Detrás de la medida de liberalizar a la URSS está, antes que nada, la conciencia de que el comunismo, tal como estaba planteado, había demostrado la incapacidad de generar una economía viable para sostener el país y, más allá, para alimentar a sus ciudadanos. (Ver recuadro). Según los analistas, esa convicción habría llevado a que Gorbachov prefiriera la aproximación marxista antes que la leninista. Para muchos, Gorbachov ha escogido el camino más flexible del marxismo socialista al estilo europeo, lo que le permitiría constituír un paraguas estratégico para su proyecto de federación soviética de amplia autonomía, que llevaría al país a salvarse de la disolución mediante una especie de "finlandización" de los países más proclives a separarse del todo de la URSS. Como dijo uno de ellos, "en este sentido, la medida de Gorbachov es el broche de oro de esta fase de su gobierno".
IDEOLOGIA FLEXIBLE
Al eliminar el leninismo, por otra parte, no sólo Gorbachov abandonó la fase revolucionaria (no el internacionalismo) con lo que hizo casi una declaración de principios de no volver a exportar sus ideas por las armas.
También puso al país frente a una doctrina cuya interpretación puede darle una mayor amplitud de acción económica sin abandonar sus principios fundamentales. "Es que el marxismo es una ideología más flexible, que apunta a todo lo que pueda beneficiar a la sociedad en general", comentaba un estudioso colombiano la semana pasada. "Basta tomar cualquiera de sus postulados, como por ejemplo ese que dice que los medios de producción deben ser del pueblo, por el pueblo y para el pueblo. Ha sido generalmente aceptado que esos extremos, siempre que cumplan una función social, pueden asumir muchas formas, incluso algún grado de propiedad privada en medio de economías de mercado. Algo que bajo el leninismo no era posible".
Hoy hay quienes afirman que Gorbachov había comenzado desde algún tiempo atrás a modificar su terminología, para hablar con frecuencia de "nuestros grupos sociales", o "nuestro pueblo", lo que hoy se interpreta como un esfuerzo por ampliar la base social de su gobierno. El proletariado como eje de su discurso político pasó a la trastienda.
Se dice también que la perestroika no ha afectado la vida económica del país en más de un 1%, con su énfasis puesto en la actividad cooperativa, donde los salarios han llegado a ser del doble de los estatales. La propiedad privada sigue siendo prohibida por la Constitución, lo que lleva a pensar que Gorbachov podría estar en la búsqueda de una solución política para esa encrucijada económica, tal vez sobre la base de que un nuevo partido en el poder -o en una coalición gobernante- permitiera la posibilidad de una mayor apertura económica.
A pesar de la trascendencia indudable de la renuncia al monopolio del poder, hubo quienes cuestionaron la real aplicabilidad de la medida. Para ellos, no es clara la forma como la vasta maquinaria del partido, estrechamente involucrada con la actividad del país, podría dejar su control sobre innumerales puestos de trabajo presentes todas las instituciones de importancia. Una máquina que ha funcionado durante 70 años y ha dictado en la realidad la forma como se llevan a cabo las políticas estatales por debajo del nivel superior de la administración. Son muchos millones de soviéticos que sin el partido se encontrarán sencillamente sin trabajo y que, por lo tanto, no estarán tan dispuestos a quitarle su apoyo, más aún si no existen agrupaciones políticas que les atraigan y, sobre todo, que les representen las mismas garantías.
Por lo pronto, Gorbachov tiene asegurado su puesto al frente de los destinos del país hasta 1994, cuando termina su período. Por lo que parece, el carismático líder les ganó de mano a los conservadores que pretendían urdir su relevo y, en la misma jugada, logró desprenderse del pesado lastre del régimen unipartidista, con lo que podría haber sentado las bases para la construcción de un partido comunista capaz de enfrentar los duros tiempos que esperan al país. Sin embargo, para muchos es claro que el verdadero significado de la apertura de la URSS sólo se conocerá cuando se sepan los efectos que ella tenga sobre el desempeño económico del país. Entonces el mundo sabrá si lo que ocurrió en enero de 1990 en Moscú tiene la misma trascendencia que el proceso que, más de 70 años antes, llevó al antiguo imperio ruso a convertirse en el primer país comunista del planeta.

