Miércoles, 7 de diciembre de 2016

| 1998/11/23 00:00

CAPTURADO

Los chilenos no acaban de salir de su asombro ante la detención de Pinochet y la posibilidad, hasta ahora imposible, de que pague por sus crímenes.

CAPTURADO

La detención del general Augusto Pinochet en Londres hizo que los chilenos entraran en una especia de shock. No era para menos si se tiene en cuenta que ese hombre odiado por unos y adorado por otros estaba en su imaginario colectivo desde hace dos generaciones como una especie de dios pagano. La deidad del averno, para quienes sufrieron en carne propia los crímenes de sus sicarios, los agentes de la Dirección de Inteligencia Nacional Anticomunista (Dina). Y el dios de la guerra, para quienes fue el gran protector de su patrimonio y sus 'valores occidentales', amenazados por el comunismo de Salvador Allende. La posición irreconciliable de unos y otros es el efecto más preocupante de la crisis nacional desatada involuntariamente por Pinochet.
Que Pinochet, el todopoderoso jefe de ejércitos, esté en manos de un simple policía londinense, es una realidad tan apabullante que sus atolondrados partidarios han recurrido a medidas tan ridículas como suspender la recolección de basuras en las embajadas de España y del Reino Unido, para hacer responsables así a los empleados de las sedes diplomáticas de las acciones de las autoridades judiciales de Madrid y Londres. Medidas tan absurdas como la de la bancada pinochetista en el Congreso, que decidió dejar de asistir a sus sesiones hasta que "el senador vitalicio regrese al seno de la corporación". Como si la acción de los sistemas judiciales de España y Gran Bretaña fuera a detenerse en función de la labor legislativa chilena.
A medida que avanzaba la primera de lo que se espera sean largas semanas de Pinochet antes de ver resuelta su situación, fueron aclarándose algunos aspectos oscuros. Por ejemplo, hoy está confirmado que Pinochet, preocupado por el triunfo de gobiernos socialdemócratas en Europa hizo que, antes de iniciar su viaje, senadores de derecha intercedieran ante el canciller José Miguel Insulza para que el gobierno le diera un pasaporte diplomático con mandato de 'embajador extraordinario y plenipotenciario en misión especial'. Así se evitaría posibles intenciones de la Audiencia Nacional española de interrogarlo o apresarlo en el juicio por la acusación de genocidio, terrorismo y torturas que se le sigue en España. Hoy se sabe que el pasaporte era insuficiente, como lo ha dicho hasta el propio premier británico Tony Blair. Pero aun si lo hubiera sido la inmunidad que supuestamente le protegería estaba consignada en un sello vigente hasta el 9 de octubre.
Lo que sucedió fue que Pinochet se enfermó intempestivamente de la espalda y, aprovechando su presencia en Londres, decidió internarse en la costosísima London Clinic. No recordó o no le importó que su inmunidad se venciera, y fue detenido una semana más tarde.
Todo ello evidencia, en cualquier caso, que Pinochet nunca se imaginó que el Reino Unido, donde la ex primera ministra Margaret Thatcher le había recibido para tomar el té, pudiera echarle el guante. Pero evidentemente sus cálculos y los de sus asesores fallaron.
Para mayor desesperación de sus defensores, ni el gobierno de Gran Bretaña (donde está detenido) ni el de España (donde lo pide el juez Baltasar Garzón por genocidio y torturas) parecen dispuestos a intervenir y se lavan las manos con el argumento de que se trata de un asunto estrictamente judicial. Una posición inexpugnable y exasperante para los defensores del general, quienes se están quedando con cada día que pasa reducidos a la argumentación política.
Y es que la propia actitud del general no le ayuda. Una y otra vez ha dicho que no se arrepiente de haber hecho lo que hizo en Chile, lo que demuestra hasta qué punto se consideraba por encima de la justicia internacional. Aun si estaba librando una guerra civil, como afirma, las cuatro convenciones de Ginebra prohíben a un gobierno asesinar o torturar a quienes no toman parte activa en el conflicto o a quienes se hayan entregado. Y la represión luego del golpe, que desapareció, torturó y asesinó a más de 2.000 chilenos, es una clara violación de la Convención de la ONU contra la tortura y la Carta de Nüremberg.
Por eso, aunque la inmunidad otorgada en Chile tiene justificaciones políticas, debatibles o no en función del proceso conocido como la Transición, ella no significaba de ningún modo que el general pudiera pasear por el mundo su impunidad. Antes de su viaje Pinochet declaró que estaba contento porque su imagen internacional aparecía ya limpia. Eso demuestra hasta qué punto estaba alejado de la realidad, aislado de ella por la misma multitud de áulicos que ahora lloran su ausencia.

