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| 11/16/2013 2:00:00 AM

¿Supertifón Haiyan es culpa de la humanidad?

¿Cuál es la relación del cambio climático con este tipo de fenómenos que han azotado varios países en los últimos años?

Comer, beber, huir. En Tacloban, la ciudad filipina más devastada por el supertifón Haiyan, conocido allá como Yolanda, no se puede pensar en nada más. Una semana después del cataclismo, poco o nada de las toneladas de ayuda humanitaria prometidas ha llegado. 

Dominan el olor a descomposición, las montañas de escombros, el miedo a los saqueos, las riñas por puñados de arroz y el riesgo de una epidemia de cólera. La desgracia resonó en todo el mundo, y mientras unos culpaban de la tragedia a la sobrepoblación, la corrupción o la pobreza, para muchos el responsable de una de las tormentas más fuertes de la historia era uno solo: el ser humano y su impacto destructor sobre el clima del planeta. 

Aunque faltan pruebas definitivas para demostrar la relación entre estos  megadesastres y el calentamiento global, ya es hora de hacerse preguntas de fondo y tomar decisiones drásticas.

¿Es el cambio climático culpable de las supertormentas?
Aunque no hay suficientes datos para concluir que el calentamiento potencie fenómenos concretos, como el tifón en Filipinas, el consenso apunta a que mientras más se caliente el planeta, más intensos van a ser los tifones, huracanes o ciclones, que son las maneras de llamar las tormentas tropicales según su ubicación geográfica. 

Los impulsan las altas temperaturas del agua y un aire cálido y húmedo, factores que tienen una relación directa con el calentamiento global. Esta semana, la Organización Meteorológica Mundial (OMM) informó que 2013 es el séptimo más caluroso desde 1850, cuando empezaron los registros modernos, con un aumento de medio grado en promedio en comparación con el periodo 1961-1990. 

¿Qué otro impacto tiene el calentamiento global?
Los vientos del tifón Yolanda fueron los más fuertes jamás registrados, y  gran parte de la destrucción se explica por la marejada que produjo olas de seis metros. Con el huracán Sandy, mareas de tres metros embistieron Nueva York, mientras que en 2005 el Katrina ahogó Nueva Orleans con rompientes de 8 metros y medio.  

Si antes del calentamiento global estas inundaciones ya eran peligrosas, el aumento del nivel del mar potencia la fuerza de estas catástrofes. En Filipinas la OMM calculó que el océano se elevó a un ritmo promedio de 12 milímetros por año, cuatro veces más que en el resto del planeta. Como dijo en un comunicado su director Michel  Jarraud, “aunque los ciclones tropicales no se pueden atribuir directamente al cambio climático, en las nuevas circunstancias  las poblaciones costeras son más vulnerables”. 

Un estudio publicado por la revista Nature Geoscience demuestra además que las lluvias, en las zonas afectadas por los huracanes, aumentarán en un 20 por ciento en los próximos años.  

¿Qué dudas hay sobre la relación entre las megatormentas y el recalentamiento?
La formación de un ciclón depende de una gran cantidad de elementos y es muy complejo separar las variables naturales de las producidas por el hombre. En épocas anteriores ya se registraron tormentas violentas y no hay pruebas definitivas que conecten la fuerza de los huracanes con el alza de las temperaturas, aunque tampoco  hay evidencias que lo nieguen. Para el Panel Intergubernamental del Cambio Climático de la ONU (IPCC en inglés), por ahora no se pueden atribuir directamente los cambios en la actividad de los ciclones a la influencia del ser humano.

¿Qué otros factores explican la catástrofe?
En las últimas décadas, el mundo se ha urbanizado de forma acelerada y hoy el 50 por ciento del planeta vive en ciudades. En Filipinas, el 40 por ciento de la población vive en densas urbes costeras y Tacloban, la ciudad más golpeada por Yolanda, triplicó su tamaño en las últimas cuatro décadas. 

Un informe del Banco Mundial (BM) de 2012 advirtió que mientras ningún país está salvo del calentamiento, los impactos van a ser peores en los más pobres. La primera razón es geográfica. Las sequías, el aumento del nivel del mar,  la desertificación, las supertormentas serán más fuertes en los trópicos, la zona donde se concentran las naciones menos desarrolladas. 

La segunda explicación es económica. En países como Filipinas las casas son de materiales poco resistentes, los planes de adaptación son limitados, la gente no está asegurada, no hay infraestructura para llevar ayuda humanitaria urgente y  los desastres empobrecen aún más la economía. Según un negociador filipino de la Cumbre Mundial del Clima, las tormentas le cuestan cada año el 5 por ciento de PIB. Para Jim Yong Kim, director del BM, “si no confrontamos el cambio climático, no vamos a terminar con la pobreza”. Según el índice de riesgo climático global, Filipinas es el segundo país más vulnerable del mundo y Colombia el número 25.

¿Qué otras tragedias puede causar el calentamiento global?
Pocos días antes del tifón, se filtró un documento del IPCC que advierte que el cambio climático puede tener consecuencias que van mucho más allá de las catástrofes. Al ya conocido impacto sobre el mar, la biodiversidad o las fuentes de agua dulce, añaden una baja del 2 por ciento en la productividad agrícola. Algo dramático cuando el mundo debería cultivar un 14 por ciento más para responder la demanda en alimentos por el aumento de la población. Concluyen que la competencia por recursos cada vez más escasos estimularía conflictos en todo el mundo.

¿Cuál es el plan?
Las negociaciones que se llevan a cabo en la Cumbre Mundial del Clima en Polonia se enfocan hacia dos direcciones. Por un lado, reducir las emisiones de gases de invernadero, con el objetivo de llegar a un gran acuerdo de ahora a 2015. Por el otro, los países más pobres piden instaurar una “justicia climática”, en la que los que contaminan más paguen por el daño y alimenten el Fondo Verde para el Clima, un proyecto que costaría 100.000 millones de dólares anuales pero que por ahora solo existe en el papel. 

Algunos esperan que la muerte de miles de filipinos por lo menos sirva para sensibilizar al mundo y evitar el desastre que se aproxima, con un incremento de las temperaturas de cuatro grados a final de siglo si se mantienen las emisiones actuales de gases. Pues dramas como el del tifón Haiyan o Yolanda son una ventana al futuro y ya nadie puede decir que no estaba sobre aviso.
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