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| 11/20/1989 12:00:00 AM

CAMBIO DE GUARDIA

Cayó por fin Erich Honecker, pero su remplazo no promete mayores cambios.

Se veía venir. Desde hace algunas semanas la salida del septuagenario líder de Alemania Oriental, Erich Honecker, era sólo cuestión de tiempo. Y la cuenta regresiva terminó el martes de la semana pasada. La reunión anticipada del Politburó del Partido Comunista alemán oriental resolvió decirle adiós a quien dirigió los destinos del país durante los últimos 18 años, y nombró para remplazarle a su amigo y protegido de 52 años, Egon Krenz. El sucesor, quien venía de desempeñar funciones en los campos de seguridad y de asuntos juveniles, recibió todos los títulos del depuesto Honecker: jefe del partido, jefe de Estado y presidente del Consejo de Seguridad.

Pero a pesar de que el nuevo dirigente tiene 52 años, una edad que en términos de los países de Europa oriental es apenas posterior a la adolescencia política, no hay muchas esperanzas de que Krenz sea la llave que Alemania Oriental necesita para entrar en el proceso de liberalización que se ha presentado en otros países del área y que es ardientemente solicitado por miles de manifestantes en las ciudades más importantes. Krenz tiene fama de ser un hombre de línea dura y conservadora, si bien su aproximación a los problemas del país parece ser más sofisticada que la de su antecesor, lo que hace que muchos piensen que Krenz tiene una percepción más clara de las causas y de la trascendencia del descontento popular.

"Es claro que no hemos apreciado realísticamente los desarrollos sociales de nuestro país en los últimos meses y que no hemos sacado a tiempo las conclusiones correctas": dijo Krenz en un discurso televisado a todo el país. "Vemos la seriedad de la situación. Pero también sentimos y reconocemos la gran oportunidad que se abre ante nosotros para definir las políticas mediante el diálogo con nuestros ciudadanos, que son las políticas que nos llevarán al umbral del siglo entrante". Pero aunque esas palabras pudieran resultar alentadoras para los nuevos grupos independientes, como el Nuevo Foro, Krenz lo aclaró todo cuando dijo que "sin el Partido Comunista no existiría la República Democrática Alemana".

Honecker no fue la única baja de la reunión del Politburó, la cual, según algunos testigos, fue tempestuosa y conflictiva. Con él cayeron también Gunter Mittag, el ministro de Economía, y Joachím Herrmann, el jefe de propaganda. Por lo que parece, Mittag cayó por su resistencia al cambia económico y por su fuerte afinidad por Honecker. Herrmann, por su parte, habría caido por su tozudez en enfrentar los problemas que aquejan al pais con una aproximacián de vieja escuela, que hizo que el aparato publicitario del partido continuara, como en épocas estalinianas, negando la existencia de problemas que se presentaban a los ojos de toda la población. Como dijo un político occidental, la actitud oficial del gobierno estealemán era la de querer tapar el sol con las manos.

A pesar de los cambios y de la personalidad del nuevo líder--que en opinión de quienes lo conocen resulta llena de carisma y, en todo caso, mucho más abierta que la del viejo Honecker-los observadores occidentales han sido muy cautos en avizorar cambios muy determinantes en la conducción del Estado. En apoyo de esa actitud citan que todos los demás miembros del Politburó permanecen en sus puestos, incluidas vacas sagradas como Erich Mielke, ministro de Seguridad de 82 años, y Herman Axe, secretario del partido para las relaciones internacionales, de 73 años.

Entre tanto, muchos se preguntan quién es el nuevo dirigente de Alemania Oriental. Egor; Krenz es un hombre de complexión-atlética, alto y fornido, que tiene unas convicciones políticas tan definidas que no ha dudado en respaldar públicamente al gobierno chino en su represión violenta de los estudiantes de Tiananmen. Eso hace pensar que, de llegar a una situación semejante, no dudaría en usar la fuerza contra su propia gente. Nació el 19 de marzo de 1937 en Kolberg, y se unió al partido en 1955. Tras dos años en el ejército, Krenz trabajó con la Juventud Alemana Libre y se convirtió en secretario general de la organización hasta 1964. Con algunas interrupciones, su trabajo ha sido siempre el manejo y dirección de las juventudes. Esa, a falta de mayores virtudes de cambio, podría ser su mayor cualidad. Al fin y al cabo, dicen algunos, los jóvenes son quienes deben ser convencidos en estos días de que Alemania Oriental es un país con futuro. -
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