CRONOLOGIA DE PCUS
La siguiente es una cronología del Partido Comunista de la Unión Soviética, cuya presencia en la vida del país ha sido radicalmente reformada por Gorbachov:
1883. Se funda el primer grupo marxista ruso, en Ginebra, bajo el nombre "Emancipación del Trabajo". Su jefe es G.V. Plekhanov.
1898. El Partido Laboral Socialdemócrata Ruso, una organización marxista, es fundado en Minsk. Pronto choca con la policía y es forzado al exilio.
1983. Se produce una división en el anterior partido. Los bolcheviques, dirigidos por Lenin, asumen ese nombre que indica "grupo de mayorías", aunque esa es una condición que aún se discute. Esa facción, precursora del PCUS, clamaba por una organización gobernada por el "centralismo democrático" y dedicada a la implantación de la dictadura del proletariado.
1917. Estalla una revolución en marzo en medio de una ola de huelgas y disturbios por la permanencia del país en la primera guerra mundial y por la extrema pobreza de su gente. El zar Nicolás II abdica y se forma un gobierno provisional. Más tarde los bolcheviques rompen con sus rivales, los mencheviques, y toman el poder. Se establece el gobierno de Lenin el 7 de noviembre y el país se retira de la guerra.
1918-1922. Guerra civil en el país contra elementos reaccionarios, principalmente rusos blancos. El Ejército Rojo, recién fundado por León Trotsky, emerge victorioso.
1918. Los bolcheviques en el poder adoptan el nombre de comunistas panrusos.
1919. Se organiza la Tercera Internacional, que asume el compromiso de diseminar el mensaje comunista a todos los pueblos del mundo.
1924. Muere Lenin.
1924-1926. Se presenta una lucha por el poder, en la que Stalin expulsa a sus rivales, incluyendo a Trotsky, cuya facción es expulsada del partido en 1927, y el propio Trotski debe salir al exilio en 1929.
1930-1933. Al menos un millón de miembros del partido son expulsados en las purgas de Stalin y millones de personas son ejecutadas o enviadas a trabajos forzados en Siberia. Estas medidas, junto con los juicios a los rivales de Stalin, le permiten consolidarse definitivamente como el regidor único de los destinos del país.
1939-1945. Segunda guerra mundial. La Unión Soviética, que había firmado un pacto de no agresión con la Alemania nazi, se une a los aliados luego de la invasión alemana de 1941, repelida con gran costo material y vidas humanas.
1953. Muere Stalin y se nombra una "dirigencia colectiva" para remplazarle, encabezada por Georgi Malenkov como jefe de gobierno, y Nikita Khruschev como su rival más peligroso.
1955. Cae Malenkov y es remplazado por Nikolai Bulganin.
1956. Khruschev presenta su famoso "discurso secreto" en el XX Congreso del Partido, en el que se denuncian por primera vez los excesos de Stalin. Comienzan disturbios en Polonia y Hungría.
1957. Khruschev se consolida como líder indisputado de la URSS.
1964. Khruschev es destituido de la dirección del país. Leonid Brezhnev le sucede como jefe del partido y supremo dirigente del país.
1982. Brezhnev muere y es sustituido por Yuri Andropov.
1984. Andropov muere y es sucedído por Konstantin Chernenko.
1985. Chernenko fallece y es sucedido por Mijail Gorbachov.
1985. Hoy: el gobierno de Gorbachov se caracteriza por las políticas de glasnost, o mayor transparencia, y perestroika, una reestructuración política y económica. Los resultados van desde la erupción de pasiones nacionalistas, en algunas de las repúblicas que forman la Unión, hasta la caída, uno tras otro, de los gobiernos comunistas que dominaban sus países aliados de Europa Oriental. Gorbachov crea y ocupa el cargo de presidente, una posición desde la cual encuentra el poder suficiente como para desafiar el monopolio constitucional del comunismo en el país, algo que finalmente acaba de hacer.