Un amigo de Pinochet lo defiende
El general en retiro Luis Cortez Villa es uno de los hombres más cercanos al preso ex dictador. Es el director de la Fundación Augusto Pinochet y controla cada una de las acciones destinadas a obtener la libertad en Londres de su ex jefe.
Semana: ¿Qué sintió cuando supo que el ex general Pinochet había sido detenido en Londres?
Luis Cortez Villa: Sorpresa e indignación. Sorpresa porque es una persona que llega a un aeropuerto donde se le recibe en un salón VIP. Como él mismo lo ha dicho, "ingresé a Londres con pasaporte diplomático no como bandido". Indignación porque creo que se está ofendiendo el honor nacional.
Semana:¿Qué medidas han pedido al gobierno chileno?
L.C.V.: Las medidas que tiene que tomar deben ser más agresivas, como por ejemplo que el miinistro de Relaciones Exteriores se traslade a Gran Bretaña. El presidente, que se encontraba en Europa, se ha debido trasladar hasta donde mi general para haberle dado un apoyo moral. Me habría gustado que se hubiese operado con mayor rapidez, a los socialistas no les importa que el país sea atropellado, que el honor de la nación sea humillado.
Semana:¿Conocía usted la misión especial que ahora se dice llevaba el general Pinochet a Europa?
L.C.V.: No, era secreta. Cualquier cosa que diga es especulación.
Semana:¿Usted se comunica a diario con la familia Pinochet en Londres?
L.C.V.: Sí, todos los días, cuatro a cinco veces diarias. La familia me dijo que la salud del general ha retrocedido a los momentos de recién operado, se ha detenido todo el proceso de rehabilitación: caminar, hacer ejercicios. Cuando llegó un agente de Scotland Yard a las 12 de la noche, cuando él estaba durmiendo en su pieza, y lo despiertan para comunicarle en inglés que estaba arrestado, él no entiende lo que estaba pasando. Después le cuenta al embajador y éste le explica; a partir de ese minuto se alteraron todos sus signos vitales. Ahora le ha aparecido una situación adicional, que es una infección urinaria, me comunicaron ayer desde Londres.

La versión de las víctimas
Viviana Díaz, dirigente de la agrupación de familiares de detenidos-desaparecidos. Viviana tenía 23 años el 12 de mayo de 1976 cuando secuestraron a su padre, Víctor, de 56 años, dirigente de la Central Unica de Trabajadores. Jamás apareció.
Semana: ¿Cómo desapareció su padre?
Viviana Díaz: El 12 de mayo de 1976 cerca de las 11:00 fue detenido por 25 agentes de la Dina, fue golpeado brutalmente hasta dejarlo inconsciente y sacado en pijama en pleno invierno a un centro clandestino de prisioneros llamado Villa Grimaldi; en ese lugar tenían a los prisioneros cuyo destino final era la desaparición luego de ser torturados durante meses.
Semana: ¿Cuál es su opinión sobre la justicia británica que decidió arrestar a Pinochet?
V.D.: Para nosotros esta determinación es de un enorme valor. Ella nos hace creer que es posible llevarlo a la justicia, aunque nos cueste creer la posibilidad de que sea extraditado a España.
Semana: ¿Usted parece dudar de la posibilidad de que Pinochet vaya finalmente a un juicio?
V.D.: Es difícil creerlo. Conocemos la forma en que se mueven Pinochet y sus aliados. Pero aunque no ocurriera, el hecho es importante, porque indica que los crímenes de un dictador pueden ser perseguidos por donde vaya.
Semana: ¿Cuál es su opinión de la actuación del gobierno chileno?
V.D.: Encontramos lamentable su papel. La cancillería le entregó un pasaporte con una misión especial en calidad de embajador plenipotenciario cuando hasta su familia ha reconocido que viajaba de turista. Esta es una nueva vergüenza porque el gobierno británico desconoció la supuesta misión especial.
Semana: ¿Usted ha ido a declarar a España?
V.D.: Nosotros, la Agrupación de familiares de detenidos desaparecidos, hemos cooperado con la justicia española por años.
Semana: ¿Tiene conocimiento de las amenazas de muerte que han recibido personas ligadas a los derechos humanos y ciudadanos españoles?
V.D.: Esa es la forma como operó la dictadura. Aquí en Chile vivimos 17 años con la amenaza de muerte.

Las normas internacionales lo condenan
El concepto de derechos humanos y las leyes internacionales que los rigen, nace sólo después del término de la Segunda Guerra Mundial. Hasta ese momento jamás se había pensado que un Estado debía responder ante el mundo por los crímenes contra sus ciudadanos.Hoy, el hecho de que el ex general y ex dictador chileno esté detenido en Londres por petición de un juez de la Audiencia Nacional española, así como el hecho de que el Tribunal Internacional con sede en La Haya juzgue a los violadores de derechos humanos en la ex Yugoslavia, han puesto en el tapete el derecho internacional que vincula las responsabilidades del Estado ante sus nacionales y demás ciudadanos del mundo.
La petición del juez Baltazar Garzón a sus homólogos británicos para detener a Pinochet invoca nueve tratados internacionales:
1.- La declaración de Moscú de 1943, sobre crímenes contra la humanidad.
2.- El estatuto del Tribunal de Nüremberg de 1945.
3.- La resolución del 16 de diciembre de 1946 de la Asamblea General de las Naciones Unidas.
4.- El Convenio de la Organización de las Nacionales Unidas, del 9 dediciembre de 1948, contra el genocidio
5.- El Pacto de Derechos Civiles y Políticos de las Naciones Unidas, del 16 de diciembre de 1966.
6.- La resolución de la Asamblea General de las Naciones Unidas, de diciembre de 1973, sobre persecución de crímenes contra la humanidad.
7.- La Convención de las Naciones Unidas contra la tortura, del 10 de diciembre de 1984.
8.- La Declaración General de las Naciones Unidas sobre la desaparición forzada de personas, de 1992.
9.- El convenio europeo sobre represión del terrorismo, del 27 de enero de 1977.

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