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| 2/20/1989 12:00:00 AM

Cambio de guardia

Un nuevo y vigoroso George Bush asume como el presidente numero 41 de los Estados Unidos.

En medio de una ceremonia fastuosa, en la que no faltaron los detalles típicamente norteamericanos, los habitantes de Estados Unidos, tanto los 400 mil que se reunieron en los alrededores del Capitolio de Washington como los millones que siguieron el acto por televisión, presenciaron el 20 de enero la trasmisión del mando del país más poderoso del mundo. George Herbert Walker Bush, vestido con un traje azul oscuro a rayas, asumió el poder con una seguridad en si mismo y un optimismo contagioso tales, que el país pareció olvidar, de una vez y para siempre, los ocho años en que desempeñó un papel secundario tan discreto, que se gano el remoquete de yes-man, que usan los norteamericanos para referirse a quienes dicen que sí a todo lo que el jefe ordena.

Pero ese George Bush que aparecía en las fotos detrás de Reagan ya no es el mismo que tomó posesión de la presidencia. Eso fue confirmado por los espectadores cuando vieron que el nuevo presidente había escogido un atuendo relativamente informal para la posesión y que, en vez de hacer su desfile inaugural en la nueva limusina construida especialmente para él, lo hizo a pie, en medio de una multitud delirante que parecía a punto de desbordar las barreras policiales para ir al encuentro de su nuevo presidente.

Las palabras del nuevo presidente parecieron confirmar también que Bush impondrá, a falla de una ideología divergente de la de su antecesor, un nuevo estilo de gobierno, más hands on, que el de su antecesor, lo que quiere decir que estará más encima de los asuntos cruciales del Estado que su antecesor --calificado en ocasiones como un "dilettante" --dejó en manos de sus subalternos, con consecuencias desastrosas--. En un discurso tipicamente norteamericano, que no sobrepasó los 15 minutos de duración, Bush logró lo que en sus meses de campaña por la presidencia no había logrado: galvanizar a la multitud con sus frases. "Soplan vientos nuevos, y un mundo nuevo rejuvenecido por la libertad parece renacer", dijo en medio de vítores. "Hombres y mujeres del mundo avanzan hacía los mercados libres a través de la puerta de la prosperidad". Pero su tono se volvió severo y su expresión adusta, mientras daba la mayor prueba de su optimismo: "Cuando el primer embarque de cocaína llegó de contrabando, bien podría haberse tratado igualmente de una bacteria mortal que ha afectado el organismo de este país. Una cosa les prometo: esa plaga va a desaparecer".

Disipados los fuegos artificiales y los ecos de la celebración, que duró tres días, el presidenle asumió el cargo con un panorama indudablemenle más despejado que el que debió afrontar Ronald Reagan en 1980. La idoneidad del nuevo jefe se pondrá a prueba muy pronto, mientras el optimismo que reina en la Casa Blanca y en todo el país auguran un desempeño brillante. Pero falta por ver cuánto durará la luna de miel del nuevo mandatario, que tiene el reto de remplazar al presidenle más popular de la historia de los Estados Unidos. Lo único que sí parece comprobarse desde ahora con George Bush, es que el hábito sí hace al monje.--
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