ECONOMIA: Un gigante en quiebra
Un moscovita entra a una carnicería y se dirige al administrador de la tienda.
-Buenos días señor. ¿Hay carne de res? -No, camarada, responde el administrador.
-¿Carne de cerdo? --No, camarada.
--¿Carne de cordero? --No, camarada.
--¿Pollo ? --No, camarada.
--¿Pescado? --No, camarada.
El moscovita se da finalmente por vencido. Al verlo salir, el administrador se voltea y le dice admirado a su asistente: ¡Caramba! ¡Qué memoria la de ese tipo!
Para muchas personas el apunte anterior no deja de ser una exageración. Pero lo cierto es que para buena parte de los 283 millones de habitantes de la Unión Soviética, la historia del moscovita y el administrador de la carnicería refleja la realidad diaria de la vida. Por más esfuerzos hechos a través de los años y a pesar de los innegables avances del país en materia espacial o militar, lo cierto es que los consumidores en la URSS siguen aguantándose las ganas, como de costumbre. Las filas de pacientes amas de casa, los anaqueles vacíos, la mala calidad de los productos y el mercado negro, son -hoy en día- tan rusos como el vodka o el caviar.
Y esa es una situación que no tiene nada de nueva. No obstante, en estas primeras semanas del año la tradicional resignación de los consumidores de la URSS parece estar llegando a un límite. Por una parte, las cosechas pasadas no fueron buenas y los problemas de escasez y mal abastecimiento se han acrecentado. Pero, peor aún,el glasnost (transparencia), que se ha traducido en mayor apertura política y en un aumento de la libertad de prensa, le ha dado oportunidad a la gente de quejarse y darse cuenta de que su nivel de vida no es bueno.
Más preocupante todavía es el hecho de que la situación está empeorando. Los estimativos de los observadores occidentales dicen que la economía soviética tuvo un crecimiento nulo o posiblemente negativo en 1989. Los intentos de reforma no han fructificado como se esperaba y se desea que, en el mejor de los casos, la situación mejore sólo hasta bien entrada la década.
La pregunta, entonces, es si Gorbachov, pese a su fortaleza política tendrá cuerda hasta que las reformas se traduzcan en un mejor nivel de vida para el soviético de la calle. A pesar de que los planes iniciales del actual jefe del Kremlin fueron recibidos con beneplácito, la falta de mejoras tangibles se ha traducido en que la perestroika y el glasnost sean mirados hoy con escepticismo.
Más allá de esa discusión se encuentra la duda sobre las posibilidades que tiene la URSS para salir adelante. En Europa oriental los más avanzados dicen que el sistema idea ahora es aquel que combine la eficiencia del mercado libre con la ética de socialismo. No obstante, expertos como Jeffrey Sachs, profesor de la Universidad de Harvard y asesor del gobierno polaco, se burlan de esa iniciativa. "Los países del Este deben rechazar cualquier idea acerca de un "tercer camino" (diferente al comunismo y al capitalismo), tal como un quimérico socialismo de mercado basado en la propiedad pública o la autogestión de los trabajadores", dice Sachs. Más aún, este nuevo gurú del pensamiento económico sostiene que las economías comunistas sólo podrán salir adelante si toman cuatro medidas: eliminación de los controles de precios, eliminación de las restricciones sobre la actividad económica privada, disciplinamiento de las empresas estatales y estabilidad de precios después del ajuste.
El problema, sin embargo, consiste en que eso es mucho más fácil decirlo que hacerlo. En el caso de la Unión Soviética lo más avanzado hasta ahora es el establecimiento de cooperativas y asociaciones con empresas extranjeras. Las primeras han crecido en forma impresionante (se cree que las ventas pasaron de 2 mil millones de rublos en 1987 a casi 30 mil millones en 1989), pero la gente se queja de los supuestos abusos de que es objeto.
En lo que tiene que ver con las asociaciones el caso más publicitado es la apertura del restaurante McDonald's en Moscú, ocurrida a comienzos del año. Aunque este se exhibe como una demostración de que la inversión extranjera opera en la URSS la realidad es otra. El proyecto empezó a gestarse desde 1976 y sólo hasta hace dos años comenzó a tomar cuerpo.
Los técnicos de la empresa norteamericana tuvieron que resignarse ante el hecho de que era imposible -como lo hace McDonald's en todo el mundo- subcontratar el abastecimiento de los ingredientes. Hubo necesidad de importar semillas de papa y semen de toro, al igual que supervisar las granjas donde se cultivaron los vegetales y se alimentó a los animales. Una vez hecho eso, la compañía norteamericana tuvo que instalar su propio centro de procesamiento de comida que, con un tamaño equivalente al de cinco campos de fútbol, es el más grande del mundo. Todo eso costó 40 millones de dólares. En contraste, la construcción y adaptación del restaurante costó 4.5 millones de dólares.
Semejante maratón plantea serias dudas sobre el futuro. Ahora los analistas se preguntan si la URSS -donde por lo visto la palabra eficiencia no existe- vale la pena para los inversionistas. Al fin y al cabo, en el caso de McDonald's los insumos que se requieren son pocos (carne, pan y vegetales). Pero, por ejemplo, ¿qué se podría esperar de una planta de automóviles que exige miles de componentes?
Las respuestas posibles son bastante desalentadoras. Por eso los especialistas occidentales insisten en que las reformas propuestas por Sachs son el único camino. Pero la verdad es que la medida más importante -la de liberación de precios- no se tomará, por lo menos hasta 1991. Según el mismo Gorbachov: "sólo sé una cosa. Que después de dos semanas de un mercado así, la gente estaría en las calles y acabaría con cualquier gobierno".
Pero también Gorbachov sabe que si la situación no cambia la URSS no tiene futuro. Una mirada a cómo funcionan las cosas demuestra que el sistema tiene que transformarse. Por ejemplo, 70% de las industrias que producen máquinas no compran las partes metálicas sino que las hacen, ante la seguridad de que si las compraran no les llegarían a tiempo.
El arribo de los abastecimientos es tan impredecible que los industriales prefieren almacenar enormes inventarios por si acaso hay problemas. Peor todavía, la inversión en equipo es baja y, como consecuencia, la tecnología es obsoleta. Se estima que la edad promedio de las máquinas en la URSS es de 25 años. En otras áreas hay casos similares. Por ejemplo, hay tantas obras en construcción que ninguna se termina. El tiempo promedio de edificación de una fábrica es de 12 años, unas seis veces el de Occidente.
Para colmo de males, el gran motor del crecimiento económico entre 1974 y 1984 -los energéticos- está fallando. La producción de carbón y petróleo ha disminuído, afectando las finanzas del Estado. Además, los problemas de la planeación central son inmensos. A finales del año pasado el ministerio del acero se negaba a enviarle acero a la industria ferroviaria, porque esta no le había entregado unos vagones a tiempo. El ministerio del carbón también pedía acero, pero fue culpado por el ministerio del acero y la industria ferroviaria porque las huelgas de mediados de 1989 incidieron en que no hubiera carbón para producir acero y, por lo tanto, hacer vagones.
Es en medio de esa telaraña kafkiana que se decide el futuro de la URSS. Hasta ahora la estrategia consiste en apaciguar a los consumidores mediante el recorte del presupuesto de defensa y el incremento de los fondos para producir electrodomésticos y alimentos. Lo que nadie sabe, sin embargo, es si eso será suficiente. La única seguridad que se tiene es que tarde o temprano el sistema tiene que cambiar porque los resultados obtenidos hasta ahora lo exigen. Por eso los más cinicos dicen que lo único que se ha comprobado hasta ahora en la URSS es una definición muy particular del comunismo: que es la manera más larga para ir del capitalismo... al capitalismo.
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